Una palabra de los siniestros hijos de Roger Ailes

Una palabra de los siniestros hijos de Roger Ailes

Supongo que deberíamos sentirnos halagados. Quiero decir, ya sé que Vida Nueva no es exactamente el New York Times, pero que te comparen, incluso para mal, con un monstruo de la comunicación como fue el fundador de Fox News, Roger Ailes, siempre es de agradecer.

Lo ha hecho, veladamente, Fernando Vidal en la susodicha publicación, en un texto titulado ‘Los medios fundamentalistas católicos que inspiró Roger Ailes’, en el que se habla de que “las webs de la Postverdad usan palabras como info, católica o vaticana”. Verde y en botella, ¿no?

Es con cierto dolor, sin embargo, que tenemos que admitir que no somos hijos, ni aun bastardos, de Ailes, por la sencilla razón de que ni siquiera le conocíamos antes de emitirse una serie sobre su curiosa peripecia, y que tampoco éramos asiduos de la Fox en el momento de fundar InfoVaticana.

Lo de Vidal -este y el otro- no es exactamente nuevo. Son los mismos que se han pasado décadas aplaudiendo a rabiar a tantos teólogos a la violeta que se hicieron un nombre a base de enfrentarse a los dos papas anteriores y que ahora recurren a las sales ante la idea misma de que algún católico ponga en duda la más trivial decisión de Su Santidad, en un ultramontanismo súbito que suena a hueco desde kilómetros.

Pero en el caso de Vidal se diría que quiere hacer méritos y fuerza la maquinaria. “¿Quién soy yo para juzgar?”, dijo el Papa en una de sus primeras ruedas de prensa en vuelo, en referencia a un clérigo implicado en relaciones homosexuales bastante indiscretas, y esa frase, tan acorde con el católico ‘de internis neque Ecclesia‘ -del fuero interno, ni la Iglesia puede juzgar-, parece haber sido el pistoletazo para que todas sus ‘cheerleaders’ hagan exactamente lo contrario con aquellos a quienes trata como enemigos. Es decir, a juzgar intenciones como locos. Al enemigo, ni agua.

Vidal necesita creer en oscuras conspiraciones y en la siniestra influencia de Ailes porque parece no concebir siquiera que un católico normal y corriente pueda tener reparos ante una ‘revolución’ que incluso se saluda con ese nombre y que, cuando están a otra cosa, los ‘renovadores’ de nómina celebran como un cambio radical de nuestra Iglesia.

Una cosa, Vidal: para montar un medio de comunicación tradicional -incluso uno relativamente modesto como la revista Vida Nueva- hace falta más dinero del que está al alcance de un asalariado medio, pero para montar una publicación como la nuestra, online, bastante menos. No se necesita la ayuda de Ailes, créame.

Me consta que es usted rápido juzgando intenciones y leyendo en lo escondido de los corazones, y no solo por este revelador artículo. Recuerdo una tertulia en COPE, en la que llegó a decir que quienes habían sido sumariamente despedidos del Instituto Juan Pablo II para la Familia y que protestaban contra el súbito cambio de planteamiento del mismo, obra de monseñor Paglia, lo hacían ante la perspectiva de “perder apartamentos con vistas al Tíber”. Espero que se lo haya confesado uno de los interesados, y aun así supondría una notable indiscreción; pero si usted, sin más, lo supuso y lo lanzó por las buenas a las ondas es que entiende muy mal eso que Chesterton definía como el “agnosticismo reverente ante la complejidad del alma”.

Para usted, el alma del prójimo es transparente, nada hay oculto que usted no detecte, ya sean los anhelos de contemplar el Tíber mientras se desayuna o los malvados designios de estos que unimos Info con Vaticana. Dice de nosotros que buscamos “condicionar las decisiones de los pastores y responsables”, que tratamos “de coaccionar usando la virulencia, campañas intimidatorias sin límite ni escrúpulos” y que amenazamos “con la división y poner a las elites en contra para que no hagan donaciones y ahoguen financieramente a la Iglesia”. Esas son acusaciones muy fuertes, ¿no le parece?

Y que no resisten, por lo demás, el menor análisis. ¿Quién puede “condicionar las decisiones de los pastores”, una modesta web o la Curia romana, de la que depende, en última instancia, que un obispo sea elevado al cardenalato o destinado a las Quimbambas? Piense, Vidal, piense. ¿Qué “coacción” podemos usar nosotros, comparado con esa? Haga un esfuerzo, que esta es facilita. ¿Poner a las élites en contra? ¿Quiénes son las élites? ¿Son los gobiernos unos mindundis? ¿Son los responsables de la ONU unos donnadie? Los grandes medios -desde El País al New York Times, desde la CNN a La Sexta-, ¿están a favor o en contra de la lucha contra el Cambio Climático y de la ‘acogida’ de tantos inmigrantes como lleguen a nuestras costas, por citar solo dos de las obsesiones de la Iglesia de Francisco?

Es un viejo truco -específicamente, de la izquierda, si vamos a ello- el de presentarse como víctima impotente de irresistibles poderes. Pero no cuela. Todo lo que cuenta en este mundo y en esta Iglesia, está con Vidal, por así decir: la mayoría de los partidos, las multinacionales, la banca, las universidades, los grandes medios, el estamento cultural, la abrumadora mayoría de la jerarquía eclesiástica. Así que, Vidal, menos lobos.

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