Ada Colau: «El Papa está muy preocupado con el auge de la ultraderecha»

Ada Colau: «El Papa está muy preocupado con el auge de la ultraderecha»

«El Papa está muy preocupado con la ultraderecha que crece», ha declarado la alcaldesa radical de Barcelona, Ada Colau, tras reunirse en Roma con el Santo Padre junto a su homóloga madrileña, Manuela Carmena, y a Óscar Camps, fundador y director de la ONG Proactiva Open Arms, que se coordina con los traficantes de personas. Esperamos una pronta rectificación de sus palabras por parte de la Santa Sede.

 

“Hay que defender un proyecto europeo y democrático», ha señalado la alcaldesa antisistema de Barcelona, Ada Colau, a la vuelta de su encuentro en Roma con el Papa junto a Manuela Carmena y el director de la ONG Proactiva Open Arms, Óscar Camps. «El discurso del miedo, de demonizar a las personas que huyen del horror que hay en Libia nos lleva solo a generar más dolor y más horror. Y eso en Europa ya lo conocemos. Y eso lo hemos hablado con el Papa, que está muy preocupado con la ultraderecha que crece, con los discursos del odio…».

En la rueda de prensa a su vuelta de la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Panamá, Su Santidad excusó su postura equidistante con respecto a los dramáticos sucesos que se viven en Venezuela, duramente criticada por numerosos ex mandatarios latinoamericanos, citando la necesidad de «prudencia». «Si me pusiera a decir “háganle caso a estos países o a esos otros”, me pondría en un papel que no conozco», dijo. «Sería una imprudencia pastoral por parte mía y haría daño».

Una vez más, a su vuelta de Emiratos Árabes, evadió la cuestión de una mediación vaticana en la crisis venezolana, pretextando que eso es algo que tienen que pedir las dos partes de un conflicto. Hay un principio más evidente, y es que el Papa no es una autoridad política, sino religiosa, y debe abstenerse de declaraciones que supongan una indebida injerencia en el gobierno interno de los Estados. Ya provocó en su día cierto clamor la carta enviada a Lula da Silva en la cárcel en la que cuestionaba la imparcialidad de los tribunales brasileños.

Eso no significa, naturalmente, que el Papa no pueda opinar de política. Puede y debe, porque las tareas de gobierno tienen siempre un aspecto moral, en algunos casos en cuestiones tan claras como la destrucción voluntaria y legal de la vida humana inocente. Para eso, precisamente, para orientar al votante cristiano, elaboró Benedicto XVI una breve lista de principios irrenunciables que debe cumplir una opción de gobierno para merecer el respaldo personal de un católico.

Lo que no puede darse es una injerencia ideológica, es decir, que el Papa favorezca o apoye movimientos o ideologías que, buenas o malas, entran dentro de lo opinable y cuyo respaldo procede de preferencias personales de quien interinamente ocupa la Cátedra de Pedro.

Dudamos, por tanto, de que Colau haya hecho otra cosa que tratar de instrumentalizar su visita, deformando las palabras de Su Santidad. En caso contrario, ¿a qué se referiría Francisco? ¿Cuál es la «ultraderecha que crece» y que le preocupa? ¿Vox?

¿Tendría sentido que el Vicario de Cristo estuviera alarmado por una supuesta «ultraderecha en ascenso» que se acerca más al cumplimiento de los principios irrenunciables -aunque ha dejado claro en numerosas ocasiones que no se trata de un partido católico, al contrario del que ha propiciado la Curia en Italia- que cualquier otro, más cuando recibe a alcaldesas que representan su absoluta y radical negación?

Mientras no tengamos confirmación de la Santa Sede, no podemos ni queremos creer que un Papa que llama a Emma Bonino -abortista entusiasta, en la teoría y en la práctica- «una de las grandes de la política» pueda alarmarse por la llegada a la palestra política de un partido que quiere conservar los valores y principios de esa civilización que creó la Iglesia Católica.

 

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