Considera que la Teoría de Género es uno de los males de esta época.
Hoy se publica en Italia el libro San Juan Pablo II Magno (San Pablo), el libro entrevista entre el Papa Francisco y el sacerdote Luigi Maria Epicoco en el que hablan sobre Wojtyła, a 100 años de su nacimiento, plasmando las conversaciones que ambos tuvieron entre junio de 2019 y enero de 2020, informa Linkiesta.
Poco se habla en el libro de Benedicto XVI, al que sólo se le cita cinco veces, aunque la casualidad ha querido que el libro se publique en el aniversario del anuncio de su renuncia como pontífice. Una de las pocas veces en las que se cita a Ratzinger tiene relación con el cónclave de 2005, del que salió como Benedicto XVI. “La verdad es que el Papa correcto en ese momento era Ratzinger. Yo estaba convencido y le apoyé», relata Linkiesta.
“Basta con leer mis cartas del Jueves Santo o las homilías que he pronunciado a lo largo de los años como obispo de Buenos Aires, para ver cómo hay una sintonía total con San Juan Pablo II con respecto al sacerdocio”, asegura el Papa Francisco en el libro. Para Bergoglio, en comparación con el pasado han cambiado “algunas formas de ser sacerdote, pero lo esencial sigue siendo el mismo”.
Francisco dice que está “convencido de que el celibato es un regalo, una gracia y, caminando tras Pablo VI y después de Juan Pablo II y Benedicto XVI, siento fuerza el deber de pensar en el celibato como una gracia decisiva que caracteriza a la Iglesia Católica Latina”. Y reitera: “Es una gracia, no un límite”. Que piense que es un don, un regalo y una gracia no tiene porque estar reñido con hacer determinadas excepciones a esta disciplina eclesiástica en algún contexto determinado. De eso saldremos de dudas mañana, ya que el libro sale a la luz en la víspera de la publicación de la exhortación apostólica ‘Querida Amazonía’, donde el Papa decidirá si abre o no la puerta a la ordenación de hombres casados en las regiones amazónicas.
Un ‘no’ rotundo, en plena sintonía con Juan Pablo II, es lo que Francisco expresa acerca del acceso de las mujeres al sacerdocio: “Muchas veces, cuando se me hace la pregunta sobre el sacerdocio femenino, digo que no solo estoy de acuerdo con Juan Pablo II, sino que la cuestión ya no está en discusión, porque el pronunciamiento de Juan Pablo II fue definitivo”.
Francisco también habla en el libro de la Teoría de Género, la que le parece uno de los males de esta época. Linkiesta nos ofrece el extracto donde habla de esto:
“En cada época histórica, el mal se ha manifestado de diferentes maneras. En su opinión, en este momento histórico, ¿cuál es la forma más específica en que el mal se hace presente y actúa?
Una de ellas es la teoría de género. Sin embargo, quiero dejar claro que al decir esto no me refiero a aquellos que tienen una orientación homosexual. De hecho, el Catecismo de la Iglesia Católica nos invita a acompañar y cuidar pastoralmente a estos hermanos y hermanas. Mi referencia es más amplia y se refiere a una raíz cultural peligrosa. Ésta se propone implícitamente destruir desde la raíz el proyecto que Dios ha querido para cada uno de nosotros: la diversidad, la distinción. Hacer que todo sea homogéneo, neutral. Es el ataque a la diferencia, a la creatividad de Dios, al hombre y a la mujer. Si digo esto de forma clara, no es para discriminar a nadie, sino simplemente para poner en guardia a todos contra la tentación de caer en lo que ha sido el loco proyecto de los habitantes de Babel: cancelar la diversidad para buscar en esta cancelación un solo idioma, una sola forma, un solo pueblo. Esta aparente uniformidad los llevó a la autodestrucción porque es un proyecto ideológico que no tiene en cuenta la realidad, la verdadera diversidad de las personas, la singularidad de cada uno, la diferencia de cada uno. No es la cancelación de la diferencia lo que nos acercará, sino la bienvenida del otro en su diferencia, en el descubrimiento de la riqueza en la diferencia.
Es la fecundidad presente en la diferencia lo que nos hace seres humanos a imagen y semejanza de Dios, pero sobre todo capaces de acoger al otro por lo que él es y no por aquello en lo que queremos transformarlo. El cristianismo siempre ha dado prioridad a los hechos más que a las ideas. En el ‘género’ vemos cómo una idea quiere imponerse a la realidad y esto de una manera sutil. Quiere socavar a la humanidad en todas las áreas y en todas las formas educativas posibles, y se está convirtiendo en una imposición cultural que, en lugar de nacer desde abajo, es impuesta desde arriba por algunos Estados como el único camino cultural posible al que ajustarse”.