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Razones para la desconfianza ante la minicumbre de los abusos

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La cumbre de los abusos nace ya lastrada por la evidente negativa a reconocer lealmente uno de los factores clave en esta oleada de escándalos: la extraordinaria proporción de homosexuales entre los perpetradores.

 

El Boston Globe, el mismo diario norteamericano que en 2002 lanzó la bomba que habría de iniciar la primera oleada de escándalos de abusos sexuales clericales en el pontificado de San Juan Pablo II, titula su editorial sobre la cumbre inminente en Roma sobre esta cuestión con la dramática advertencia: “Ahora o nunca”.

La idea que quiere transmitir el diario es que si esta cumbre episcopal no logra coger el toro por los cuernos y dar con la fórmula para atajar esta plaga, ya no habrá otra oportunidad.

Un diario, como su nombre indica, es el exacto opuesto a la Iglesia Católica al menos en un punto; en que tiene la atención enfocada en la más rabiosa actualidad, es decir, en lo pasajero y efímero, mientras que la fe se dirige al hombre eterno con un mensaje que tiene idéntico valor ayer, hoy y mañana.

No creemos que esta sea, realmente, la ‘última’ oportunidad para que la Iglesia resuelva el escándalo, y es un consuelo y un alivio porque nuestras esperanzas de que de esta cumbre salgan soluciones eficaces son, por decirlo suave, bastante limitadas.

La principal razón es que no se puede resolver un problema cuando quienes se proponen hacerlo excluyen de entrada factores esenciales y evidentes del mismo. Lo veíamos en lo que se podría llamar el ‘razonamiento inacabado’ del cardenal Blaise Cupich, organizador del evento por encargo del Papa. Cupich reconocía, al fin, públicamente que no solo la abrumadora mayoría de los casos de abusos conocidos entre el clero eran de naturaleza homosexual, sino que este dato era importante y había que tenerlo en consideración. Pero en seguida añadía tajante, como quien enuncia un solemne dogma por todos admitidos, que eso no es causa alguna en la oleada de abusos.

Bien, entonces, ¿qué? Esa es la parte que falta, una parte esencial, la conclusión. Es decir, sí es significativo que en torno al 80% de los casos de abusos sexuales por parte de clérigos es un dato importante y significativo, pero la homosexualidad no tiene absolutamente nada que ver con los abusos, ¿qué explicación tiene? Alguna habría que dar, ¿no? Es indigno, desconcertante que un ser racional enuncie esas dos premisas y se quede ahí, sin aparente curiosidad por saber qué significan, sin el menor intento de avanzar alguna explicación plausible, la que sea.

Y esta huida de la verdad, de lo evidente y evidentemente incómodo; eso mismo a lo que urge el mensaje de los cardenales Burke y Brandmüller a los presidentes de las conferencias episcopales convocados a la cumbre, es lo que nos hace desesperar de que pueda salir de ella otra cosa que una tramoya, un maquillaje, una operación de imagen y relaciones públicas que salve la cara de la jerarquía… Hasta la próxima.

Un observador casual que contemplara toda la escena desde fuera, sin especiales conocimientos, estaría tentado a concluir que no existen ya mecanismos para impedir estas conductas o para castigarlas cuando se producen. Tal como se informa de este asunto, se diría que, hasta hoy, la Iglesia no penaba estas conductas y que nunca se preocupó de prevenirlas; casi que veía como minucias y pecadillos sin importancia los abusos de sus clérigos.

Naturalmente, no es así. Hay mecanismos, hay normas detalladas, hay salvaguardas, resmas y resmas de leyes, códigos, paneles, consejos, comisiones y demás. Pero, en el mejor de los casos, una ley es tan eficaz como la voluntad de aplicarla por parte de los responsables, y eso es especialmente en una estructura rígidamente piramidal como es la Iglesia Católica.

La negativa empecinada en investigar el grado de penetración homosexual en el clero e incluso el insistente rechazo a ver en ello algún problema, siquiera potencial, lastra por completo cualquier intento de limpiar estos establos de Augías, porque sin la verdad, sin admitir la dolorosa verdad, es imposible resolver este o cualquier otro problema.

Las palabras del Papa en este aspecto, aun cuando puedan juzgarse ambiguas o insuficientes, han sido siempre adecuadas. Pero sus actos, sus silencios, sus decisiones, sus gestos y sus nombramientos las contradicen. El Papa ha dicho que un homosexual no debería ser ordenado sacerdote, pero también que el problema de los abusos es el ‘clericalismo’, ni siquiera la simple y llana lujuria. Acepta y defiende el veto contra la ordenación de gays, pero se complace en rodearse de clérigos homosexuales u homosexualistas o de favorecerlos, desde Ricca a McCarrick, desde Zanchetta al propio Cupich o a su nuevo camarlengo, Kevin Farrell.

