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Exaltación de la Santa Cruz

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(Mercaba.org)- I. Por la Pasión de Nuestro Señor, la Cruz no es un patíbulo de ignominia, sino un trono de gloria. Resplandece la Santa Cruz, por la que el mundo recobra la salvación. ¡Oh Cruz que vences! ¡Cruz que reinas! ¡Cruz que limpias de todo pecado! Aleluia (1).

La fiesta que hoy celebramos tiene su origen en Jerusalén en los primeros siglos del Cristianismo. Según un antiguo testimonio (2), se comenzó a festejar en el aniversario del día en el que se encontró la Cruz de Nuestro Señor. Su celebración se extendió con gran rapidez por Oriente y poco más tarde a la Cristiandad entera. En Roma tuvo gran solemnidad la procesión que, antes de la Misa, para venerar la Cruz (3), se dirigía desde Santa María la Mayor a San Juan de Letrán.

A principios del siglo VII los persas saquearon Jerusalén, destruyeron muchas basílicas y se apoderaron de las sagradas reliquias de la Santa Cruz, que serían recuperadas pocos años más tarde por el emperador Heraclio. Cuenta una piadosa tradición que cuando el emperador, vestido con las insignias de la realeza, quiso llevar personalmente el Santo Madero hasta su primitivo lugar en el Calvario, su peso se fue haciendo más y más insoportable. Zacarías, Obispo de Jerusalén, le hizo ver que para llevar a cuestas la Santa Cruz debería despojarse de las insignias imperiales e imitar la pobreza y la humildad de Cristo, que se había abrazado a ella desprendido de todo. Heraclio vistió entonces unas humildes ropas de peregrino y, descalzo, pudo llevar la Santa Cruz hasta la cima del Gólgota (4).

Es posible que desde niños aprendiéramos a hacer el signo de la Cruz en la frente, en los labios y en el corazón, en señal externa de nuestra profesión de fe. En la Liturgia, la Iglesia utiliza el signo de la Cruz en los altares, en el culto, en los edificios sagrados. Es el árbol de riquísimos frutos, arma poderosa, que aleja todos los males y espanta a los enemigos de nuestra salvación: Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, pedimos todos los días al signarnos. La Cruz enseña un Padre de la Iglesia «es el escudo y el trofeo contra el demonio. Es el sello para que no nos alcance el ángel exterminador, como dice la Escritura (cfr. Ex 9, 12). Es el instrumento para levantar a los que yacen, el apoyo de los que se mantienen en pie, el bastón de los débiles, la guía de quienes se extravían, la meta de los que avanzan, la salud del alma y del cuerpo, la que ahuyenta todos los males, la que acoge todos los bienes, la muerte del pecado, la planta de la resurrección, el árbol de la vida eterna» (5). El Señor ha puesto la salvación del género humano en el árbol de la Cruz, para que donde tuvo origen la muerte, de allí resurgiera la Vida, y el que venció en un árbol, fuera en un árbol vencido (6).

La Cruz se presenta en nuestra vida de muy diferentes maneras: enfermedad, pobreza, cansancio, dolor, desprecio, soledad… Hoy podemos examinar en nuestra oración nuestra disposición habitual ante esa Cruz que se muestra a veces difícil y dura, pero que, si la llevamos con amor, se convierte en fuente de purificación y de Vida, y también de alegría. ¿Nos quejamos con frecuencia ante las contrariedades? ¿Damos gracias a Dios también por el fracaso, el dolor y la contradicción? ¿Nos acercan a Dios estas realidades, o nos separan de Él?

II. La Primera lectura de la Misa (7) nos narra cómo el Señor castigó al Pueblo elegido por murmurar contra Moisés y contra Yahvé, al experimentar las dificultades del desierto, enviándole serpientes que causaron estragos entre los israelitas. Cuando se arrepintieron, el Señor dijo a Moisés: Haz una serpiente de bronce y ponla por señal; el herido que la mirare, vivirá. Hizo, pues, Moisés una serpiente de bronce y la puso por señal, y los heridos que la miraban eran sanados. La serpiente de bronce era signo de Cristo en la Cruz, en quien obtienen la salvación los que lo miran. Así lo expresa Jesús en su conversación con Nicodemo, recogida en el Evangelio: Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es preciso que sea levantado el Hijo del Hombre, para que todo el que crea tenga vida eterna en él (8). Desde entonces, el camino de la santidad pasa por la Cruz, y cobra sentido algo tan falto de él como es la enfermedad, el dolor, la pobreza, el fracaso…, la mortificación voluntaria. Es más, Dios bendice con la Cruz cuando quiere otorgar grandes bienes a un hijo suyo, que trata entonces con particular predilección.

