El padre Martin ataca al sacerdote que negó la comunión a una juez lesbiana ‘casada’

El padre Martin ataca al sacerdote que negó la comunión a una juez lesbiana ‘casada’

James Martin lo ha vuelto a hacer. El mediático jesuita americano ha salido en defensa de la juez lesbiana, ‘casada’ con otra mujer, a la que un sacerdote de Michigan negó la comunión.

‘Negabilidad plausible’ (plausible deniability) es como se llama el ‘truco’ -no hay otro modo de calificarlo- favorito de muchos de los disidentes en la cuerda floja que se han convertido en abanderados de la ‘renovación eclesial’. Consiste en transmitir un mensaje heterodoxo de tal manera que todo el mundo pueda entender lo que quieres decir, pero sin llegar a decirlo, sin expresar claramente la postura que uno quiere dar a entender de modo que siempre pueda negar que haya incurrido en una afirmación contraria a la Doctrina.

Un maestro en este arte es el jesuita padre James Martin, asesor de comunicaciones del Vaticano, redactor jefe del órgano de los jesuitas americanos, America, y autodenominado apóstol de los LGTBI. No habla realmente de otra cosa, salvo alguna pincelada favorable a las últimas modas ideológicas llegadas de Roma, que de la ‘acogida’ que debemos dar los católicos a nuestros hermanos con orientaciones sexuales estadísticamente anómalas. Cada cierto tiempo, recuerda a sus contradictores que nunca ha sostenido públicamente con respecto a la homosexualidad ninguna opinión contraria a la doctrina, aunque sí ha pedido que se cambie en el Catecismo el “objetivamente desordenado” por el más anodino y políticamente correcto “diferentemente ordenado”.

Lo último ha sido entrar en la polémica en torno al padre Scott Nolan, de la Iglesia de San Esteban en la Diócesis de Grand Rapids, en Michigan, y su negativa a administrar la Sagrada Comunión a una juez lesbiana y ‘casada’ con su pareja, Sara Smolenski. La juez, que se dice católica devota, se indignó ante la negativa de Nolan y se vengó apareciendo ante las cámaras de la filial local de la CNN para denunciar el caso. Smolenski declaró que la decisión del padre Nolan fue «ofensiva» y que su fe es «una gran parte de lo que soy». Smolenski, que además de declararse ‘casada’ con otra mujer, ha ‘casado’ a numerosas parejas del mismo sexo, acusó previamente ante la judicatura de Michigan Oeste a Nolan de “discriminación por razón de orientación sexual” está actualmente «casada» con otra mujer y, en el pasado, «casó» a cientos de parejas homosexuales. Ella dijo que Nolan rechazó darle la Sagrada Comunión porque estaba violando las enseñanzas de la Iglesia. El obispo de Grand Rapids, David Walkowiak, ha expresado su apoyo a la decisión de Nolan.

Y aquí es donde entra Martin, dedicando al caso un hilo de once tuits, como si fuera lo más importante que está sucediendo ahora en la Iglesia. Empieza diciendo que lleva 62 años siendo parroquiana de San Esteban y que tiene ocho hermanos, para entrar ‘en harina’ en el segundo tuit: “Como en todos estos tristes casos, la pregunta es: ¿por qué se individualiza siempre solo a los LGBT casados? ¿Se niega la comunión a todos los feligreses que no siguen la doctrina de la Iglesia? ¿Es decir, a las parejas casadas que usan métodos anticonceptivos artificiales o FIVE? ¿O los jóvenes entregados al sexo prematrimonial?”.

Es perfectamente evidente que Martin sabe, tiene que saber, que está haciendo trampas. Sabe, tiene que saber, que para que un sacerdote esté obligado a negar la comunión a un feligrés, el estado de pecado mortal de este debe ser público y pertinaz. Es difícil pensar en algo más público que un ‘matrimonio’ homosexual.

Usar métodos anticonceptivos o tener relaciones sexuales sin estar casado constituyen actos de los que no solo es perfectamente posible arrepentirse y confesarse de ellos sin anunciarlo a nadie, sino que este es un caso frecuente. Por lo demás, usualmente no son públicos.

Pero esto es, en este caso, lo de menos porque, como hemos dicho, es de todo punto improbable que Martin lo ignore. La suya es una defensa de un caso indefendible, del caso perfecto de deber de negar la comunión, por la sencilla razón de que es ‘su tema’, y los casos elegidos de pecados mortales que no entran en esta categoría tampoco están elegidos a humo de pajas, sino que sabe -tiene que saber- que caen dentro de aquellas faltas que una mayoría de católicos en Norteamérica y todo Occidente ha dejado de considerar pecados, no porque ninguna autoridad eclesial haya negado que lo sean, sino porque los prelados y sacerdotes llevan décadas evitando hablar de ellos.

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