Caso Zanchetta: menos y más grave que el ‘caso McCarrick’

Caso Zanchetta: menos y más grave que el ‘caso McCarrick’

Lo de Zanchetta no es tan grave, ni de lejos, como lo de McCarrick. Pero es peor en lo que indica sobre la disposición de Roma a aplicar su famosa regla de ‘tolerancia cero’.

Sería totalmente injusto y desproporcionado, en un sentido, considerar el ‘caso Zanchetta’ como el ‘McCarrick argentino’. El ex obispo de Orán, recolocado de ‘asesor’ en el APSA -ambos nombramientos por decisión de Francisco- ocupaba un diócesis muy menor, mientras que McCarrick, arzobispo emérito de Washington, tuvo la carrera eclesial más brillante que se pueda desear sin llegar al Papado y fue durante décadas un ‘hacedor de reyes’ en la jerarquía de la primera potencia del planeta, y la conducta escandalosa del ex cardenal se prolongó durante medio siglo, mientras que los supuestos desmanes del argentino apenas han abarcado un lustro como obispo.

Pero, en otro sentido, su caso es peor que el del americano. Es peor en cuanto a lo que dice de la verdad determinación de Roma de acabar con una actitud frente a los abusos que tiende más a la ocultación y el disimulo que a la transparencia y la firmeza, a esa ‘tolerancia cero’ de la que Francisco hizo bandera desde el comienzo de su pontificado.

Los hechos son que Gustavo Zanchetta, que renunció hace año y medio al obispado argentino de Orán (Salta) alegando motivos de salud, dejó en realidad dicha sede tras ser acusado de abusos sexuales y de poder, recoge hoy la prensa argentina. En la actualidad es asesor de la ‘inmobiliaria’ vaticana, el APSA, un cargo que creó ‘ad hoc’ el Santo Padre.

No podemos saber bien cuánto sabía en realidad Francisco de McCarrick y, en cualquier caso, no fue él, sino Juan Pablo II, el responsable de su meteórico ascenso. En el caso de su compatriota Zanchetta cuesta más pensar que lo ignorara todo de este sacerdote, tanto más cuando su nombramiento fue decisión personalísima del Papa, pasando por encima de su escasa idoneidad y su corta edad para el puesto.

Zanchetta alegó una misteriosa enfermedad para renunciar al obispado, con tanta urgencia que ni siquiera se despidió de sus sacerdotes o feligreses. El mal parecía residir en la residencia episcopal, porque fue abandonarla y sanar súbitamente, al punto de asistir a los pocos meses a una conferencia en Madrid, donde gozó de la hospitalidad del arzobispo Carlos Osoro, antes de instalarse en la misma residencia papal, Casa Santa Marta, donde su anfitrión creó para él un puesto de asesor en la jugosa ‘inmobiliaria’ vaticana, el APSA.

Ahora estalla el escándalo y el malhadado sucesor de Greg Burke como portavoz interino de la Santa Sede, Alessandro Gisotti, se estrena con el amargo encargo de explicar esta extraña sucesión de acontecimientos. Y lo hace así: “Monseñor Gustavo Óscar Zanchetta no ha sido cesado de la diócesis de Orán. Fue él quien presentó la renuncia. La razón de su renuncia se asocia a su dificultad para gestionar las relaciones con el clero diocesano» que se volvieron «muy tensas».

Aclara a continuación Gisotti que «en el momento de su renuncia solo había contra él acusaciones de autoritarismo, pero aún no se había formulado ninguna de abusos sexuales».

Recapitulemos. El Papa nombra obispo a un sacerdote al que conoce personalmente y lo juzga tan idóneo que lo impone a la diócesis pese a su relativa juventud y su escaso currículum eclesial, y solo cinco años después se le hace renunciar por abuso de poder.

En cuanto a que no se conocieran otro tipo de abusos, ya en el verano de 2013, recién nombrado -fue uno de los primeros nombramientos episcopales de Francisco-, ya aparecen en la prensa las primeras denuncias. La publicación argentina Página|12 difundió una serie de durísimos testimonios contra él, incluyendo declaraciones como “Este no es un pastor con olor a oveja sino a lobo”, “el tipo es un hijo de puta y un degenerado, lamentablemente no puedo denunciarlo” y “hubo abusos en el seminario, de alguna manera él era el jefe y sometía a algunos chicos”, por parte de seminaristas, sacerdotes y feligreses.

Seguimos. Roma reacciona a estas acusaciones -digamos, solo las reconocidas por el propio portavoz, la de autoritarismo y abuso de poder- y le pide la renuncia. Ah, no, que renunció el voluntariamente, pero, como reconoce Gisotti, en relación a sus «tensas relaciones» con sus propios sacerdotes. Pero el Vaticano le permite mentir públicamente, inventándose una enfermedad por cuya prodigiosa curación inmediata tiene el absoluto descaro de agradecer «a Dios y a la Santísima Virgen».

Y este cúmulo de desgracias -y esto, sin contar con lo improbable que resulta que nadie hubiera leído las acusaciones de abusos aparecidos en la prensa- que presentan a Zanchetta como un pésimo gestor, autoritario y mentiroso, le valen la creación ‘ad hoc’ de un cargo en el mismo Vaticano, donde vive o ha estado viviendo en la misma casa del Papa.

¿Cómo les suena todo esto? ¿Ven probable que, con estos mimbres, vaya a salir de la reunión episcopal del mes que viene sobre abusos clericales algo eficaz y definitivo?

 

 

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