La policía ha detenido a un hombre que penetró en la Catedral de San Patricio de Nueva York portando dos bidones de gasolina, líquido inflamable y mecheros, en la misma Semana Santa en que hemos visto arder la Catedral de Notre Dame.
El hombre, de 37 años, logró entrar en San Patricio con su carga incendiaria y fue detenido por los agentes cuando empezaba a derramar la gasolina por el suelo del templo, en un intento que recuerda poderosamente al incendio que apenas acaba de sofocarse en la parisina Catedral de Notre Dame.
El Departamento de Policía de Nueva York ha informado del incidente en una nota en la que añade que es “aún pronto” para establecer los motivos y determinar si se trata de un ataque terrorista.
Al ser detenido, el hombre explicó que se había quedado sin gasolina y atravesaba la catedral para acortar, pero la policía pudo comprobar que su vehículo tenía combustible de sobra.
En el caso de Notre Dame, el incendio intencionado se descartó durante las primeras horas cuando aún no se había desplomado siquiera la emblemática espira ni, por supuesto, iniciada una investigación formal, lo que ha sorprendido a muchos observadores después de la docena de ataques sufridos por iglesias en toda Francia las semanas anteriores, incluido el incendio de la segunda mayor de París, San Sulpicio.
Por su parte, en una entrevista televisada, uno de los arquitectos responsables de la Catedral entre 200 y 2013, Benjamin Mouton, descartó por completo la posibilidad de una negligencia durante las obras de conservación del templo. Los responsables de las mismas, por otra parte, han asegurado que no se estaban realizando tareas que pudieran provocar un accidente de este tipo.
El presidente Francés, gestor último de la Catedral como jefe de Estado de la Francia laica, donde los templos pertenecen al Estado y no a la Iglesia, ha anunciado que convocará un concurso internacional de arquitectos para hacer “una Notre Dame aún más bella” en cinco años, despertando el recelo de muchos fieles que temen que la desgracia sirva como excusa para ‘aliviar’ el significado católico de la iglesia.