El venerable hombre de estado

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(Catholic Education)- “Señor Canciller”, preguntó el predicador, “¿qué hará cuando se jubile? Si es que se jubila”.

El anciano sonrió. Se había convertido en canciller a los 73 años, momento en que su médico de cabecera le aconsejó no permanecer en el puesto más de dos años. De eso hacía ya mucho tiempo.

“Me gustaría encontrar y difundir la única esperanza de Europa”, respondió.

El predicador se quedó expectante. Europa había puesto sus esperanzas en muchos charlatanes y en sistemas que sólo podían provenir de una gran factoría de ídolos, lo que conocemos como el infierno. Estaban los comunistas, convertidos en una amenaza para el orden y la paz mundial. Los fascistas en Italia, los socialistas en todas partes e incluso los nihilistas.

“La única esperanza”, dijo el anciano, que había vivido tiempos de miseria y penuria, “se encuentra en la resurrección de Jesucristo. Si Jesucristo está vivo, entonces aún hay esperanza para el mundo. Si Jesucristo yace en la tumba, entonces no veo la más mínima esperanza en el horizonte”.

El predicador falleció el año pasado, sin ser tan querido por Occidente como lo fuera antaño. Su nombre era Billy Graham. El nombre del anciano era Konrad Adenauer (1876-1967), el canciller de la República Federal Alemana, un católico comprometido con la enseñanza social de la Iglesia y uno de los más grandes estadistas del siglo XX.

El guardián del Rin

Corría el año 1933.

“Padre”, dijo el hombre de mediana edad que una vez había sido el alcalde de Colonia, “¿tiene usted alguna habitación para un hombre sin dinero ni trabajo? Necesito descansar y poder orar”.

El abad sonrió. “Konrad”, dijo, “nuestra casa es la tuya”. Se conocían desde niños. Adenauer había sido expulsado de Colonia por los nazis, que le odiaban profundamente, pues creían que este no era sino otra manifestación del llamado “espíritu prusiano”. Adenauer siempre había buscado aliados en Occidente, nunca en el Este. Tenía buena relación con los franceses y albergaba el deseo de poder ver a Renania (Rheinland) como un estado independiente.

“Muchos de nuestros monjes discrepan con usted acerca de Herr Hitler”, dijo el abad. “Suelo germano, sangre germana”.

“Primero somos católicos; después, alemanes”, contestó Konrad.

“Por supuesto, por supuesto”, respondió el abad. Cambiaría de opinión en cuanto Hitler comenzase a derribar iglesias. Es un peligro al que el hombre siempre es susceptible: olvidar sus principios y dejarse guiar, en su lugar, por la pasión política, una de las peores formas de entusiasmo que le pueden ocurrir al hombre.

“Mi viejo amigo”, comenzó Konrad, “¿podría utilizar vuestra biblioteca?”.

Se le concedió el permiso y, durante meses, Konrad Adenauer se dedicó al estudio de dos sendas encíclicas que trataban acerca del trabajo y el capital, de los derechos de los individuos y sus deberes para con el bien común y el papel, fundamental, de la religión en la vida de las personas. Se trataba de la Rerum Novarum, de León XIII, y la más reciente por aquel entonces:  Quadragesimo anno, de Pío XI.

Adenauer no se limitó a leerlas. Las estudió. Había crecido durante la llamada Kulturkampf, la guerra cultural prusiana diseñada por Bismarck, que intentaba centralizar todos los focos culturales, incluyendo la educación, eliminando al mismo tiempo la influencia de la Iglesia. No estaba dispuesto a asumir esos racionalismos antirreligiosos bajo ninguna de sus formas: el nazismo, el socialismo o la ideología bolchevique.

Conocía estas palabras de Pío XI: “La sola justicia, en efecto, por fielmente que se la aplique, no cabe duda alguna que podrá remover las causas de litigio en materia social, pero no llegará jamás a unir los corazones y las almas”. Los políticos jamás podrían suplir la labor de la Iglesia, y, como señaló Pío XI, no podrían hacer su trabajo de forma eficiente sin la guía de la Iglesia. “Todas las instituciones destinadas a robustecer la paz y a promover la mutua ayuda entre los hombres, por perfectas que parezcan, tienen su más fuerte fundamento en la vinculación mutua de las almas, con que los socios se unen entre sí. [] Así, pues, la verdadera unión de todo en orden al bien común único podrá lograrse sólo cuando las partes de la sociedad se sientan miembros de una misma familia e hijos todos de un mismo Padre celestial, y todavía más, un mismo cuerpo en Cristo”.

“Un mismo cuerpo en Cristo”, repetía Herr Adenauer. Y, sin embargo, el cuerpo de Cristo se hallaba dividido en su amada Alemania, y la propia Alemania estaba dividida, acosada, en bancarrota y al borde de la locura.

