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El sueño más profético de san Juan Bosco

Imagen del sueño de don Bosco
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Hoy, 31 de enero, la Iglesia celebra la solemnidad de san Juan Bosco, un sacerdote al que quizá todos recordemos por sus sueños. Aunque aquel humilde sacerdote salesiano nunca quiso servirse de ellos como medio para alcanzar fama o renombre – su propósito era exclusivamente didáctico -, lo cierto es que su repercusión ha sido notable.

Los sueños de don Bosco se cuentan por centenas; sin embargo, el más conocido – tal vez por su irrefutable carácter profético – sea el de ‘Las dos columnas’. Éste retrata, a través de una vigorosa alegoría, las persecuciones contra la Iglesia, así como los asideros de ésta: la Virgen Inmaculada y la Eucaristía.

Preguntado por el sentido del sueño por uno de sus alumnos, el beato Miguel Rúa, don Bosco resaltó su carácter premonitorio: ‘Las naves de los enemigos son las persecuciones. Se preparan días difíciles para la Iglesia. Lo que hasta ahora ha sucedido no es casi nada en comparación con lo que tiene que suceder’. Las palabras del santo tienen especial vigencia hoy, cuando los enemigos de la Iglesia se han infiltrado en ella y miles de personas mueren cada año por el mero hecho de profesar su fe.

Aquí recogemos el sueño, narrado a finales de mayo de 1862:

«Os quiero contar un sueño. Es cierto que el que sueña no razona; con todo, yo que Os contaría a Vosotros hasta mis pecados si no temiera que salieran huyendo asustados, o que se cayera la casa, les lo voy a contar para su bien espiritual. Este sueño lo tuve hace algunos días. Figúrense que están conmigo a la orilla del mar, o mejor, sobre un escrollo aislado, desde el cual no ven más tierra que la que tienen debajo de los pies. En toda aquella superficie líquida se ve una multitud incontable de naves dispuestas en orden de batalla, cuyas proas terminan en un afilado espolón de hierro a modo de lanza que hiere y traspasa todo aquello contra lo cual llega a chocar. Dichas naves están armadas de cañones, cargadas de fusiles y de armas de diferentes clases; de material incendiario y también de libros, y se dirigen contra otra embarcación mucho más grande y más alta, intentando clavarle el espolón, incendiarla o al menos hacerle el mayor daño posible.

A esta majestuosa nave, provista de todo, hacen escolta numerosas navecillas que de ella reciben las órdenes, realizando las oportunas maniobras para defenderse de la flota enemiga. El viento le es adverso y la agitación del mar favorece a los enemigos. En medio de la inmensidad del mar se levantan, sobre las olas, dos robustas columnas, muy altas, poco distante la una de la otra. Sobre una de ellas campea la estatua de la Virgen Inmaculada, a cuyos pies se ve un amplio cartel con esta inscripción: Auxilium Christianorum. Sobre la otra columna, que es mucho más alta y más gruesa, hay una Hostia de tamaño proporcionado al pedestal y debajo de ella otro cartel con estas palabras: Salus credentium. El comandante supremo de la nave mayor, que es el Romano Pontífice, al apreciar el furor de los enemigos y la situación apurada en que se encuentran sus leales, piensa en convocar a su alrededor a los pilotos de las naves subalternas para celebrar consejo y decidir la conducta a seguir. Todos los pilotos suben a la nave capitaneada y se congregan alrededor del Papa. Celebran consejo; pero al comprobar que el viento arrecia cada vez más y que la tempestad es cada vez más violenta, son enviados a tomar nuevamente el mando de sus naves respectivas.

