El obispo Barron, Taylor Marshall y la cuestión del Infierno

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(1Peter5)- Recuerdo discutir en una ocasión con un amigo mío, católico, durante nuestra adolescencia. Él era de una gran ciudad, bastante alejada, y asistía a un instituto público de fundación católica. Yo era un chico educado en casa, de las zonas rurales. El debate era sobre si había o no almas en el Infierno. Yo sostenía la rígida creencia de que muchas almas van al Infierno.

No era así para mi amigo. Su aseveración era sencilla: “Mis profesores dicen que sólo hay dos personas en el infierno: Judas y Hitler”.

Siempre son “Judas y Hitler”; nadie más. Pobres Nerón, Sanger y Stalin. La puerta del Infierno es aparentemente estrecha, el camino difícil y solo unos pocos, o dos, consiguen llegar. (Me alegro de añadir que, a día de hoy, educa a sus hijos en casa.)

La verdad sobre el Infierno es que, con el debido respeto al gran Dante Alighieri, la Iglesia católica no asegura que haya almas en él. No hay un proceso de “anti-canonización”, por el cual un papa declare formalmente que un alma está perdida para siempre (aunque Mt 26,24 no es muy esperanzador para Judas). Por mucho que quiera, el papa Francisco no puede condenar válidamente al inventor sueco Sten Gustaf Thulin, creador de las bolsas desechables, a vivir eternamente en la morada de los condenados – sentenciado, sin duda, a llevar la compra semanal de una familia en unas bolsas de plástico que se rompen en medio de una concurrida avenida. Por supuesto, parece que la Iglesia católica está mucho más preocupada por canonizar santos válidamente que de declarar que algunas almas están en el infierno.

Al menos, es notable que mi amigo, incluso en un contexto de justicia hipersocial inspirada por el relativismo, comúnmente llamado “instituto católico”, creyera que había, al menos, dos almas eternamente condenadas. Sacaba cierta ventaja a algunos católicos de hoy día.

Tomemos, por ejemplo, a un sacerdote con el que la comentarista política Faith Goldy se entrevistó en Ottawa, pocas horas antes de la primera misa negra satánica que se realizaba públicamente en Canada. “Padre, ¿usted cree en el Infierno?”, fue su pregunta. La respuesta de él fue: “Yo creo en el Cielo”.

Otro clérigo, según dicen, llegó al límite de decir: “El Infierno no existe, es tan solo la desaparición de las almas pecaminosas”. El clérigo, en este caso, era el obispo de Roma, el papa Francisco. El Vaticano desmintió rápidamente estas palabras, citadas por el ateo nonagenario Eugenio Scalfari, asegurando que eran una mala transcripción de las palabras del papa.

Y también está la polémica en torno al obispo Robert Barron. Barron asegura, como ya hizo el problemático teólogo jesuita (un término redundante) Hans Urs von Balthasar, que es razonable pensar que no haya nadie en el Infierno. Ni Judas, ni Hitler. Ni siquiera el infame arzobispo Marcel Lefebvre, que luchó denodadamente contra el modernismo en la Iglesia. ¿Hay esperanza?

Nada de esto es nuevo ni razonable para los católicos que no hayan estado en coma los últimos cincuenta años. Desde la base hasta la cúspide, la doctrina sobre el Infierno y cómo llegar a él ha sido enrevesada de manera deliberada, incluso negada. Atroz no es suficiente para calificar la maldad de este hecho. Incitar a otros a abandonar un saludable y razonable miedo al Infierno es retorcido y despreciable. Nuestro Señor dice que debemos temer “al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehena” (Mt 10, 28).

Lo novedoso es que, dada la creciente popularidad de los medios de comunicación social, es relativamente fácil cuestionar las enseñanzas clericales, tales como la naturaleza del infierno. Por ello, la cuestión del infierno se está calentando, por decirlo así.

Presentemos al Dr. Taylor Marshall. El fundador del Nuevo Instituto Santo Tomás, comentarista católico au courant, y padre de ocho hijos, ha criticado, sinceramente, las creencias del obispo Barron de que hay una esperanza razonable de que el infierno esté vacío. Marshall, junto a su colega Timothy Gordon, entiende que el asunto se encuentra en el centro del engaño modernista. El verdadero catolicismo necesita preguntarse “¿Cómo llegamos al Cielo?” y, también, “¿Cómo evitamos el Infierno?”. Así, dado que la salvación de las almas está en juego, Marshall se ve obligado a refutar a Barron respecto a la cuestión del Infierno.

