El Papa condena la cultura del descarte: “Pienso, por ejemplo, en la selectividad prenatal. Hoy día es muy difícil encontrar personas con síndrome de Down por la calle».
El Papa ha concedido una entrevista –que en España ha publicado ABC– al escritor y periodista británico Austen Ivereigh, biógrafo del Pontífice argentino y conocido por su apoyo sin fisuras a todo lo que rodea el pontificado de Francisco. Está dirigida al mundo anglosajón y se ha publicado hoy simultáneamente en «The Tablet» (Londres), «Commonweal» (Nueva York), ABC y la Civiltà Cattolica.
Francisco asegura que en el Vaticano “no hay ociosos” y que, pese a la situación, “todo el mundo está trabajando”. “Mantenemos las medidas establecidas por las autoridades sanitarias”, dice el Santo Padre, que explica como en Santa Marta, residencia donde él vive, se han hecho dos turnos de comida. “Cada uno trabaja en su oficina o desde su habitación con medios digitales”, dice el Papa.
Francisco dice que está rezando más “porque creo que debo hacerlo”. También asegura que “piensa en la gente”. “Es algo que me preocupa: la gente. Pensar en la gente a mí me unge, me hace bien, me saca del egoísmo”, dice Su Santidad. “Por supuesto tengo mis egoísmos: el martes viene el confesor, o sea que ahí arreglo las otras cosas”, manifiesta el Papa.
El Santo Padre afirma estar pensando en sus responsabilidades de ahora y de después de la pandemia. “¿Cuál va a ser mi servicio como obispo de Roma, como cabeza de la iglesia, en el después? Este después ya empezó a mostrar que va a ser un después trágico, un después doloroso, por eso conviene pensar desde ahora”, dice Francisco.
El Vicario de Cristo confiesa que su “gran preocupación” es cómo “acompañar al pueblo de Dios y estar más cercano a él”. Explica que por eso se retransmiten ahora las misas en Santa Marta por streaming, también ese fue el sentido del acto del 27 de marzo en la plaza de San Pedro. También trata de mostrar esa cercanía a través de la Limosnería Apostólica. “Estoy viviendo este momento con mucha incertidumbre”, reconoce el Papa. El Santo Padre explica que los fieles necesitan “que el pastor esté cerca, que no se cuide demasiado”.
Su Santidad es preguntado en la entrevista acerca de la actuación de los gobernantes. “Algunos gobiernos han tomado medidas ejemplares con prioridades bien señaladas para defender a la población”, dice Francisco, “pero nos vamos dando cuenta de que todo nuestro pensamiento, nos guste o no nos guste, está estructurado en torno a la economía”, añade.
“En el mundo de las finanzas parece que es normal sacrificar. Una política de la cultura del descarte. Desde el principio al fin”, opina el Sucesor de Pedro. “Pienso, por ejemplo, en la selectividad prenatal. Hoy día es muy difícil encontrar personas con síndrome de Down por la calle. Cuando la tomografía los ve, los mandan al remitente. Una cultura de la eutanasia, legal o encubierta, en que al anciano se le dan las medicinas hasta un cierto punto”, explica el Papa.
Francisco trae a colación la Humanae Vitae de Pablo VI. “La gran queja de los pastoralistas de la época se centraba en la píldora. Y no se dieron cuenta de la fuerza profética de esa encíclica, que era adelantarse al neomaltusianismo que se venía preparando para todo el mundo”.
“Lo vemos en la selección de la gente según la posibilidad de producir, de ser útil: la cultura del descarte”, asegura el Pontífice, que pone como ejemplo una fotografía tomada en Las Vegas “donde eran puestos en cuarentena en una plaza de estacionamiento” unos ‘sin techo’. “Y los hoteles estaban vacíos”, dice el Papa, “ahí se ve ya en funcionamiento la teoría del descarte”.
Ivereigh le pregunta al Papa si se puede entender esta crisis y su impacto como una oportunidad de una “conversión ecológica”. El Papa le repite lo mismo que le dijo a Jordi Évole: “Hay un dicho español: Dios perdona siempre, nosotros de vez en cuando, la naturaleza nunca”.
