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Un repaso histórico al milenario debate sobre el celibato sacerdotal

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«Una cosa es ser racionalmente críticos del Papa Francisco y otra muy distinta es dejarse inundar por la pasión —o el demonio— de la ira, y criticar absolutamente todo lo que hace el pontífice»

Por su interés les ofrecemos un magnífico artículo publicado en el blog The Wanderer, en el que el autor, ante el creciente debate sobre ordenar a hombres casados, realiza un minucioso repaso histórico del celibato sacerdotal y las controversias por las que ha pasado. A continuación, el artículo:

Racionalidad I: el celibato

Lo propio del hombre, lo que lo distingue de los animales, es su razón. Y el hombre es más hombre y se comporta de un modo más acorde a su naturaleza cuando actúa racionalmente. En cambio, cuando actúa movido por las pasiones, se asemeja a las bestias. Estos principios básicos de la antropología aristotélica, asumida luego por el cristianismo, los conocemos todos, y creo que acordamos con ellos. Pero no siempre actuamos de acuerdo a ellos; es decir, no siempre actuamos racionalmente, o al menos todo lo racionalmente que se espera. Y digo esto por muchas de las reacciones a las últimas entradas de este blog. 

Nadie podrá decir que soy un defensor del Papa Francisco. Desde el mismísimo día de su elección advertí acerca de la catástrofe que significaría para la Iglesia la llegada a la sede de Pedro del arzobispo de Buenos Aires, y fueron muchos los que me censuraron por actitud tan negativa. El tiempo terminó dándome la razón, y mi opinión sobre Bergoglio no ha cambiado. Sin embargo, una cosa es ser racionalmente críticos del Papa Francisco y otra muy distinta es dejarse inundar por la pasión —o el demonio— de la ira, y criticar absolutamente todo lo que hace el pontífice por el simple hecho que el que lo hace es él. Y a tal punto llega la ceguera, que niegan incluso la evidencia. Como la misa de conclusión del sínodo de la Amazonia fue sobria y sin ningún detalle pagano, algunos sitios tradicionalistas han descubierto que la plantita que el Santo Padre ordenó poner sobre el altar papal era en realidad una ofrenda a la Pachamama y, por lo tanto, constituyó un sacrilegio. Seguramente esos mismos medios olvidaron la misa de clausura del sínodo de Oceanía celebrada en 1998 por Juan Pablo II, cuando hombres en taparrabos danzaron en torno al mismo altar papal. En este caso, no habría existido sacrilegio ni escándalo.

Pero la irracionalidad va más allá de comparar actitudes litúrgicas. Se asumen postulados tomados de no se sabe qué sitios o personas, y se defiende contra toda evidencia como si se tratara del dogma de la Santísima Trinidad. No es cuestión de exigir que se expresen solamente los eruditos, pero sí un mínimo de seriedad para consigo mismo y para con los demás a la hora de tomar posiciones y apasionarse con ellas. 

Y al respecto, tengo dos ejemplos que trataré en sendas entradas. Y el primero es la cuestión del celibato. Lo que yo afirmé en el post titulado Macondo fue que, en el documento final del sínodo, resultaba más grave la insistencia en admitir a las mujeres al diaconado o a algún otro ministerio —u orden menor—, que la posible ordenación de hombres casados, puesto que el primer caso tocaba una cuestión relativa al dogma, y el segundo a la disciplina. Y esto levantó una oscura polvareda porque muchos le dan igual importancia a la relajación del celibato que a la negación de la divinidad de Nuestro Señor.

Seamos, entonces, racionales y veamos las cosas como son.

Resulta claro que la Iglesia mostró desde su época más temprana su preferencia por un clero célibe, pero la imposición de esta condición se realizó lentamente, con mucho esfuerzo por parte de algunos y resistencia por parte de otros, y se dio solamente en los clérigos latinos, pues los otros ritos conservan la posibilidad de ordenar para las órdenes mayores a hombres casados. 

Los hitos históricos de la cuestión son los siguientes:

1. El concilio de Elvira, en el año 300, prohibe en su canon 33 que los obispos, sacerdotes y diáconos casados mantengan relaciones sexuales con sus esposas. Si no aceptan este matrimonio célibe, en el que se vive como hermanos, deben ser expulsados del estado clerical. No se prohibe el matrimonio de los clérigos, sino el ejercicio de la sexualidad dentro del matrimonio. Este concilio afectó a una parte muy pequeña de la península ibérica.