Ahora bien, Marshall no es un cualquiera en el ámbito católico. Es un hombre perspicaz, articulado y, sobre todo, tomista en cuanto a su enfoque doctrinal. Sus videos de YouTube son bastante populares, sus libros, muy conocidos – especialmente el último: Infiltración [publicado en España por HomoLegens en estos días, ndt]. Tal vez, lo más importante de todo sea que Marshall no es clérigo, y por ello no teme las represalias de un obispo o un superior por contradecir las posiciones balthasarianas del obispo Barron. El Dr. Marshall es, en muchos sentidos, la persona ideal para debatir con Barron sobre el infierno.

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¿Y qué sucede con esto? Lamentablemente, el obispo Barron rechaza debatir con Marshall. Fin de la historia.

Un debate podría suponer, ciertamente, un riesgo para Barron. Si el Dr. Marshall resultase convincente en sus argumentos, algo muy probable considerando sus apoyos – san Agustín, santo Tomás de Aquino y las propias palabras de Cristo (Mt 25,31-46) –, entonces Barron quedaría humillado. Y no resulta halagador para una persona tan pública, que incluye un canal de 216.000 suscriptores en su canal de YouTube. Considerando las posibles pérdidas y ganancias, a Barron no le merece la pena. Aunque la verdad resulte condenada.

Sin embargo, al menos en público, Barron presenta una serie de razones distintas para no enzarzarse con Marshall. Las propias palabras de Barron en Twitter lo demuestran. En respuesta a un tweet sobre la cuestión del debate con Marshall, Barron escribió: “¿Has leído su libro? No tengo ningún interés en darle ningún tipo de publicidad”. Es una referencia a Infiltración, el libro de Marshall en el que se explica cuidadosamente que los problemas actuales de la Iglesia católica tienen una fundamentación clara, y no es un simple clericalismo. El obispo Barron señala que los católicos, como Marshall, que penetran la superficie y buscan descubrir el verdadero problema de la Iglesia, deben ser rechazados. Y, según Barron, no son dignos de “ningún tipo de publicidad”.

Es realmente incongruente esta postura. En un artículo de agosto de 2019, de la también controvertida revista teológica jesuita America, Barron era alabado por acudir a una discusión sobre cuestiones filosóficas y teológicas con el doctor Jordan Peterson. Barron era alabado por poder debatir con alguien que sostiene unas creencias tan alejadas de las suyas. El artículo llegaba a decir: “En cierto modo, sin embargo, el ejemplo del obispo Barron no es simplemente algo que debamos admirar: deberíamos seguir su ejemplo. Necesitamos eliminar las líneas fronterizas y evangelizar con nuestras propias manos”. Uno esperaría que el obispo haga gala de eso por lo que es alabado, y consintiese un espacio de diálogo similar con un compañero católico.

Todo parece muy santurrón. Que Barron rechace un debate con Marshall sobre la base de que Marshall ha escrito Infiltración, no sólo legitima el argumento de Marshall de que la jerarquía católica ha sido infiltrada, sino que además, alimenta una narrativa que yo he dado en llamar el “Leviatán episcopal”.

Como el ejemplo del papa Francisco ponía de manifiesto, muchos jerarcas de la Iglesia actúan con una perspectiva muy Hobbesiana, con mano dura a la hora de tratar los diversos asuntos. Gobiernan con puño de hierro, constriñendo fuertemente a aquellos que están a sus órdenes para que obedezcan sus órdenes, sin capacidad de expresar sus preocupaciones y, muchísimo menos (odio este término), sin diálogo. Que el papa Francisco haya aguantado más de 1.100 días sin contestar a las dubia es un claro ejemplo de esto. El rechazo del obispo Barron a debatir podría ser otro.

Un Leviatán episcopal está floreciendo actualmente en la Iglesia católica como modo de gobierno. Cada vez que los obispos rechazan debatir con católicos bienintencionados acerca de sus preocupaciones por la corrupción, los abusos, el dinero, el culto o la doctrina, y, en su lugar, responden con insultos, desdén o silencio, constituyen la mega-estructura de un Leviatán que busca el poder de manera desesperada mediante el uso de una potente, aunque cada vez menos temible, espada. Lamentablemente, parece que el obispo Barron esté utilizando esta estrategia. Rechazando el debate con Marshall acerca de sus graves preocupaciones y, a la vez, estar dispuesto a charlar con los no católicos, como el doctor Jordan Peterson, es indicio de que Barron blande la espada contra Marshall y todos aquellos católicos que, legítimamente, buscan respuestas.

