Que el Vaticano y la ONU viven una ‘luna de miel’ en este pontificado no es exactamente un secreto. Pero la agenda globalista de Naciones Unidas tiene numerosos puntos básicos que son absolutamente inasumibles para la Iglesia Católica. ¿Están ya demasiado cerca?, se pregunta en el National Catholic Register el prestigioso vaticanista Edward Pentin.
Tenemos que obedecer a la ONU. El Papa lo dijo así, usando la palabra ‘obedecer’, en una de sus ruedas de prensa en vuelo, una postura que, si bien no choca con las incontables iniciativas en las que ambas instituciones supranacionales se presentan como socios, sí sorprende a quien conozca al énfasis fuertemente antimalthusiano de la ONU. Su Santidad parecía olvidar que, en no pocos casos, ‘obedecer’ a la ONU significa desobedecer a la Iglesia y a la Ley de Dios.
Antonio Guterres, secretario general de Naciones Unidas, correspondió el pasado diciembre a la cortesía papal asegurando que tanto la Iglesia como la organización que gestiona tienen “valores centrales comunes” tras una audiencia privada con Su Santidad. El Vaticano emitió una nota similar en la que se subrayaba la importancia de asuntos como el desarrollo sostenible, la lucha contra el cambio climático y las migraciones. Ninguna de las dos partes, sin embargo, citaron lo que para la ONU son las principales armas para resolver estos y otros problemas: contracepción y aborto.
De los Objetivos de Desarrollo Sostenible que fuentes vaticanas han alabado con escasas reservas en numerosas ocasiones, 17 puntos hacen referencia a métodos de reducción de la población.
Igual de confuso resulta que la Santa Sede proporcione con creciente frecuencia un foro a personajes que se han convertido en verdaderos habituales de las estancias vaticanas, como Jeffrey Sachs, inspirador de los ODS y ferviente defensor de las políticas de reducción de la población, aborto libre incluido.
En realidad, todo el movimiento consecuencia -y, en parte, causa- de las profecías apocalípticas sobre el clima, que el Papa da por innegables, tiene como uno de sus puntos principales, inescapables, un drástico control demográfico, ya que, si la principal causa de la ‘emergencia climática’ es el ser humano, cualquier otro medio de evitarla tiene que estar supeditado al de diezmar la población de los ‘causantes’. La cosa es tan clara, tan evidente y tan conocida que causa perplejidad que el Papa apoye con tanto entusiasmo una causa con semejantes postulados lógicos sin siquiera citarlos.
Habla también Pentin en su artículo de una audiencia privada que el Papa concedió en noviembre -y que no se ha hecho pública- a Melinda Gates, cuya Fundación Gates promueve la anticoncepción y determinadas vacunas que han causado muchos casos de minusvalía y esterilización en países pobres. Los Servicios Católicos de Ayuda de los Estados Unidos reciben regularmente dinero de la Fundación Gates; cuatro millones de dólares sólo el año pasado.