2. En el concilio de Nicea de 325, a instancias del obispo español Osio de Córdoba, se propuso que se estableciera la norma del celibato para todos los clérigos, pero la votación resultó negativa debido a la oposición del obispo Pafnucio de Tebas que, aún siendo él mismo célibe, no creía que debía imponerse a todos esta condición (PG LVII, 101-104; 905).

3. Los datos históricos muestran que la situación era compleja y discutida a tal punto que, veinte años después de Nicea, el concilio de Gangra dispuso que: “Si alguno sostiene que es contrario a la ley acercarse a la eucaristía cuando es celebrada por un sacerdote casado, que sea anatema” (Hefele-Leclercq, Histoire des Conciles I, 2, 1029-49). 

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4. Durante los siglos IV y V puede observarse que toda la literatura patrística considera que las relaciones sexuales de los clérigos con sus esposas los hace indignos de sus ministerio. Y el motivo es que la vida célibe los ubica en un estrato superior ya que el matrimonio es solamente una concesión a la debilidad del hombre y una consecuencia del pecado. En este sentido, San Ambrosio, uno de los grandes doctores de la Iglesia, escribe a los sacerdotes: “… vosotros debéis permanecer alejados de toda intimidad conyugal, porque sabéis que tenéis un ministerio, total e inmaculado, que nunca debe ser profanado por las relaciones sexuales”.(Acerca de los oficios de los ministros 1.50, PL XVI, 97-8). Eusebio de Cesarea advierte: “Corresponde a los consagrados y a quienes han tomado la tarea de servir al Señor abstenerse de relaciones con sus esposas” (Demostraciones del evangelio 1.9; PG XXII, 81). San Jerónimo, con su vehemencia característica, advierte: “Frente a la pureza del cuerpo de Cristo, toda unión sexual es impura” (Contra Joviniano 1.20; PL XXIII, 249). Y San Cirilio de Jerusalén enseña en sus Catequesis: “Aquél que desee servir correctamente al Hijo debe abstenerse de la mujer” (13.25, PG XXIII, 758).

5. El sínodo de Trullo de 692 estableció que los obispos debían ser célibes, y que si estaba casado cuando era elegido, su mujer debía ingresar a un convento. Todos los otros clérigos podían casarse antes de su ordenación pero no podrían hacerlo luego de ésta. En caso de enviudar, el sacerdote debía permanecer célibe.

6. En estos siglos —V al VII— pareciera que, aunque se privilegiaba el celibato, no era condición exigida para las órdenes mayores. De hecho, dos papas de esa época eran casados: Agapito I (535-36) y Adrián II (867-72). Incluso existía una bendición especial que se daba en la liturgia a la mujer del sacerdote en el día de la ordenación de su marido. Era llamada presbyterissa y vestía de modo particular (New Catholic Encuclopedia III, 374).

7. San Gregorio Magno reafirmó la legislación según la cual en la iglesia romana incluso los subidáconos debían ser célibes (PL LXXVII, 506), lo cual muestra la falta de criterios comunes y la diversidad y cambios de costumbres en la época que comentamos. Los concilios y sínodos de los cuatro siglos posteriores muestran que resultó imposible para la iglesia latina prohibir el matrimonio a los clérigos mayores. 

8. El Papa Benedicto VIII (1012-1024) sostuvo en el concilio de Pavía que los sacerdotes casados debían ser obligados renunciar. El obispo de Verona le respondió que, si hiciera eso, su diócesis se quedaría sin sacerdotes (Ratlier de Verona, Cartas, PL CXXXVI, 585-86).

9. Poco tiempo después, el concilio de Bourges en 1031, bajo el pontificado de Juan XIX, estableció que: “Está prohibido a los sacerdotes, diáconos y subdiáconos tener esposas o concubinas. Si se niegan a dejarlas, podrán actuar solamente como lectores o cantores. Del mismo modo, prohibimos a todos los clérigos de ahora más casarse o tener concubinas” (Mansi V, 19, 553). 

10. El papa León IX, en el sínodo de Mainz (1049), prohibió que los sacerdotes fueran casados (MGH VII, 346-7). 

11. Pareciera que en el siglo XI se endurece la ley del celibato, no solamente por el caso del ejemplo anterior, sino también porque el sínodo pascual de Roma de 1051, ordenó que las esposas y amantes de los sacerdotes fueran esclavizadas. Se convertirían en ancillae del palacio de Letrán.