Uno aprende en seguida el valor de los gestos, de los guiños, cuando se mueve en una estructura rígidamente jerárquica donde todo, en última instancia, depende de la voluntad de una persona; uno sabe pronto en qué debe insistir machaconamente y qué debe ignorar para prosperar en el calafón o siquiera mantenerse, y para ello no valen solo declaraciones aisladas, menos aún las que confirman tesis asentadas en el pasado.

 

11 comentarios en “Razones para la desconfianza ante la minicumbre de los abusos
  1. “Y esta huida de la verdad, de lo evidente y evidentemente incómodo…”.
    “La verdad os hará libres”, dijo nuestro Señor Jesucristo, pero da la impresión que tales palabras han perdido significación en los tiempos en que vivimos.

    “Las palabras del Papa en este aspecto, aun cuando puedan juzgarse ambiguas o insuficientes, han sido siempre adecuadas. Pero sus actos, sus silencios, sus decisiones, sus gestos y sus nombramientos las contradicen”.
    Es una constante en él. El “haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago” lo caracteriza.

    ¡Dios mío, ven en auxilio de Tu Iglesia. Señor, date prisa en socorrerla! ¡Ven, Señor Jesús, que las cosas se están complicando bastante!

  2. La Iglesia prevalecerá a pesar de los indeseables que se encuentran en ella, porque no la llevan los obispos, ni los curas, ni laicos, que son trepadores, pederastas, ladrones, malversadores de fondos, déspotas, nepotistas,.. sino que la lleva el Espíritu Santo en la gente sencilla que está cargando con los pecados de los demás a imagen de Cristo sufriente.

  3. Menos mal que a pesar de los hombres, la Iglesia, la lleva el Espíritu Santo en aquellos que dan la vida por ella, sin ser altaneros, ni ambiciosos, ni déspotas, ni nepotistas, sean obispos, curas y laicos.

  4. Dificilmente este problema lo van a resolver, los que pueden estar contaminados. El peor juez de uno, es uno mismo. La gente que ha sufrido los desmanes de la Iglesia, que no es sólo la jerarquía, sino que es todo el Cuerpo de Cristo, cabeza y miembros, saldrá adelante porque la fe está muy por encima de la institución eclesial, porque “es el Espiritu el que clama en nuestro espíritu, Abba, Padre,” porque somos hijos de Dios, y no de los obispos, ni de los curas, ni de laicos de reputación dudosa, etc.

  5. Me parece que la raiz del problema se debe al poder economico que tiene una gran parte de la jerarquia eclesiastica. Muchos lideres se han enriquecido a costa del pueblo y viven una vida de lujo, el dinero y el poder los ha corrompido y es obvio que no van a renunciar facilmente a estas comodidades voluntariamente. Hay que juzgarlos civilmente, que devuelvan lo que se han robado, o lo recibido a cambio de hacer fevores.

  6. El Vaticano ha guardado silencio sobre las auditorias que ordeno el Papa Benedicto meses antes de su “renuncia”; cuales son los nombres de los corruptos y cuanto se llevaron? Deberian hacerse juicios Publicos.

  7. Qué tristeza que sea cierto todo lo que se dice,. El poema de Sta Teresita dice:. En el corazón, de mi madre, la Iglesia, yo seré, el amor, , solo queda amarla, rechazar la idea de dejarla, y esperar,,, que Dios, no ha de tardar en remediar todo ésto

  8. El problema, el problemón, está en la cúspide, en la cátedra de Pedro. Esta cumbre no se ha convocado para resolver los abusos, y menos el gravísimo problema de la sodomía clerical, sino para empezar a cuestionar el celibato y hasta el mismo sacerdocio. Los media anti Iglesia quedarán más que satisfechos, pues los abusos les traen sin cuidado, aunque le echen teatro y parezca lo contrario, y la sodomía la ven con muy buenos ojos, buenísimos.

  9. Es muy difícil que se resuelva de forma neutral. ¿Quién asegura que los investigadores no han estado implicados en ello? Es como muchos juicios. No creo en la justicia humana.

  10. No sé qué pretenden ¿una cumbre contra los homosexuales? Verdaderamente el hecho de que sean homosexuales o no ¿cambia la solución? La raíz es lo que en esta ocasión, sabiamente, ha denunciado el Papa: el clericalismo (aunque en la práctica el Papa más bien ha retrocedido en erradicar esta conducta). El clericalismo y la falta de fe: el que los clérigos sean intocables, que se favorezca un aura de santidad incuestionable a su favor y que nunca den cuenta de nada, porque sus obispos han asumido esa misma conducta clerical, tomando como primera misión proteger y “comprender” a sus curas. Por eso también todo el Derecho Penal Canónico lo han dejado en agua de borrajas, para ser “comprensivos” con los curas, en vez de rigoristas… Clericalismo y heterodoxia han sido el cóctel mortalmente ponzoñoso.

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