Alfa y Omega intenta enmendar el documento de la CEE

Alfa y Omega intenta enmendar el documento de la CEE

El último editorial del periódico del Arzobispado de Madrid, parece una rectificación al reciente documento de la Conferencia Episcopal Española Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo (Sal 42, 3). Orientaciones doctrinales sobre la oración cristiana.

El órgano del Arzobispado de Madrid, Alfa y Omega, en su último editorial, dice que el reciente documento de la CEE sobre la oración cristiana «corre el peligro de entenderse como un catálogo de condenas», cuando en realidad, según Alfa y Omega, se trata de un instrumento de ayuda para «un discernimiento maduro» -como les gusta de repente esta palabra-, sobre «cómo incorporar a la oración otro tipo de técnicas, a menudo procedentes de tradiciones religiosas orientales».

El texto publicado asegura que el yoga, la meditación o el mindfulness tienen «sin duda» elementos «muy positivos para el equilibrio emocional de la persona y reflejan una apertura a la trascendencia».

Les dejamos el texto de la editorial:

«El documento de la Conferencia Episcopal Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo (Sal 42, 3). Orientaciones doctrinales sobre la oración cristiana corre el peligro de entenderse como un catálogo de condenas, cuando en realidad se trata principalmente de un instrumento de ayuda para un discernimiento maduro sobre cómo incorporar a la oración otro tipo de técnicas, a menudo procedentes de tradiciones religiosas orientales. La cuestión, suscitada hace ya décadas en otras sociedades occidentales, se plantea ahora en España de la mano de la fuerte irrupción del yoga, la meditación o el mindfulness, todos los cuales sin duda contienen elementos muy positivos para el equilibrio emocional de la persona y reflejan una apertura a la trascendencia. Pero los obispos recuerdan que la oración cristiana nunca es meramente individualista. Orar es abrirse a Dios, que –como ha enfatizado el Papa en su ciclo de catequesis sobre el padrenuestro– no es solo Padre de quien le reza, sino también de los demás, por lo que la verdadera piedad tiene inevitablemente un componente social»

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