12. Es esta la época de San Pedro Damián, que con tanta fuerza se opuso no solamente a los sacerdotes casados, sino también a todos aquellos que llevaban una vida inmoral con amantes femeninas o masculinos. Recordemos sus obras Liber Gomorrhianus y Sobre el celibato de los clérigos

13. Pero no todos aceptaban la opinión de San Pedro Damián. El obispo Ulrico de Imola afirmaba que el celibato debía surgir de una convicción personal del sacerdote, y no de una disposición institucional, puesto que el matrimonio era bueno. Su libro sobre esta cuestión fue condenado por el papa Gregorio VII.

14. Fue justamente este papa, autor de la conocida Reforma gregoriana, el que con mayor ahínco postuló el celibato sacerdotal. Pero no todos lo aceptaban. Los clérigos de la diócesis de Milán afirmaban que el derecho a casarse era parte de las costumbres de su iglesia y que no les podía ser arrebatado. 

15. En 1073, en el sínodo cuaresmal de Letrán, Gregorio VII, siguiendo al concilio de Nicea, estableció que ningún sacerdote casado podía oficiar la eucaristía (canon 17). Pero también tuvo objeciones. El obispo Lanfranco de Canterbury le comunicó que si aplicaba esa legislación, Inglaterra se quedaría sin sacerdotes. El Papa Gregorio, entonces, permitió que los decretos conciliares fueran aplicados gradualmente.

16. El concilio de Clermont de 1095, conocido por haber llamado a la primera cruzada, establece en su canon 1: “Ningún ministro de la Iglesia, sacerdote, diácono o subdiácono, puede tener esposa. Si alguno de ellos la tiene y celebra la Santa Misa, que permanezca condenado hasta la venida del Señor” (Mansi, XX, 906).

17. Pero volvemos a observar una gran resistencia a cumplir estos mandatos. El historiador Oderico Vitalis relata el caso del obispo Godofredo de Ruan que, cuando quiso las directivas conciliares a los sacerdotes de sus diócesis reunidos (parece que ya en esa época existían las reuniones de clero), se produjo un gran tumulto que tuvo que ser sofocado por los guardaespaldas del prelado. Luego, los sacerdotes se amotinaron y expulsaron al obispo de la catedral (The Ecclesiastical History of Orderic Vitalis, vol. 3, Oxford, 1968–1980).

18. El II Concilio de Letrán de 1139 prohibió la ordenación de hombres casados. Se trató en este caso de un concilio ecuménico y es, por tanto, la medida que mayor fuerza posee. Pero aún así, hubo esfuerzos posteriores por levantar la prohibición tanto en el concilio de Constanza como en el concilio de Trento, como ya vimos en el post anterior. 

19. A pesar de la prohibición del segundo Concilio Lateranense, pareciera que hasta la férrea aplicación del Concilio de Trento —es decir, entre los siglos XIV y XVI —, fue habitual en la iglesia latina la existencia de sacerdotes casados.

Luego de este largo y tedioso recuento histórico, las conclusiones a las que llego son las siguientes:

a. La Iglesia siempre prefirió el celibato de sus clérigos. Esto queda demostrado en las numerosas intervenciones de concilios, sínodos y papas.

b. A pesar de esta explícita preferencia y a pesar de las numerosas razones espirituales y ascéticas que recomiendan el celibato, siempre hubo resistencia a aceptar la norma y las discusiones al respecto, algunas de ellas muy acaloradas, llegaron hasta bien entrado el siglo XVI. Por lo tanto, que algunos obispos planteen nuevamente la necesidad de revisar el celibato sacerdotal no resulta novedoso para la historia de la Iglesia, ni el mundo se está por acabar porque eso ocurra.

c. Resulta claro que el celibato es una cuestión estrictamente disciplinar, lo cual no significa que sea meramente un capricho de los papas y de los obispos. Por el contrario, las razones de la norma se hunden en la espiritualidad evangélica, pero no puede considerarse una cuestión que tenga que ver con el dogma, y tampoco un requisito esencial para el sacerdocio. Si así no fuera, la iglesia habría ordenado inválidamente hasta el siglo XVI cientos de miles de sacerdotes, y lo continuaría haciendo aún hoy día en Oriente.

d. Finalmente, si a partir de las conclusiones del sínodo de la Amazonia, el Papa Francisco permitiera la ordenación de sacerdotes casados, eso constituiría un gravísimo paso atrás, puesto que se estaría echando por tierra un logro alcanzado luego de muchos siglos de luchas y discusiones. Pero aún así, no implicaría menoscabo alguno para la fe católica

Publicado en el blog The Wanderer.

