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Los cinco peligros para la Iglesia sobre los que advertía el cardenal Caffarra

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En febrero de 2016, el cardenal Carlo Caffarra impartía una lección magistral en la Facultad de Teología de Bratislava bajo el título “La Iglesia y el hombre de la posmodernidad”. En las páginas de No anteponer nada a Cristo -el libro póstumo del purpurado italiano publicado en España en el primer aniversario de su fallecimiento- se incluye un fragmento de este discurso en el que el cardenal Caffarra advierte acerca de cinco peligros que hoy amenazan a la Iglesia.

A continuación, pueden leer el fragmento de este discurso recogido en el libro No anteponer nada a Cristo:

“La alternativa a una Iglesia sin doctrina no es una Iglesia pastoral, sino una Iglesia del arbitrio y esclava del espíritu del tiempo: praxis sine teoría coecus in via, decían los medievales. Este peligro es grave y, si no se derrota, causa daños graves a la Iglesia. Al menos por dos razones. La primera es que, al ser la Doctrina Sagrada nada menos que la divina Revelación del plan divino sobre el hombre, si la misión de la Iglesia no está arraigada en ella, ¿qué puede decirle la Iglesia al hombre? La segunda razón es que cuando la Iglesia no se protege ante este peligro corre el riesgo de respirar el dogma central del relativismo: en lo que respecta al culto que debemos a Dios y a la atención que debemos al hombre, es indiferente lo que pienso de Dios y del hombre. La quaestio de veritate se convierte en una cuestión secundaria.

El segundo peligro es olvidar que la clave interpretativa de toda la realidad y, en especial, de la historia humana, no está dentro de la misma historia. Es la fe. San Máximo el Confesor considera que el verdadero discípulo de Jesús piensa en todas las cosas por medio de Jesucristo, y Jesucristo por medio de todas las cosas. Pongo un ejemplo muy actual. El ennoblecimiento de la homosexualidad, al que asistimos en Occidente, no hay que interpretarlo y juzgarlo tomando como criterio la corriente dominante de nuestras sociedades o el valor moral del respeto que se debe a cada persona, lo que sería metabasis eis allo genos, es decir, ir más allá del género, dirían los lógicos. El criterio es la Doctrina Sagrada sobre la sexualidad, el matrimonio y el dimorfismo sexual. La lectura del signo de los tiempos es un acto teologal y teológico.

El tercer peligro es el primado de la praxis [peligro de origen marxista]. Me refiero al primado fundacional. El fundamento de la salvación del hombre es la fe del hombre, no su acción. Lo que debe preocupar a la Iglesia no es, en primer lugar, la cooperación con el mundo en grandes procesos operativos para alcanzar objetivos comunes. La infatigable preocupación de la Iglesia es que el mundo crea en Aquel que el Padre ha mandado para salvar al mundo. El primado de la praxis lleva a lo que un gran pensador del siglo pasado llamaba la dislocación de las Personas Divinas: la segunda Persona no es el Verbo sino el Espíritu Santo.

El cuarto peligro, muy unido al anterior, es la reducción de la propuesta cristiana a una exhortación moral. Es el peligro pelagiano, que Agustín llamaba el horrendo veneno del cristianismo. Esta reducción tiene el efecto de hacer que la propuesta cristiana sea aburrida y repetitiva. Sólo Dios, en su acción, es siempre imprevisible. Y, de hecho, el centro del cristianismo no es la acción del hombre, sino la Acción de Dios.

El quinto peligro es el silencio sobre el juicio de Dios, por medio de una predicación de la misericordia divina hecha de tal modo que corre el riesgo de hacer desaparecer de la conciencia del hombre que escucha la verdad que Dios juzga al hombre.”

(Fragmento de la lección magistral “La Iglesia y el hombre de la posmodernidad” del cardenal Carlo Caffarra, recogido en el libro póstumo “No anteponer nada a Cristo” publicado por Homo Legens)

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