Vía Condotti es sin duda una de las más calles conocidas de Roma. Hordas de gente la recorren de arriba a abajo cada día a todas horas buscando los últimos accesorios de moda.
Si uno se asoma desde donde nace la avenida, dejando a mano izquierda la imponente vía del Corso, se encontrará con la Iglesia Santísima Trinidad de los Españoles, camuflada entre las tiendas de las mejores marcas que se disponen a ambos lados de la calle. Junto con otras muchas, la iglesia de Santísima Trinidad de los Españoles en Roma nos muestra otra de las huellas que nuestro país dejó en la que fue considerada la capital del mundo.
A principios del siglo XVIII, el arzobispo de Perú Fray Diego Morzillo, envió dinero a Roma para la construcción de un convento, una iglesia y un hospicio secular. Esta iglesia pertenecía a la Orden de la Santísima Trinidad y de la Redención de Cautivos, fundada por los santos Félix de Valois y Juan de Mata en el siglo XII, y su primera piedra se colocó el 21 de mayo de 1741 de la mano del cardenal Javier Gentiles y bajo la dirección del arquitecto portugués Emamuel Rodríguez Dos Santos.
Debido a varios desacuerdos con la Orden, en 1746 se hizo cargo el español José de Hermosilla y Sandoval, responsable de la decoración interna. Poco después, la fundación fue puesta bajo el protectorado de la Corona de España por Real Decreto de Felipe V , el 10 de agosto de 1734.
Cabe destacar que en el año 1810 los edificios fueron confiscados bajo el dominio francés. Más tarde, los padres trinitarios decidieron transformar el convento en un «Colegio para las misiones del Extremo Oriente» de los Dominicos, convirtiéndose desde aquel momento en sus tutores y propietarios.