34 comentarios en “Un repaso histórico al milenario debate sobre el celibato sacerdotal
  1. Cabe preguntarse si tiene sentido ordenar clérigos casados en la Iglesia Latina con la condición de que practiquen una continencia perfecta, según la Tradición apostólica. Estando casados y conviviendo con la esposa se haría mucho más difícil a los clérigos guardar continencia, ¿para qué entonces casarse? ¿Trae cuenta a una mujer casarse con un clérigo sabiendo que no podrá tener hijos ni siquiera el débito conyugal?

    Por lo demás, Wanderer olvida indicar que el famoso Sínodo de Trullo no fue reconocido por la Iglesia de Roma.

    1. «¿Para qué entonces casarse?»
      Pongámonos en el supuesto caso de que se aceptan a clérigos casados que a la vez han de ser castos. La diferencia con los célibes es que, aunque no tengan relaciones íntimas, entre ambos tendrán amor conyugal. ¿Por qué se hace de menos a eso respecto a lo sexual?

      «Estando casados y conviviendo con la esposa se haría mucho más difícil a los clérigos guardar continencia»
      Siguiendo esa regla, entonces San José muy posiblemente tuvo intimidad con la Virgen María (después del nacimiento de Jesús). Por tanto, esos «hermanos y hermanas» de Jesús a los que hace referencia el Evangelio, ¿serían literalmente sus «hermanos y hermanas»?

      1. Que no hay que darle más vueltas. Que es tan simple como aceptar, humana y noblemente, que ese «asquito» al sexo es un prejuicio descaradamente inútil y estúpido. Y que la justificación de tener que priorizar la atención pastoral a la atención familiar no es más que una excusa, máxime cuando se generalizó el celibato, que salían vocaciones de debajo de las piedras. Puede que se entendiera mejor en tiempo de pocas vocaciones, cuando un párroco tiene 14 pueblos, y que es cuando precisamente más se está cuestionando aquel lastre, aquella INVENCIÓN extraevangélica que tienen que reconocer fue una cagada.

        Insisto, asquito al sexo, propio de mentalidades filosóficamente superdotadas pero afectivamente estancadas en la pubertad.

      2. Jesús: «…entonces San José muy posiblemente tuvo intimidad con la Virgen María (después del nacimiento de Jesús).» Esa frase sería la negación de un dogma, el de la virginidad perpetua de María. Todo dogma tiene fundamento bíblico. Éste tiene varios. Uno de ellos: Ezequiel 44,2-3 (donde el príncipe es Jesús); otro, Lucas 1,34 (dice el ángel en tiempo futuro: concebirás, es decir tendrás sexo; y ya estaba desposada con José. Dice María: No conozco varón, dice María, o sea, se asombra porque no era su intención tener sexo con José; no se hubiera asombrado si su intención hubiera sido tener sexo con su esposo). No sé por qué es tan difícil aceptar la abstinencia de José y María, pero nadie pone reparo alguno cuando se nos dice que los esenios, solteros o casados, vivían en abstinencia.

  2. Y, en fin, me parece acertadísimo el comentario de Hilbert en el blog de Wanderer, dada la importancia que éste da a la restauración de la Liturgia tradicional:

    «Estimado Wanderer y con-blog-tertulios: ¿La reforma del misal romano por Pablo VI, la abolición práctica del vetus ordo y la imposición tiránica del novus ordo ¿Es «de fe»? Intuyo que la respuesta es negativa. Sin embargo, somos muchos los que la combatimos y procuramos la restauración de la antigua liturgia como si de ello dependiera la supervivencia de la Fe. Me parece que la cuestión, en las.circunstancias actuales, es análoga a la del celibato, en el sentido de que si bien su modificación no altera el dogma de la Iglesia si socava la fe. Les pido me.corrijan si me equivoco.»

