Defensores de la fe: san Juan Fisher

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En una época tan necesitada del ejemplo de los mártires y de cuantas personas hayan reivindicado la fe verdadera en contextos hostiles, Bibliotheca Homo Legens publica Defensores de la fe, un ensayo en el que el sacerdote norteamericano Charles P. Connor resume lo fundamental de las vidas de grandes personalidades de la historia de la Iglesia: san Agustín, santo Tomás Moro, san Ignacio de Loyola, Joseph Ratzinger…

El capítulo VII versa sobre sobre san Juan Fisher, obispo de Rochester, martirizado en tiempos de Enrique VIII, cuando se negó abjurar de la fe católica para abrazar la herejía.

Rector de la Universidad de Cambridge y defensor de la verdad

Fisher nació en 1469 en Yorkshireman y, tras una infancia marcada por la brillantez, fue aceptado en Cambridge a los 14 años. Seis años más tarde, sería ordenado sacerdote. Doctor en Teología por aquella universidad, fue designado como vicerrector y, un tiempo más tarde, como rector. Dada su erudición e inteligencia, a nadie le sorprendió demasiado el nombramiento.

Sí fue más sorprendente, sin embargo, su nombramiento como obispo de Rochester. De hecho, le desconcertó incluso a él mismo. A pesar de ello, pronto demostró sus dotes como pastor:

“Lo vio como un designio de Dios y devino un pastor de una enorme sensibilidad pastoral. Le preocupaban especialmente los pobres, los enfermos y los moribundos. Cuando un sacerdote de su diócesis bregaba con dificultades, no dudaba en intervenir y, si el caso requería disciplina, no se echaba atrás y hacía lo que fuera necesario”.

En tiempos extremadamente convulsos, de gran confusión, san Juan Fisher se reveló como ardiente defensor de la fe católica. A su disputa con Wycliff, que propugnaba un cristianismo sin la intermediación de la Iglesia, hemos de sumarle los cuatro volúmenes que escribió contra las tesis de Lutero.

El matrimonio de Enrique VIII y la defensa del papado

El tormento de Fisher comenzó en las postrimerías de la década de 1520, cuando fue elegido consejero de la reina Catalina en el proceso de anulación requerido por Enrique VIII. El obispo de Rochester no pudo defender con mayor contundencia la validez del matrimonio y, por ende, a la Iglesia y el papado. Ello despertó el odio de Enrique y, de hecho, el obispo padeció dos intentos de asesinato tras los cuales estaba, aparentemente, la mano de Ana Bolena.

Su renuencia a firmar el Acta de Supremacía, que declaraba a Enrique VIII cabeza de la Iglesia de Inglaterra, lo emparejó con santo Tomás Moro. Ambos fueron encerrados en la Torre de Londres, si bien Fisher sufrió un trato algo más humillante: no le permitían el acceso a los sacramentos.

En junio de 1535, un año después de que se dictase la sentencia, Fisher fue ahorcado, destripado y descuartizado.

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Comentarios
4 comentarios en “Defensores de la fe: san Juan Fisher
  1. San Juan Fisher, martir por no querer celebrar una misa diferente a la de Trento. Quién le iba a decir que prohibirían la de Trento en la Iglesia e impondrían ilegalmente pero a la fuerza un novus ordo protestante. Ironias de la vida.

  2. Como buen lefe-jorgista usted es un ignorante. San Juan Fisher no murió por temas litúrgicos. Lea un poco, tome la pastilla, y luego postee, tal vez le salga algo legible.

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