La “oposición” al Papa Francisco está centrada en el “círculo” que rodea al Papa Emérito, Benedicto XVI, y que habría que controlar, aseguró el periodista británico y autor de la primera biografía autorizada de Su Santidad, Austen Ivereigh, en entrevista concedida al diario chileno La Tercera el pasado 10 de agosto.
“Veo una corte en torno al Papa emérito muy ligada a la resistencia al Papa que está haciendo mucho daño, porque están manipulando la figura del Papa emérito”, aseguró Austen Ivereigh en la entrevista que le hizo el chileno La Tercera. “Hay que encontrar una forma de controlar a su corte, que es en este momento fuente de escándalo y de división”.
Que un periodista pida abiertamente que se “controle” a un grupo de amigos y admiradores del anciano Papa Emérito, más cuando se trata de uno de esos católicos progresistas que se han pasado décadas denunciando controles y censuras por parte de la Santa Sede, quizá parezca desconcertante a quienes no han seguido de cerca la actualidad eclesial.
Quienes lo hayan hecho sabrán a estas alturas que todo el discurso de los renovadores se expresa, no en el lenguaje de la fe, sino en el lenguaje del poder, del “quién y a quién” de Lenin. Es como oír a revolucionarios que han llegado al poder y ahora quieren asegurarse de que no hay marcha atrás y nadie se lo arrebatará. Es llamativo.
Observen cómo habla Ivereigh de lo que él mismo llama “la oposición”: “En términos de número no sé si ha crecido, pero sigue siendo muy vociferante y potente en el sentido que involucra a varios cardenales y organismos muy ricos y potentes en Estados Unidos. Ellos vieron la crisis del año pasado como una oportunidad. En Chile vieron que el Papa estaba débil, entonces se aprovecharon de eso con una ferocidad insólita. Pero los que lo atacaron, liderados por (Carlo Maria) Viganò son los mismos que han rechazado la exhortación apostólica Amoris laetitia. Lo que dicen algunas personas cercanas al Papa es que ese grupo está muy bien organizado y ha decidido lanzar cada mes un misil, algo que trate de desacreditarlo. Estas tácticas son muy típicas de Estados Unidos, de las técnicas que usaron los conservadores contra Obama”.
¿Puede alguien discernir -por emplear una palabra muy a la moda-, salvo por los nombres, que está hablando de la Iglesia, de la Esposa de Cristo, del custodio de las verdades perennes del Evangelio? Y, pese a su probada fidelidad al Papa, que se ha mostrado a menudo contundente contra la murmuración y los ataques personales, Ivereigh no tiene empacho alguno en personalizar con gravísimos juicios de intenciones: “El cardenal Müller se ha convertido en el líder, en la figura principal de la oposición”.
“Su táctica -continúa- es hacer creer que existe confusión en la Iglesia y que solo él la puede resolver. Está tratando de recuperar el papel que creía debía haber tenido bajo Francisco, y Francisco no le permitió ejercer. Ahora que está libre, está pretendiendo ser el perro guardián de la doctrina. Pero es al final un oficial de la Curia emérito, es decir, no tiene ninguna posición en la Iglesia”. ¿En serio cree Ivereigh que la existencia de confusión en la Iglesia es algo que es necesario “hacer creer”?
Ivereigh pulsa, naturalmente, el ‘botón nuclear’, la gran ventaja: “Parece que algunos católicos conservadores han olvidado que el católico tradicional respeta el magisterio papal”. De hecho, en términos de lucha de poder, esa es su ventaja. Teólogos que como José María Castillo, por ejemplo, escribieron elocuentes en su día artículos y ensayos desacreditando la primacía papal parecen considerar ahora que este es el único punto intocable de la doctrina.