    1. Lo que socava la fe es el mal ejemplo que nos ofrece la gente de Iglesia. No solamente el clero, que a fin de cuentas es una casta, sino nuestros iguales, los seglares como nosotros.
      ¿Quién no tiene nada mejor que hacer que preocuparse por estas disquisiciones bizantinas? ¿Quién se quiere parecer a Ned Flanders? Y eso que Flanders es pedante pero simpático, lo habitual es el avinagramiento más insoportable.

  3. Me parece que le damos muchas vueltas al tema este del celibato, cuando la cuestión es mas sencilla.
    ¿No decimos que el celibato por el Reino es un don de Dios? Pues el que tenga ese don que lo viva y disfrute; y el que no lo tenga pues que no lo viva porque no es lo suyo. Tal cual.
    Es que parece que todo depende de lo que decidimos, hacemos, legislamos, optamos y queremos, como si todo fuera obra nuestra, cuando el celibato por el Reino es obra de Dios. Claro que es un don carismático que no todos tienen y eso hay que discernirlo. Para eso están los seminarios.

    1. A veces los seminarios (algunos) han sido causantes de desastres posteriores, rechazando a gente válida y colando a la menos válida e incluso a claramente no válida. Otras veces sin tanta mala intención, colando a todos los que podían, incluso a los claramente no válidos para cuadrar números. Esto lo contó BXVI de cosas que fue descubriendo en su etapa con SJPII.

  4. Me parece absurdo el tema, en la época de Jesús, no se insistia en este tema, Jesús era judio y para los judios, era la norma casarse, solamente, la secta de los esenios, lo practicaba, tenian una visión escatológica de la religión, probablemente Jesús tuviese influencias de estas crencias, pero Jesús, no creó nimgún código exigiendo este requisito, los apóstoles, estaban casados y no es sino bajo el poder de Constantino I, (declarado vicario de Cristo) cuando todo el movimiento liberador de Jesús, se llenó de normas y preceptos, que han ido aumentando cada vez más con el paso del tiempo.8

    1. José María Ruiz Tintiré. ¿Y cómo llegas a la conclusión de que los apóstoles eran casados? Si del único que se sabe,, fue de San Pedro. La certeza es que tenía suegra, pero igual la tiene un viudo. Además, si ya de por sí era inconceblble creer en Él como El Mesias esperado, no creo que ya tan pronto les exigiera la tajante renuncia a hijos y esposa. Éso sería al tiempo . Los apóstoles debieron ser hombres aún jóvenes, pues les esperaba una fuerte misión. Y perdón,, éso es lo que pienso.

  5. Respecto a esto del celibato y otras abstinencias sexuales de entre
    hombre y mujer; y aquí de entre marido y esposa, en otro sitio
    dice:
    – Yo le he dado tiempo para que se arrepienta; pero no quiere arrepentirse de su fornicación, y voy a arrojarla en cama, y a los que con ella adulteran, en tribulación grande, por si se
    arrepienten de sus obras. Y a sus hijos los haré padecer de muerte
    y conocerán todas las iglesias que yo soy, el que escudriña las entrañas y los corazones y os daré a cada uno según vuestras obras. Y a vosotros los demás de Tiatira, los que no seguís
    semejante doctrina (la del amor libre) y no conocéis las que dicen profundidades deSatán, no arrojaré sobre vosotros otra carga. Solamente la que tenéis, ( como marido y esposa)tenedla fuertemente (controlada) hasta que yo vaya (Ap.2,21-26)

  6. Pero si todo esto no viene más que de un lastre que nadie quiere asumir: la culpabilización inmadura y mojigata de la sexualidad. La imposición universal de la continencia como un ideal inofensivo.

    1. Que a su vez es consecuencia del mito del pecado original, esa es la raíz de todo el mal, en el cristianismo el hombre es malvado y tiene que amarse y odiarse al mismo tiempo y de ahí proviene toda la esquizofrenia católica y el montón de a absurdos y contradicciones que acumula, pero que al mismo tiempo es la base de la redención y también del poder de la iglesia y por eso no puede renunciar a él

  7. Dejen de enrollarse.
    La reseña histórica es útil.

    Si no estuviéramos en una época plagada de Sodomitas en el Alto Clero, de un Apóstata en la Sede, sería un tema de prudencia pastoral.

    Pero esta gentuza que usurpa el Episcopado, carece de autoridad moral y por eso da repeluz.

