El misterio Scalfari

El misterio Scalfari

El ateo y comunista fundador del diario italiano La Repubblica vuelve a la carga, esta vez para “aclarar” la posición de Su Santidad con respecto al Papa Emérito y todo este revuelo del libro del cardenal Sarah, además de confirmar que sigue hablando regular y amigablemente con Francisco.

Incluso quienes solo leen esta publicación para encontrar armas con las que atizarnos por rígidos semipelagianos, creo, compartirán conmigo cierta perplejidad por la situación de Eugenio Scalfari con respecto al Santo Padre. Convendrán conmigo en que es, cuanto menos, curioso que un pontífice romano tenga como portavoz oficioso y ocasional a un ‘comecuras’ que ha fundado una publicación hasta hace poco dedicada a cargar contra la Iglesia.

Las primeras veces podía achacarse a una excentricidad explicable, hasta entrañable: la amistad entre el Papa romano y el ateo laicista y la indulgencia del primero con el segundo al concederle entrevistas a corazón abierto. Llamémosle, la Teoría de la Oveja Perdida.

Pero Francisco no es un particular, ni siquiera una párroco de barriada, sino el Vicario de Cristo, el sucesor de aquel a quien el Maestro encomendó confirmar en la fe a sus hermanos. Y ya en las primeras entrevistas hizo decir al Santo Padre palabras que hubo que matizar, aunque no fuera el propio Francisco quien se ocupara de ello, sino la sufrida sala de prensa.

Sin embargo, hace tiempo que se cruzó un Rubicón definitivo, cuando Scalfari puso en boca de Francisco una gravísima herejía, la herejía kenótica, según la cual la Divinidad de Cristo le habría abandonado durante su paso por la tierra, donde sería un mero hombre, para reasumirse en la Resurrección.

Lógicamente el revuelo causado entre los católicos fue mayúsculo. Resultaba extraño que el Papa mantuviera tan estrecha amistad con un hombre capaz de mentir en algo tan grave y dejarle así como un hereje ante millones de fieles, y el desmentido de la sala de prensa, extrañamente tibio y vago, no contribuyó del todo a serenar el ambiente. Venía a decir que el Papa no había dicho exactamente eso, pero nos quedamos sin saber qué había dicho, entonces. Su Santidad no hizo la menor referencia, en un sentido u en otro.

La amistad es algo muy bonito, pero la primera responsabilidad de un Papa, y extraordinariamente grave, es hacia sus hijos, los fieles. Y la idea de seguir haciendo confidencias a alguien que las ha traicionado de un modo tan evidente resulta, sinceramente, un misterio que me sobrepasa.

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