El episcopado español se ha echado colectivamente las manos a la cabeza en previsión de lo que le espera con el nuevo ‘Gobierno Frankenstein’; Cañizares ha pedido oraciones por España como ante un tsunami y el arzobispo de Oviedo acude a la ‘Santina’ para que salve a nuestra patria. Se olvidan, sin embargo, de que mucho de lo que nos viene lo han preparado o consentido, al menos, ellos mismos.
Por ejemplo, lean: “Me gustaría contribuir a problematizar la siguiente cuestión: dado el profundo simbolismo asociado al poder y a la masculinidad que tiene en la cultura patriarcal la penetración (a las mujeres), ¿qué podría cambiar, que importancia cultural tendría una redistribución igualitaria de todas las prácticas, de todos los placeres, de todos los roles sexuales, incluida la penetración anal de mujeres a hombres?». Quien dice esto es la flamante nueva directora del Instituto de la Mujer, Beatriz Gimeno, cuyas palabras meterán el miedo en el cuerpo a cualquier católico sobre la voluntad de este gobierno de pervertir aún más si cabe nuestras costumbres y alejarlas en todo del más elemental y básico derecho natural de raíz cristiana.
Pero quien desde el poder propone esta barbaridad -del estilo, imaginamos, de las que deplora la Conferencia Episcopal Española- no sale de la nada, ni de sectores violentamente laicistas, al contrario. Lo cuenta en Twitter el profesor de Ética Miguel Ángel Quintana Paz: “Alboroto porque alguien como Beatriz Gimeno va a dirigir el Instituto de la Mujer. Entonces recuerdo que era profesora habitual en un máster sobre Género de la Universidad Pontificia de Salamanca (sí, la universidad que depende de la Conferencia Episcopal). Poco nos pasa para la de idioteces que hacemos”.
Alboroto porque alguien como Beatriz Gimeno va a dirigir el Instituto de la Mujer. Entonces recuerdo que era profe habitual en un máster sobre Género de la Univ. Pontificia de Salamanca (sí, la uni que depende de la Conf. Episcopal).
— Miguel Ángel Quintana Paz (@quintanapaz) January 13, 2020
Poco nos pasa para la de idioteces que hacemos
Efectivamente, y aunque el nombre de “pontificia” ya debería darnos una pista, en la propia página en Internet de la Conferencia Episcopal cualquiera puede comprobar que el Fondo Común Interdiocesano contribuye a financiar la universidad que, aunque no fuera así, depende de la Iglesia al menos en el mantenimiento de su nombre. Hace relativamente poco, hacia finales del año pasado, una universidad jesuita norteamericana perdió la denominación de católica y, por tanto, todo lazo con la Iglesia al permitir que un profesor ‘casado’ con otro varón impartiese clases allí.
La primera pregunta ni siquiera tiene que ver con las opiniones radicales de Gimeno, sino que hace una universidad católica impartiendo un máster sobre ‘género’, que es en sí mismo una petición de principio ideológica incompatible con la antropología cristiana. Viene a ser como que una universidad marxista diera cursos de Escatología.
O la Conferencia Episcopal es de una negligencia insondable -en cuyo caso, por hacer más mal que bien, debería disolverse- o cuando se angustia ante el laicismo agresivo de los recién llegados se refiere, en realidad, a lo que puedan hacer para recortar a los obispos dineros y palancas de poder. Elijan.
Nueva directora del Instituto de la Mujer. Declaraciones de 2015. pic.twitter.com/M8FWolSf9p
— Joven Europeo (@JovenEuropeo) January 13, 2020