    Además se agrega que la experiencia de ordenar Diáconos casados en HispanoAmérica es penosa, una colla de fantasmas iletrados y sin virtud.

  8. El debate es legítimo. Que se haga en esta época de tan poca fe… pues bueno.
    Lo consideraría un paso atrás totalmente. Estoy con Sarah en esto, como en tantas cosas. Además de que no creo que sirviera para mejorar nada. Pero estamos en manos de Dios. A ver qué pasa.
    Oración. Oración. Y oración.

    1. Sarah responsable de la liturgia catolica como Prefecto de la Congregacion del culto Divino estuvo sentado en la Primera fila como espectador de la ceremonia a los idolos Pachamanicos en los Jardines Vaticanos….

      1. -Estamos hablando de celibato sacerdotal, no del último sínodo.
        -Y mi cercanía, en general, a las posturas de Sarah, no significa necesariamente que apruebe todo lo que le rodea.

      2. Estamos hablando de celibato sacerdotal, no del último sínodo.
        Que me sienta cercana, en general, a las posturas de Sarah, no quiere decir que apruebe todo lo que le rodea.

  9. Wanderer es un defensor de Bergo.glio….de la última hora.
    Patea la pelota al córner para tener distraídos a católicos fieles, como con este Chiste de los curas casados.
    Los hace entrar en discusiones bizantinas, mientras defiende al azote.
    Además , cultiva un odio visceral a JPII.

  10. Ya que hace poco se elevaron a los altares Juan XXIII y Pablo VI, escuchemos que dijeron estos Santos Papas, a quienes se olvido en esta reseña historica.
    Juan XXIII en el Concilio Vaticano II: «Nos llega al corazón el que… alguno pueda fantasear sobre la voluntad o la conveniencia para la Iglesia católica de renunciar a lo que, durante siglos y siglos, fue y sigue siendo una de las glorias más nobles y más puras de su sacerdocio. La ley del celibato eclesiástico, y el cuidado de mantenerla, queda siempre como una evocación de las batallas de los tiempos heroicos, cuando la Iglesia de Dios tenía que combatir, y salió victoriosa, por el éxito de su trinomio glorioso, que es siempre símbolo de victoria: Iglesia de Cristo libre, casta y católica»( Juan XXIII, Alocución a la Segunda sesión del Sínodo romano, 26 de enero de 1960: AAS 52) (1960) 235-236 (texto latino, 226).

  11. SACERDOTALIS CAELIBATUS DE SU SANTIDAD PABLO VI
    SOBRE EL CELIBATO SACERDOTAL
    12…una serie interminable de dificultades se presentará a los que «no… entienden esta palabra» (Mt 19, 11), no conocen u olvidan el «don de Dios» (cf. Jn 4, 10) y no saben cuál es la lógica superior de esta nueva concepción de la vida, y cual su admirable eficacia, su exuberante plenitud.
    21. Cristo, Hijo único del Padre, en virtud de su misma encarnación, ha sido constituido mediador entre el cielo y la tierra, entre el Padre y el género humano. En plena armonía con esta misión, Cristo permaneció toda la vida en el estado de virginidad, que significa su dedicación total al servicio de Dios y de los hombres. Esta profunda conexión entre la virginidad y el sacerdocio en Cristo se refleja en los que tienen la suerte de participar de la dignidad y de la misión del mediador y sacerdote eterno, y esta participación será tanto más perfecta cuanto el sagrado ministro esté más libre de vínculos de carne y de sangre.

  12. Carta Encíclica «SACRA VIRGINITAS» SOBRE LA SAGRADA VIRGINIDAD PAPA PIO XII
    La santa virginidad y la castidad perfecta, consagrada al servicio divino, se cuentan sin duda entre los tesoros más preciosos dejados como en herencia a la Iglesia por su FUNDADOR.
    Por eso los Santos Padres afirmaron que la virginidad perpetua es un bien excelso nacido de la religión cristiana. Y con razón notan que los paganos de la antigüedad no exigieron de las vestales tal género de vida sino por un tiempo limitado.
    No faltan hoy día quienes, apartándose en esta materia del recto camino, de tal manera exaltan el matrimonio, que llegan a anteponerlo prácticamente a la virginidad y, por consiguiente, a menospreciar la castidad consagrada a Dios y el celibato eclesiástico. Por eso la conciencia de nuestro oficio apostólico nos mueve hoy a declarar y sostener ante todo la doctrina de la excelencia de la virginidad y defender esta verdad católica contra tales ERRORES.

