«Jesús murió por su compromiso con el pueblo»

«Jesús murió por su compromiso con el pueblo»

Religión Digital ha tenido el dudoso gusto de saludar el Viernes Santo anunciando, a través de su colaborador el sacerdote Faustino Vilabrille, que esta solemnidad celebramos un absoluto fracaso, porque Cristo no murió por nuestros pecados ni para darnos la vida eterna, sino para “denunciar a los opresores”. Sin mucho éxito, como parece.

“Jesús no murió por Dios, porque a Dios no le hacía falta para nada la muerte de su Hijo”, nos informa este Viernes Santo el portal Religión Digital por boca de su colaborador, el sacerdote Faustino Vilabrille. “Jesús murió por su compromiso con el pueblo, murió por denunciar a los opresores del pueblo, tanto políticos, como sobre todo religiosos oficiales “que ataban cargas pesadas, y las echaban a las espaldas de la gente sin arrimar ni un dedo para ayudar a llevarlas” (Ver Mateo 23,4).

Qué espantoso fracaso, qué muerte tan inútil; qué espejismo hemos estado viviendo durante veinte siglos, dos mil años de fe, de santos, de persecuciones, de mártires, hasta que ha llegado Vilabrille, el mismo que aprovechó la fiesta de Cristo Rey para aleccionarnos de que “llamarle a Jesucristo Rey es una verdadera ofensa”, y nos ha revelado el secreto trágicamente ignorado todo este tiempo: Jesucristo no murió por nuestros pecados; no murió para salvar el abismo que nos separaba de Dios y abrirnos la puerta de la Vida Eterna. Murió para denunciar a los opresores; su compromiso era con esa cosa nebulosa que tan buen resultado da a los demagogos y que cada cual interpreta a su gusto: el ‘pueblo’. Del que, se da por supuesto, están excluidos ‘los opresores’, una especie aparte.

Dice Vilabrille que Jesús no murió por Dios, “porque a Dios no le hacía falta para nada la muerte de su Hijo”. Pero, de algún extraño modo, su muerte sí era necesaria para denunciar a los opresores. Si a Dios, por ser Dios, no le “hace falta” la muerte de su Hijo, ¿por qué iba a hacer falta esa muerte para ejercicio tan inante -y repetitivo- como denunciar a los opresores? ¿No le sería más fácil destuirlos?

Hay una posibilidad de superar este dilema, y es que no se crea que Cristo era Dios. Entonces todo se explica, aunque incluso así sea un anacronismo ideológico bastante ridículo querer hacer de Jesús de Nazaret una especie de Martin Luther King o Mandela del Siglo I. Pero si Jesús no era Dios, la religión de don Faustino no es la cristiana, y Religión Digital hace un flaco favor -otro más- a la fe publicando sus columnas.

Porque el cristiano cree que la muerte de Cristo ha sido fructífera, la acción más fructífera de la historia del universo, la que nos ha reconciliado con Dios y nos ha abierto las puertas de la Vida Eterna. Pero si uno cree lo que cree Vilabrille, entonces la muerte de Jesús es una trágica banalidad. Porque los opresores siguen con nosotros, como ayer, como sin duda mañana.

Si lo de Jesús era un ‘compromiso político’, su muerte es una anécdota. Interesante, sin duda, para el historiador, pero nada más. Nadie se enfrenta a los leones por el ejemplo de un líder político fracasado, menos aún generaciones enteras de santos y mártires que dieron el testimonio de sus vidas.

Vilabrille no tiene demasiado amor a la Iglesia, según testifican sus textos, y es curioso en tal caso que se hiciera sacerdote católico, que es un modo de entrar directamente en esa estructura que tan a menudo condena. Pero no es un caso aislado, y la explicación tampoco es difícil: nadie daría un duro por los pensamientos de un Vilabrille fuera de la Iglesia, y lo sabe, como lo saben legiones de teólogos que contradicen tranquilamente la doctrina, que se sitúan con sus palabras fuera de la fe pero siguen viviendo de ella.

Lo sorprendente es que nuestra jerarquía muestra del modo más revelador su preferencia por esa publicación que tales textos favorece: con su publicidad. Esa que no verán ustedes en este portal.

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