Muchas gentes huyen de la Cruz de Cristo como en desbandada, y se alejan de la alegría verdadera, de la eficacia sobrenatural que llena el corazón, de la misma santidad; huyen de Cristo. Llevémosla nosotros sin rebeldía, sin quejas, con amor. «¿Estás sufriendo una gran tribulación? ¿Tienes contradicciones? Di, muy despacio, como paladeándola, esta oración recia y viril:

«»Hágase, cúmplase, sea alabada y eternamente ensalzada la justísima y amabilísima Voluntad de Dios, sobre todas las cosas. Amén. Amén.»

«Yo te aseguro que alcanzarás la paz» (9).

III. Cruz fiel, tú eres el árbol más noble de todos; ningún otro se te puede comparar en hojas, en flor, en fruto (10).

El amor a la Cruz produce abundantes frutos en el alma. En primer lugar, nos lleva a descubrir enseguida a Jesús, que nos sale al encuentro y toma lo más pesado de la contradicción y lo carga sobre sus hombros. Nuestro dolor, asociado al del Maestro, deja de ser el mal que entristece y arruina, y se convierte en medio de unión con Dios. «Si sufres, sumerge tu dolor en el suyo: di tu Misa. Pero si el mundo no comprende estas cosas, no te turbes; basta con que te comprendan Jesús, María, los santos. Vive con ellos y deja que corra tu sangre en beneficio de la humanidad: ¡como Él!» (11).

La Cruz de cada día es una gran oportunidad de purificación, de desprendimiento y de aumento de gloria (12). San Pablo enseñaba con frecuencia a los cristianos que las tribulaciones son siempre breves y llevaderas, y el premio de esos sufrimientos llevados por Cristo es inmenso y eterno. Por eso el Apóstol se gozaba en sus tribulaciones, se gloriaba de ellas y se consideraba dichoso de poder unirlas a las de Cristo Jesús y completar así su Pasión para bien de la Iglesia y de las almas (13). El único dolor verdadero es alejarnos de Cristo. Los demás padecimientos son pasajeros y se tornan gozo y paz: «¿No es verdad que en cuanto dejas de tener miedo a la Cruz, a eso que la gente llama cruz, cuando pones tu voluntad en aceptar la Voluntad divina, eres feliz, y se pasan todas las preocupaciones, los sufrimientos físicos o morales?

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«Es verdaderamente suave y amable la Cruz de Jesús. Ahí no cuentan las penas; sólo la alegría de saberse corredentores con Él» (14).

El trato y la amistad con el Maestro nos enseñan, por otra parte, a ver y a llevar las dificultades que se presentan con una disposición joven, decidida, alejada de la tristeza y de la queja. Si se lo pedimos, el Señor nos concederá una disposición alegre, llena de buen humor, muchas veces, ante lo que nos es contrario. La veremos, como han hecho los santos, como un estímulo, un obstáculo que es preciso saltar en esta carrera que es la vida. Este espíritu alegre y optimista, incluso en los momentos difíciles, no es fruto del temperamento ni de la edad: nace de una profunda vida interior, de la conciencia siempre presente de nuestra filiación divina. Esta disposición serena, optimista, en toda circunstancia creará un buen ambiente a nuestro alrededor en la familia, en el trabajo, con los amigos… y será un gran medio para acercar a otros al Señor.

Terminamos nuestra oración junto a Nuestra Señora. «»Cor Mariae perdolentis, miserere nobis!» invoca al Corazón de Santa María, con ánimo y decisión de unirte a su dolor, en reparación por tus pecados y por los de los hombres de todos los tiempos.

«Y pídele para cada alma que ese dolor suyo aumente en nosotros la aversión al pecado, y que sepamos amar, como expiación, las contrariedades físicas o morales de cada jornada» (15).

(1) LITURGIA DE LAS HORAS, Antífona de Laudes.-  (2) Cfr. EGERIA, Itinerario, ed. preparada por A. ARCE, BAC, Madrid 1980, pp. 318-319.- (3) Cfr. A. G. MARTIMORT, La Iglesia en oración, Herder, 3ª ed., Barcelona 1987, pp. 989-990.-  (4) Cfr. P. CROISSET, Año cristiano, Madrid 1846, vol. 7, pp. 120-121.-  (5) SAN JUAN DAMASCENO, De fide ortodoxa, IV, 11.-  (6) Prefacio de la Misa.-  (7) Num 21, 4-9.-  (8) Jn 3, 14-15.-  (9) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Camino n. 691.- (10) Himno Cruz fidelis.-  (11) CH. LUBICH, Meditaciones, Ciudad Nueva, Madrid 1989, p. 32.-  (12) Cfr. A. TANQUEREY, La divinización del sufrimiento, Rialp, Madrid 1955, p. 18.- (13) Cfr. Rom 7, 18; Gal 2, 19-20; 6, 14; etc.-  (14) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Vía Crucis, Rialp, 2ª ed., Madrid 1981, II.-  (15) IDEM, Surco, n. 258.