  13. Mientras mayor sea el bien que se custodia, mayores serán los que desean profanarlo . Aquí en tan pequeño espacio ya tiene por lo pronto dos babeantes enemigos, que creen que la castidad es «asquito» al sexo, les parece demasiado estúpido. Supongo que antes que verle la cara a una persona, (digamos hombre) llevan sus ojos a la entrepierna, para hacer desfiguros de coquetería.
    Guillermo PF y José rojo,. Sean felices y gocen del sexo,. Ya verán en el futuro, la factura que les pasa su adicción

    1. A ver si no será la factura que le pasa a usted la REPRESIÓN. ¿Se cree que somos nuevos? ¿Se cree que no llevamos toda la vida del Señor conociendo en persona los perniciosos efectos psíquicos y relacionales de la abstinencia?
      Sí, es asquito al sexo. Pudor incontenible. Sonrojo tonto. Pubertad estancada.
      Y por usted no se preocupe, que si nos presentan yo le miraré a los ojos como a todo el mundo. Soy fiel a mi pareja, los demás me gustan pocos y poco. Lo guapo se reconoce, pero ya está.

      1. 😀,. Toda la vida, sin error, se verán los estragos que origina el uso del sexo, no la abstinencia. Supongamos que la abstinencia ocaciona algún trastorno,. Alguna manía, algún desequilibrio.
        Hasta ahí. En cambio cada día más de un millón de personas contraen una infección de transmisión sexual. Sida, herpes genital, sífilis, infertilidad, gonorrea, y ya ni los medicamentos pueden terminar con ésto.
        Sigan sintiendo»asquito»por la gente que quiere guardar la castidad. Como ustedes fueron impotentes para eso,. La burla es su arma, su pobre arma

  14. Solo un pequeño apunte: Cuando una fuente de fruta que contiene manzanas y en ella hay una podrida, la podredumbre, pasado un cierto tiempo, se contagia a todas las demás. Esta imagen clara me sirve para argumentar en contra de la afirmación de que el papa Francisco en ocasiones acierta, y dice cosas bien dichas.
    Claro que lo hace, lo sabemos, una de cal y 5 de arena, y así va la construcción… Es una estrategia distractoria de este hombre, que afirma una verdad mantenida por la Iglesia, y seguidamente afirma 3 cosas más que son interpretables, medias verdades, mentiras vestidas de verdad… ya lo conocemos.
    ¿Por cierto, ya saben Uds. que el antiguo dios pagano Moloc ha sido puesto visiblemente en el coliseo romano, propiedad del Vaticano?

  15. Olvida el articulista wanderiano que el pseudo sínodo amazónico ha sido convocado por un manipulador, con un instrumentum laboris heterodoxo, con una convocatoria exclusiva de obispos de la cuerda que hasta superan a Francis en sus posturas caprichosas anti católicas, indigenistas y paganas, para que salgan los viri probati, que nadie sabe quienesa son ni donde están, y eliminar el celibato sacerdotal sin un debate de verdad y medianamente serio, utilizando como argumento trascendental la crisis vocacional que ellos mismos han creado para desfigurar el sacerdocio ministerial, asimilándolo al pastoreo protestante, y, de paso, desfigurar todos, absolutamente todos, los sacramentos.

  16. 11. Pareciera que en el siglo XI se endurece la ley del celibato, no solamente por el caso del ejemplo anterior, sino también porque el sínodo pascual de Roma de 1051, ordenó que las esposas y amantes de los sacerdotes fueran esclavizadas. Se convertirían en ancillae del palacio de Letrán.
    Es cuando una lee estas cosas, cuando piensa que no me extraña que haya feminazis , y también lo que tuvo que sufrir Cristo, que cargo con todos nuestros pecados.
    También es cuando pienso que hay muchas más mujeres que hombres en el cielo. Siempre el agravio en la misma dirección, y nunca reconocido, más que por muy pocos, entre ellos mi querido Papa Juan Pablo II.

  17. Belzunegui, el articulista de Wanderer no olvida lo que usted le señala sobre el Papa.
    Lo oculta , porque está a su servicio, que es estar al servicio de la mentira.

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