“Hoy día, ¿quién habla de los incendios de Australia? ¿De que hace un año y medio un barco cruzó el Polo Norte porque se podía navegar porque se habían disuelto los glaciares? ¿Quién habla de inundaciones? No sé si es la venganza, pero es la respuesta de la naturaleza”, afirma Su Santidad.
“Tenemos una memoria selectiva. Sobre esto quisiera insistir”, dice Francisco, que entonces cuenta que le impresionó la celebración del 70 aniversario del desembarco de Normandía. “Es verdad que fue el comienzo del fin de la dictadura, pero ninguno se acordaba de los 10.000 muchachos que quedaron en esa playa”, dice el Papa.
También recordó cuando fue a Redipuglia en el centenario del fin de la Primera Guerra Mundial, donde lloró “pensando en Benedicto XV (que se refirió a la Primera Guerra Mundial como «una matanza inútil»)”. “Cada uno tenía una familia, cada uno podía ser yo”, asegura.
“Hoy aquí en Europa cuando se comienza a escuchar discursos populistas o decisiones políticas de ese tipo selectivo no es difícil recordar los discursos de Hitler de 1933, que eran más o menos lo mismo que los discursos de algún político europeo de hoy”, manifiesta Francisco.
El Sucesor de Pedro nos advierte que esta crisis “nos afecta a todos: a ricos y a pobres”. “Es una llamada de atención contra la hipocresía”, asegura el Pontífice. “A mí me preocupa la hipocresía de ciertos personajes políticos que hablan de sumarse a la crisis, que hablan del hambre en el mundo, y mientras hablan de eso fabrican armas”, dice.
“Toda crisis es un peligro, pero también una oportunidad. Y es la oportunidad de salir del peligro. Hoy creo que tenemos que desacelerar un determinado ritmo de consumo y de producción (Laudato si, 191) y aprender a comprender y a contemplar la naturaleza”, asegura el Vicario de Cristo. “Y reconectarnos con nuestro entorno real. Esta es una oportunidad de conversión”, dice el Pontífice, que ve “signos iniciales de conversión” a una economía “menos líquida, más humana”.
“Este es el momento de dar el paso. Es pasar del uso y el mal uso de la naturaleza, a la contemplación. Los hombres hemos perdido la dimensión de la contemplación; tenemos que recuperarla”, dice el Papa.
Francisco habla también de los pobres, los cuales «no son cosas, no son descarte, son personas». «No podemos hacer una política asistencialista como hacemos con los animales abandonados», asegura. «Y muchas veces se trata a los pobres como animales abandonados. No podemos hacer una política asistencialista parcial», dice el Papa.
El Pontífice también tiene tiempo de alabar a los héroes de la epidemia, «los santos de la puerta de al lado en este momento difícil». «¡Son héroes! Médicos, religiosas, sacerdotes, operarios que cumplen con los deberes para que la sociedad funcione. ¡Cuántos médicos y enfermeros han muerto! ¡Cuántos sacerdotes, cuántas religiosas han muerto! Sirviendo», exclama el Papa.
Francisco también se dirige a los ancianos “¡Cuántos ancianos hay que los hijos no los van a ver en tiempos normales!”. Asegura que los ancianos siguen siendo raíces y deben hablar con los jóvenes. “Esa tensión entre viejos y jóvenes tiene que resolverse siempre en el encuentro. Porque el joven es brote, follaje, pero necesita la raíz; si no, no puede dar fruto. El anciano es como raíz. Yo les diría a los ancianos de hoy: «Sé que sienten la muerte cerca y tienen miedo, pero miren para otro lado, recuerden a los nietos, y no dejen de soñar». Es lo que Dios les pide: soñar (Joel,3,1)”.
A los jóvenes les anima a mirar más adelante y a ser profetas. «Que el sueño de los ancianos corresponda a la profecía de ustedes. También Joel 3,1».