La construcción de una nación

Tras acabar la guerra en Europa, no estaba claro cuál sería el destino del continente. Los rusos entendían que quien controlase Alemania, con Inglaterra aislada, controlaría el continente. Sin embargo, Francia estaba aún muy recelosa de su tradicional enemigo, los rusos comenzaban a afirmarse en el Este, Alemania estaba devastada y los americanos, creía Adenauer, eran demasiado inocentes. Se sorprendió al comprobar que Roosevelt y Truman depositaban parte de su confianza en las decisiones de Stalin.

Adenauer tenía más de setenta años, pero asumió la tarea y trabajó para establecer una relación de amistad con De Gaulle en Francia, apoyó la lenta pero segura recuperación de las fuerzas armadas alemanas para proteger mejor a la nación de los comunistas y pidió el final de las políticas con poca visión de futuro y revanchistas. Dado que las medidas de castigo impuestas a Alemania tras la Gran Guerra habían preparado el terreno a Hitler, Konrad Adenauer y su partido político, profundamente cristiano, no querían que se cometiera el mismo error.

Así, buscó conseguir un amplio apoyo y mantener a los socialistas a a raya. ¿Cómo lo hizo? Empleando las enseñanzas expuestas por León XIII y Pío XI. Su partido aprobó una larga baja maternal para las mujeres trabajadoras, pues la mayoría trabajaban por necesidad; redujo la semana laboral, asegurándose de que el salario fuese digno para poder formar una familia y rechazó las presiones de los capitalistas y los socialistas, los mejores de los cuales no dudarían en sacrificar a un hombre, mientras que los peores mirarían con anhelo Rusia. Adenauer veía claramente el vínculo existente entre el espíritu prusiano, que había convertido al estado en una deidad, y el socialismo: ambos minaban la libertad individual y atacaban a la familia.

Adenauer se convirtió en canciller de Alemania Occidental en 1949, permaneciendo en el cargo hasta 1963. En aquel momento, la tasa de desempleo era del 0,4% – una persona de cada doscientos cincuenta, y la semana de trabajo se había reducido en un 20%. Alemania Occidental experimentó un milagro económico sin precedentes en Europa. Había ahuyentado los miedos de Francia. Había pagado su éxito asumiendo que Alemania Oriental estaba perdida en un futuro cercano. Pero si los aliados no estaban dispuestos a luchar por esa región, entonces no había nada que hacer.

Jóvenes de Occidente, ¡despertad!

Adenauer comprendió lo que la mayoría de los políticos y economistas occidentales no comprendieron, porque estos no conocían realmente al sujeto, el hombre, hecho a imagen de Dios, para Dios.

“Observo con temor”, comentaba en 1962, “cómo los jóvenes crecen más y más distantes de la fe cristiana y de la idea cristiana de bien. Por ello, debemos mostrarles, ahora más que hace quince años, que, a pesar del desarrollo que nos brinda la época, sólo basándonos en la fe podemos constituir el bienestar del ser humano”.

Un pueblo rico, sin Dios, es un pueblo pobre, y no durará demasiado. Este era el mensaje implícito en el último mensaje oficial de Adenauer en 1967. “Tengo la reputación”, dijo, “de perturbar la paz. Debéis aceptarme como soy. Si perturbo la paz es por una buena razón. Y, señoras y señores, si alguien despertase a un hombre para que este estuviese alerta de los peligros venideros, el que le ha despertado no sería un perturbador. Me gustaría gritar: ¡despertaos! Estad atentos a los años venideros”.

Konrad Adenauer murió el 9 de abril de 1967. Su funeral de Estado tuvo lugar en la catedral de Colonia, y asistieron miles de alemanes y numerosos dignatarios extranjeros, entre los cuales se encontraba el presidente norteamericano Lyndon Jonhson. Me pregunto cuántos de ellos se dieron cuenta de la sabiduría, la diligencia, la visión de futuro y la habilidad que tenía ese gran estadista que acababa de fallecer.

Publicado por Anthony Esolen en Catholic Education.

Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana.

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Comentarios
32 comentarios en “El venerable hombre de estado
          1. La Iglesia jamás ha dicho que los abortados van al Cielo, sino que pone la esperanza en que Dios, de algún modo, encontrará un camino para llevarles al Cielo.

            Sólo pone la esperanza en Dios.

            Mientras que un bautizado, ya puede ir a estar con Dios mismo, sólo por el hecho de recibir el bautizo.

            Lógicamente si naces, te bautizan y te matan (todo en el mismo día que naces) vas al Cielo ¿Pero Dios va a dejar que te condenes si vives deseando cumplir su voluntad?.

            Porque Dios tiene un plan para cada persona, que solo puede realizar ella misma y que si no la realiza, ninguna otra persona puede realizar, se queda sin hacer.

            Dios no vino a condenar sino a salvar.