Restablecida por un momento la calma, el Papa reúne por segunda vez a los pilotos, mientras la nave capitana continúa su curso; pero la borrasca se torna nuevamente espantosa. El Pontífice empuña el timón y todos sus esfuerzos van encaminados a dirigir la nave hacia el espacio existente entre aquellas dos columnas, de cuya parte superior todo en redondo penden numerosas áncoras y gruesas argollas unidas a robustas cadenas. Las naves enemigas dispónense todas a asaltarla, haciendo lo posible por detener su marcha y por hundirla. Unas con los escritos, otras con los libros, con materiales incendiarios de los que cuentan gran abundancia, materiales que intentan arrojar a bordo; otras con los cañones, con los fusiles, con los espolones: el combate se toma cada vez más encarnizado. Las proas enemigas chocan contra ella violentamente, pero sus esfuerzos y su ímpetu resultan inútiles. En vano reanudan el ataque y gastan energías y municiones: la gigantesca nave prosigue segura y serena su camino. A veces sucede que por efecto de las acometidas de que se le hace objeto, muestra en sus flancos una larga y profunda hendidura; pero apenas producido el daño, sopla un viento suave de las dos columnas y las vías de agua se cierran y las brechas desaparecen.

Disparan entretanto los cañones de los asaltantes, y al hacerlo revientan, se rompen los fusiles, lo mismo que las demás armas y espolones. Muchas naves se abren y se hunden en el mar. Entonces, los enemigos, encendidos de furor comienzan a luchar empleando el arma corta, las manos, los puños, las injurias, las blasfemias, maldiciones, y así continúa el combate. Cuando he aquí que el Papa cae herido gravemente. Inmediatamente los que le acompañan acuden a ayudarle y le levantan. El Pontífice es herido una segunda vez, cae nuevamente y muere. Un grito de victoria y de alegría resuena entre los enemigos; sobre las cubiertas de sus naves reina un júbilo indecible. Pero apenas muerto el Pontífice, otro ocupa el puesto vacante. Los pilotos reunidos lo han elegido inmediatamente; de suerte que la noticia de la muerte del Papa llega con la de la elección de su sucesor. Los enemigos comienzan a desanimarse. El nuevo Pontífice, venciendo y superando todos los obstáculos, guía la nave hacia las dos columnas, y al llegar al espacio comprendido entre ambas, la amarra con una cadena que pende de la proa a un áncora de la columna que ostenta la Hostia; y con otra cadena que pende de la popa la sujeta de la parte opuesta a otra áncora colgada de la columna que sirve de pedestal a la Virgen Inmaculada. Entonces se produce una gran confusión.

Todas las naves que hasta aquel omento habían luchado contra la embarcación capitaneada por el Papa, se dan a la huida, se dispersan, chocan entre sí y se destruyen mutuamente. Unas al hundirse procuran hundir a las demás. Otras navecillas que han combatido valerosamente a las órdenes del Papa, son las primeras en llegar a las columnas donde quedan amarradas. Otras naves, que por miedo al combate se habían retirado y que se encuentran muy distantes, continúan observando prudentemente los acontecimientos, hasta que, al desaparecer en los abismos del mar los restos de las naves destruidas, bogan aceleradamente hacia las dos columnas, llegando a las cuales se aseguran a los garfios pendientes de las mismas y allí permanecen tranquilas y seguras, en compañía de la nave capitana ocupada por el Papa. En el mar reina una calma absoluta.

Al llegar a este punto del relato, San Juan Bosco le preguntó al Beato Miguel Rúa su opinión respecto a la narración. El beato, dubitativo, contestó: ‘Me parece que la nave del Papa es la Iglesia de la que es Cabeza; las otras naves representan a los hombres y el mar al mundo. Los que defienden la embarcación del Pontífice son los leales a la Santa Sede; los otros, sus enemigos, que con toda suerte de armas intentan aniquilarla. Las dos columnas salvadoras me parece que son la devoción a María Santísima y al Santísimo Sacramento de la Eucaristía’.

Don Bosco quedó satisfecho: ‘Has dicho bien. Solamente habría que corregir una expresión. Las naves de los enemigos son las persecuciones. Se preparan días difíciles para la Iglesia. Lo que hasta ahora ha sucedido es casi nada en comparación a lo que tiene que suceder. Los enemigos de la Iglesia están representados por las naves que intentan hundir la nave principal y aniquilarla si pudiesen. ¡Sólo quedan dos medios para salvarse en medio de tanto desconcierto! Devoción a María Santísima. Frecuencia de Sacramentos: Comunión frecuente, empleando todos los recursos para practicarlos nosotros y para hacerlos practicar a los demás siempre y en todo momento. ¡Buenas noches!