Ya venga el fuego o las inundaciones, Marshall debería insistir con Barron, puesto que la Iglesia necesita, más que nunca, el espíritu de corrección fraterna. Es un camino arduo, pero “ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos”. (Mt 7,13)

Recemos por que el Obispo Barron tome en su corazón estas palabras de Nuestro Señor, palabras que contienen el verdadero fuego apostólico. Y, al menos, esperemos que el obispo actúe como un pastor atento y se atreva a debatir, de manera fructífera, con el doctor Taylor Marshall.

¿Hay esperanza?

Publicado por Dan Millette en 1Peter5.

Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana.

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Comentarios
19 comentarios en “El obispo Barron, Taylor Marshall y la cuestión del Infierno
  1. Bueno, bueno, con la nue va iglesia conci liar que ha ap ost atado de la Tradic ión, los que ahora están en el inf ierno son Hi tler, Fran co y Mon señor Lefeb vre. Ju das es ahora un ca no ni zado.

  2. El Nuevo Testamento dicen muy poco sobre el infierno y/o el diablo… Esto ya se trato cuando Ratzinger era Cardenal, y es muy claro… Si Evangelios y Cartas no contienen un tratamiento sistemático de estas cosas.. Es porque no forman parte del mensaje de Salvación, es decir, saber si en el infierno hay o no almas… No contribuye en nada a salvarse, por el contrario, puede alimentar cierto morbo nada edificante

  3. El único que apostató en el siglo pasado de la verdadera tradición fue el integrista franchute, a quien la Iglesia ya ha perdonado, y muy probablemente también Dios.
    La «Iglesia conciliar» es la única verdadera Iglesia, forjadora del Catecismo de San Juan Pablo II -insuperable en todos los órdenes- y no tiene nada que ver con la perversión jerárquica actual.

    1. El catecismo de la iglesia catolica se llama catecismo de san pio x, y es el compendio del catecismo de Trento. El catecismo de jpii dice que los judios son la religion verdadera tambien pues su alianza sigue vigente. Eso es apostasia de la verdadera fe

      1. Uno: Léete bien el Catecismo de la Iglesia Católica para entender lo que dice de los judíos.
        Stork: Se apostata también cuando se niega la acción del Espíritu Santo como si no existiese.
        Egomet: Las abominaciones actuales no se hacen contra las tesis de Lefevbre, sino contra la enseñanza de Juan Pablo II y de Benedicto XVI, y contra la Tradición CONTINUADA de la Iglesia.

    2. Gaullista, si no conoces el significado del verbo «apostatar», conviene que no lo utilices.

      Sin ser lefebvrista, encuentro muchísima más fidelidad a Nuestro Señor Jesucristo y la Santa Iglesia en él, que en muchos jerarcas que hoy ocupan sedes y cátedras.

    3. El otro día leí un comentario muy acertado. Lefebvre tenía razón y, si no la tenía, toda esta clerigalla se la está dando a pulso.

  4. Este articulo me interesa muchisimo No hace mucho que compre un libro del obispo Barron He visto youtubes Al parecer es muy mediatico Podria ser la version moderna de Futon Sheen pero segun lo iba leyendo me iba desilusionando Para decir la impresion que me produjo la definiria como liquida A mi esa forma no me va Quiza me equivoque muchas veces pero siempre busco lo que ayuda a mis convicciones no lo que deja cosas en el aire

  5. Me gusta esa frase de ¿cómo llegamos al cielo ? y ¿cómo evitamos el infierno?
    Lo demás son florituras. Quién y cuántos hay aquí o allí, sólo Dios lo sabe, y si no nos lo dice es porque no quiere. Preocupémonos del buen camino que lleva al Cielo y si por el camino caemos una o mil veces acudamos a la Penitencia ( Confesión) a pedir Misericordia a Dios y pedirle que nos ayude a no pecar más.
    El Evangelio dice lo que dice sobre el tema. Yo no me atrevería a contradecirle.
    Como dice la Oración : Que Dios nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

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