En un ‘hilo’ de Twitter, el arzobispo de San Antonio (Texas), Gustavo García Siller, se despacha a gusto contra el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a quien llama “racista” y “pobre hombre” tras la masacre de El Paso. Posteriormente borró los tuits.
“Presidente, es usted un pobre hombre, un hombre muy débil”, dice el arzobispo de San Antonio en el primero de una serie de comentarios en la red social Twitter. “Deje de hacer daño a la gente”.
Segundo: “Presidente, detenga su odio. El pueblo de Estados Unidos merece algo mejor”.
Tercero: “Por favor, pare el racismo. Por favor, pare el odio. Por favor, sea gente de buena voluntad. Por favor, pare las falsas oraciones. Ha causa [sic] ya Demasiado daño, ha destruido vidas de personas. Pare, pare, pare. Por favor, por favor, por favor”.
Cada día que pasa parece más evidente que la mentalidad del “qué y a quién” de Lenin se enseñorea de la jerarquía eclesiástica, y que las proféticas palabras de José Manuel Vidal que glosábamos ayer se hacen realidad cada día ante nuestros ojos: ser católico es ser de izquierdas, al menos oficialmente.
Hace no mucho, el gobernador del estado de Nueva York, el ‘católico’ público Andrew Cuomo, aprobó una ley del aborto que permite matar al niño con el parto ya iniciado, en medio de estruendosos aplausos. Su arzobispo, el cardenal Timothy Dolan, no solo se negó a excomulgarle, para escándalo de los fieles, sino que no dijo una mala palabra de Cuomo. Se indignó con la ley, naturalmente, pero ni un calificativo insultante para el señor gobernador.
Trump no es católico; los obispos, pues, no tienen ninguna jurisdicción sobre él. Por lo demás, vincular la matanza de El Paso, cometida por un supremacista blanco, con Trump es, en el mejor de los casos, un arriesgadísimo ejercicio en politiquería. Afirmar que es racista es, sencillamente, una difamación, aunque no tan grave como afirmar que “ha destruido vidas de personas”, algo que ni en sueños hubiera dicho un prelado americano sobre Obama, entusiasta de la multinacional abortera Planned Parenthood y responsable del bombardeo de siete países remotos que ni amenazaban ni podrían amenazar la seguridad de Estados Unidos.
El mismo día de la matanza de El Paso se producía una idéntica de la que probablemente oiga hablar menos en Dayton. Quizá porque su protagonista era de extrema izquierda.
Como hemos dicho ya, da la deprimente sensación de que toda esa insistencia en acabar con los juicios y las descalificaciones personales, ese “¿quién soy yo para juzgar?”, es ridícula y descaradamente unidireccional y solo se aplica a un bando muy concreto de rígidos semipelagianos con cara de pepinilo en vinagre.