Las conjeturas que hicieron los jóvenes sobre este sueño fueron ingentes, especialmente en lo referente al Papa; pero don Bosco no añadió ninguna otra explicación. Cuarenta y ocho años después —en A.D. 1907— el antiguo alumno Juan Ma. Bourlot recordaba perfectamente las palabras de San Juan Bosco.

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7 comentarios en “El sueño más profético de san Juan Bosco
  1. Creo que este sueño,ya se está haciendo realidad,con el sisma que nuestra iglesia está ya sufriendo,entre sus porpurados.

      1. La parte de Amores Laetitia que parece indicar un cambio doctrinal y que suscitó las dubias y la correctio filialis.
        Así como los guiños al lobby LGTBI que se pueden ver tanto en ciertos comentarios como en la confianza puesta por Francisco en sacerdotes como James Martin, pro LGTBI.
        Todo esto en medio de una confusión en gestos y palabras por un lado, y una AUSENCIA de claridad de la afirmación de la doctrina, necesaria tanto por cómo están las cosas con respecto a estos temas, y por la confusión generada desde la propia jerarquía.
        Parece como si la falta de claridad fuera pretendida y buscada, y se siguiera la agenda de los modernistas infiltrados dentro de la Iglesia, al servicio del nuevo orden mundial.

  2. Resulta de tremenda actualidad el sueño de Don Bosco. Hoy vemos como efectivamente los enemigos de la Iglesia, tratan de hundir la Nave de la Fe y de la Esperanza, que se mantiene firme, a pesar de la turbulencia y los ataques que perfilan contra ella. Las sectas demensiales y las Ideologías aberrantes, buscan torpedear la estabilidad de la Nave, golpeándola en la línea de flotación que viene a ser el Magisterio y la autoridad del Pontífice Romano.. Pero, habría que agregar hoy, a los enemigos infiltrados, los que siendo lobos, se presentan con piel de cordero. Ellos socavan desde dentro la credibilidad del Magisterio, apoyando y santificando los planes del Demonio, que a través de la Masonería enquistada en la Curia, busca llamar a lo malo bueno, y a lo bueno, malo. Un ejemplo, es el apoyo irrestricto de algunos purpurados a el homosexualismo, y con esto, desvirtuar la enseñanza Apostólica.. Otro, el nombramiento de Cardenales y sacerdotes con una clara vocación marxista..

  3. Me ha llamado la atención cuando el capitán de la nave llama a los otros capitanes para pedir consejo y la tempestad arrecia, por segunda vez lo hace y la tempestad los devuelve a sus naves. Me suena eso al Papa con su consejo de cardenales, que me temo que no han resuelto nada y en el sueño tampoco. Tiene que ser el Papa el que tome las decisiones.

    Y por supuesto todo lo que no sea confiar en la Eucaristía y en la Santísima Virgen es inútil.

  4. La forma de hablar o vivir la devoción a la Eucarístia y a La Virgen Maria, creo son los dos signos para saber quienes son de Dios y quienes son enemigos de la Iglesia, dentro y fuera de ella.

  5. A este sueño le sigue otro denominado «la marcha de los doscientos dias».
    El sueño se refiere al Papa Juan Pablo I, asesinado por la masonería. Posteriormente es elegido Papa Juan Pablo II. Nadie como él nos ha llevado a Nuestra Madre, Maria Santísima, , y a la Divina Eucaristía.
    La frase, » Lo que hasta ahora ha sucedido es casi nada en comparación a lo que tiene que suceder», significa lo que ya ha ocurrido con el Papa Benedicto XVI, (Katejon), y el comienzo del período denominado «Ultimos Tiempos» y relatado bíblicamente en la 2ª Tes 2,3.
    Catecismo 675.
    Apocalipsis 13 y 14.
    Quienes NO estén amarrados a la Virgen Maria y a la Eucaristía, recibida, previa confesión sacramental, no podrán superar la prueba.
    Hechos 5,29: Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres.

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