  1. Qué interesante historia.
    Si hubiese seguido vivo a éstas alturas, se le desgarraría el alma. Todavía vió él la Iglesia en buen estado. Se murió a tiempo. Tal vez fue entonces que comenzaron a infiltrarse los enemigos de Ella; como el virus del sida,,, disfrazados.

    1. Sí, murió a tiempo, en el 1967, antes de Mayo de 1968. Demasiado habría sido para quien resistió al convulso 1914-1945.

      Eso fue 22 años después de 1945, y a 2 años del fin del Concilio, cumpliéndose su profecía, y sentenciando a la Iglesa alemana por el caminito apostásico.

  2. Agradezco a Infovaticana este artículo porque hace tiempo que busco encontrar un político con auténticos valores cristianos católicos y no lo hallo.
    Ha sido necesario acudir al pasado histórico para hallarlo, aunque incomprendido, como es natural, pero eficaz y veraz.
    ¡Cómo echamos de menos a gobernantes como este que comprometidos con la causa de Cristo, edifican sociedades justas y prósperas!

    1. Hola mi nombre es Christian. Vivo en Buenos Aires, Argentina. Si admiras a Adenauer, te recomiendo que investigues sobre otros dos grandes políticos, el italiano Alcide De Gasperi y el frances Robert Schuman. Abrazo.

  3. En los pontificados de Jusn Pablo II y Benedicto XVI se fué dando un cierta recuperación de la Iglesia Católica, tanto a nivel doctrinal como vocacional. Ahora volvemos a la decadencia más decadente, a un mimetismo con todo lo mundano y a las religiones paganas, gracias a los bergo liantes que quizás nunca han sido católicos.

  4. En los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI se fué dando una cierta recuperación de la Iglesia Católica, tanto a nivel doctrinal como vocacional. Ahora volvemos a la decadencia más decadente, a un mimetismo con todo lo mundano y a las religiones paganas, gracias a los bergo liantes que quizás nunca han sido católicos.

  5. Orbán, Salvini, Abascal, Trump, Kaczynski, Bolsonaro… Si el bueno de Adenauer viera el panorama de políticos de los que sois fans pediría que borrarais el artículo y lo dejarais en paz.

    1. Al bueno de Adenauer se lo comerían con patatas los masonazos anticristianos que ahora engañan y manipulan a los pueblos. Al menos estos otros vienen de frente, combaten la dictadura del pensamiento único y defienden a los cristianos.

      1. Claro. Hablamos de gente que en absoluto ha mentido ni manipulado a nadie. Ni siquiera en sus campañas. Y hablamos de gente que nunca ha instrumentalizdo la religión, en la que no creen, para rascar los votos de lo más rancio y, de paso, fomentar su discurso de odio. Ejemplos de testimonio cristiano, ya ves.

    2. Sí, ya sabemos que tu prefieres, con Bergo, a los del pensamiento único, abortistas, globalistas, genderistas, homosexualistas, migracionistas a lo bestia, anti natalistas, ecumenistas relativistas, feministas feminazis y demás aberraciones subvencionadas con cargo a nuestro bolsillo. Nos vamos conociendo todos.

        1. Desde un punto de vista estrictamente no creyente hay que tener en cuenta que es un incumplimiento de contrato. A menos que el «matrimonio» civil incluya cláusulas que permitan su cancelación o se establezca su vigencia por un periodo temporal dado, es un incumplimiento de contrato.

  6. Me ha parecido un articulo excelente y sobre todo la frase de Adenauer primero catolicos despues alemanes No podria decirse mejor
    Yo creo que el catolico en general es mas respetuoso hacia el agnostico que lo que es este respecto al catolico
    Belzunegui señala bien la linea pero hay quienes no aceptan las convicciones del otro y responden con insultos que muestran falta de respeto

  7. Exacto, Marinieves, los que vienen aquí a dar la tabarra, son verbalmente agresivos, aunque pretendan suavizar la cosa con caritas y demás memeces… Se creen que nos chupamos el dedo….
    Probablemente no se den ni cuenta del odio que albergan en mayor o menor medida.
    Ya lo decía el apóstol: Los que obran el mal no van a la Luz ya que sus obras fueron hechas en las tinieblas, y la tiniebla odia la Luz (de Cristo)
    Sin embargo los que obran el bien, se acercan a la Luz, para que sus obras queden de manifiesto ante Dios y ante todos.

    1. ! Neila! Debo sentir la pedrada?
      A mi me gusta mucho poner caritas, las pongo desde pequeña,
      no porque crea que se chupan el dedo, 😁, ! Solo que me gustan!

  8. Los niños abortados, naturalmente yo si creo que van al cielo. Pero al margen de eso, nadie tenemos derecho a quitar voluntariamente la vida a nadie. Y menos a las criaturas más débiles e indefensas.
    Así opino yo. Si alguien, o muchos, opinan lo contrario que reflexionen en conciencia.

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