* La devoción y el culto a la Santa Cruz, donde Cristo dio su vida por nosotros, se remonta a los mismos comienzos del Cristianismo. En la Liturgia se tiene constancia desde el siglo IV. La Iglesia conmemora hoy el rescate de la Cruz del Señor por obra del emperador Heraclio en su victoria sobre los persas. En los textos de la Misa y de la Liturgia de las Horas la Iglesia canta con entusiasmo a la Santa Cruz, pues fue el instrumento de nuestra salvación; si el árbol a cuya sombra pecaron de desobediencia nuestros primeros padres fue causa de perdición, el Árbol de la Cruz es el origen de nuestra salvación eterna.

Publicado en Mercaba.org

15 comentarios en “Exaltación de la Santa Cruz
  1. Todos los pecados mortales y veniales son excesos la gente deveria entender que si se excede en algo ha pecado y tiene que ir a misa a confesarse el arrepentimiento viene a raíz de saber que se ha excedido,a la iglesia le iría mejor si dijera a todo el mundo que no hay que excederse jesus dijo amaros los unos a los otros como yo os he amado y yo digo no os excedais en nada o pecareis.
    No cometer excesos es ser mejor persona y no pecar,ademas puede oue los niños piensen oue no tiene pecados pero si les decimos oue si se exceden entonces tienen pecado hay biene el arrepentimiento,

    1. emborracharse es un esceso y esto lo hacen muchos jóvenes y es pecado y luego se arrepienten con la resaca y puede oue vayan a la iglesia a confesarse a la iglesia le iria mejor con los excesos como pecado y haríamos mejores personas que no se exceden,

  2. José, Cristo se abrazó a la cruz.
    Fue en exceso de amor por nosotros.
    Va de excesos a excesos. No se debe decir que solo porque es exceso es malo. Sus apóstoles, ya que vieron bien que Jesús era Dios Verdadero, lo amaron en exceso y dieron su vida por El, San Pedro también en la Cruz
    Es la cruz escándalo para los eternos odiadores, ( la odian en exceso), pero nosotros, los católicos, la veneramos, en exceso. Bendito sea Dios por éso.

    1. espes cuando una pareja se pelea o discute, uno de ellos se pasa y luego viene el arrepentimiento por haberse excedido y la confesio,haciendo que las personas no se excedan hacemos mejores personas.

  3. Matar moscas esta prohibido,has oído hablar de que cuando el demonio esta aburrido mata moscas con su rabo,pues eso los naturalistas defienden la diversidad,esto me recuerda a obama que en una reunión televisada mato un moscardón con su mano y los naturalistas se le echaron en cima y le dieron un caza moscas que cojee la mosca para llevarla a otro sitio sin matarla.

  4. José ; dejemos que el diablo haga con su rabo lo que quiera, y a propósito, Obama también, aquí, nosotros hablemos de la cruz. A veces las personas somos cruces pesadas para nuestros cónyuges, hay cruces que tumban, y casi no se puede uno levantar. Yo creo que por lo mismo, Cristo se cayó tres veces, y las mismas, se levantó: para darnos ejemplo. Las nuestras son miles, y ésas mismas nos tendremos que levantar José.

  5. Dice el Maestro en Mateo: “El que no toma SU cruz y me sigue DETRÁS no es digno de mí”.
    La pregunta sería para cada uno de nosotros, ¿cuál es nuestra cruz que nos impide seguir a Señor?
    Todos tenemos NUESTRA cruz, no existe cristiano sin cruz. Creo que el problema de ver la cruz como una “carga” muy pesada es que queremos cargarla por “delante” del Maestro y no como dice el Señor: “detrás”.
    Todos queremos resucitar pero sin pasar por la cruz.
    Saludos a todos los comentaristas.

  6. Perdón, Luis Alberto, para estar segura antes de poner nada, he revisado bien. En ningún lado dice :
    Me sigue DETRÁS,,,,,
    Dice :Me sigue. Por delante de Cristo es irreal, ni al caso, claro que se le sigue, a un lado, detrás, más cerca, mas lejos, obvio, como los seres humanos seguimos a álguien.
    Y las cargas de mucha gente son terribles, y claro que Dios les da la fuerza para cargarlas. Saludos

  7. Me confundo al oir que a la cruz de Cristo se debe adorar,¿ que esa adoración es al Sr. Jesus o es propiamente a la cruz,? ´por que tengo conocimiento que solo al Sr. Jesus Dios se adora y no a otra cosa, me pueden explicar cuales son los terminos correctos, por favor, gracias de antemano, y muchos saludos

  8. La Cruz era un motivo de vergüenza entre los primeros cristianos, era con diferencia la muerte más deshonrosa, pero su uso como símbolo se acabó imponiendo porque representaba una de las grandes paradojas cristianos: en la muerte más deshonrosa se encontró la vida más gloriosa, y se emplea como símbolo de la derrota de la muerte y victoria de la vida. No de la vida tal como la conocemos, la vida que conocemos se caracterizada por el sufrimiento, nuestras miserias, el amor es siempre limitado y rodeado de dificultades; lo que la Cruz abrió fue la puerta a una vida plena desconocida para los seres humanos.

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