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Un año para olvidar

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2018, al que le quedan pocos días para agotarse, fue el año en que empecé a colaborar de forma regular en InfoVaticana, y este me parece un momento tan bueno como cualquier otro para tomarme una pequeña pausa, mirar lo que ha sido y preguntarme lo que viene, sin pretensiones de orden ni exhaustividad.

No ha sido un año especialmente feliz para la Iglesia, al menos por lo que he podido ver desde esta atalaya. Dios solo sabe contar hasta uno, decía el poeta francés Charles Peguy y, sí, de acuerdo, no se trata de un juego de números. Pero las cifras, los datos fríos, son reflejo de algo; son, al fin, almas lo que se está contabilizando cuando se hace la contabilidad deprimente de la Iglesia en Occidente, cuando se habla de iglesias que se cierran porque la gente ha dejado de acudir a ellas y monasterios que hay que vender porque las órdenes religiosas languidecen; cuando cae en picado el número de asistentes a misa, de vocaciones para el sacerdocio o la vida religiosa, de matrimonios sacramentales.

Y aun sería más llevadera esta melancolía de ver deshacerse la labor secular de una evangelización de siglos sin la disonancia del discurso que nos llega de Roma, de una nueva primavera, de una renovación abanderada por prelados añosos que leen en la juventud de hoy los anhelos de su propia juventud, medio siglo atrás. Es lo que hemos visto en ese tramposo ‘sínodo de la juventud’ en el que se ensayaron todas las artes manipuladoras del manual publicitario, y que acabó siendo, en el último minuto, un sínodo de la sinodalidad.

Se nos vendía, así, el paso a una ‘Iglesia sinodal’, participativa y asamblearia, justo en una asamblea que se había trucado y en la que ni siquiera se discutió lo que acabó apareciendo. Pero también se nos vendió una juventud estática, la juventud de Mayo del 68 rediviva, pidiendo más de lo que ya hay en abundancia, casi en exclusividad, hablando de la Iglesia de hoy como si fuera la de mis abuelos, sin advertir que lo que se quiere promocionar lleva ya décadas siendo la línea oficial, lo normal, lo que existe por defecto en la pastoral, lo único que yo mismo, que no soy precisamente joven, he conocido desde hace cincuenta años.

Si, desde mi esquina, tuviera que caracterizar las notas más relevantes que me han llegado de la jerarquía eclesiástica este año, me centraría en tres y, quizá curiosamente, pasaría por alto el área informativa más escandalosa y llamativa, la explosión del encubrimiento de casos de abusos sexuales -homosexuales, en la inmensa mayoría de los casos-, desde el ‘affaire McCarrick’ al explosivo Testimonio Viganò, pasando por el demoledor informe del gran jurado de Pensilvania y una retahíla de asuntos de menor eco mediático.

Pese al escándalo y al dolor y a las apostasías a que sin duda habrán llevado estos abusos ocultados, los juzgo un síntoma y una consecuencia, más que causa de nada. Que el pez empieza a pudrirse por la cabeza es cosa sabida.

No, lo que he visto de forma más constante y repetida ha sido, primero, confusión, ambigüedad y vaguedad doctrinales; en segundo lugar, mundanización de los mensajes, cada vez más políticos, más centrados en asuntos alejados de la fe y apegados a las modas y tendencias del siglo; y, finalmente, como consecuencia de lo anterior, cierta indefinible repugnancia por lo sobrenatural, por todo aquello que en nuestra fe hace referencia a lo va más allá de lo que vemos y del tiempo fugaz que nos ha tocado vivir.

En cuanto a lo primero, las Dudas planteadas por cuatro cardenales -dos de ellos ya fallecidos- en torno a puntos absolutamente claves de la exhortación papal Amoris Laetitia siguen, a día de hoy, sin responder, exactamente igual que las acusaciones vertidas por el arzobispo Carlo María Viganò en su famoso/infame testimonio.

Pero no hay comparación posible entre ambos silencios. El segundo, siendo grave, queda en una nimiedad, en errores de juicio, quizá, o en mera corrupción personal. En cambio, dejar de responder a lo que plantean los cardenales es dejar en la duda la naturaleza del mal moral objetivo y de tres sacramentos: el matrimonio, la penitencia y la Sagrada Eucaristía.

La ‘única interpretación posible’ -palabras del Papa en respuesta a las directrices de los obispos argentinos- ya se aplica en muchas diócesis de todo el mundo, donde los divorciados vueltos a casar -en determinados casos, con acompañamiento y blablablá- pueden acceder a la comunión sin dejar de vivir ‘more uxorio’ con una mujer o un hombre que, según la Iglesia, no es su cónyuge. Pero en otras partes no es así, con lo que la unidad de doctrina moral parece haberse roto y lo que es pecado en una jurisdicción no lo es unos kilómetros más allá.

También -con las mismas vagas y subjetivas condiciones- pueden comulgar en Alemania los cónyuges luteranos de fieles católicos. Entre las condiciones está creer en la Presencia Real, lo que haría, en buena lógica, que la persona dejara de ser luterana y le exigiría entrar en la Iglesia Católica, pero nadie aclara este absurdo. En este caso, la confusión rozó cotas récord, porque el Santo Padre, interpelado por un grupo de siete obispos alemanes, dijo que sí, que no y, finalmente, que lo resolvieran los propios prelados alemanes.

Hemos asistido a entrevistas y declaraciones en las que el Papa aparecía diciendo una cosa -que las almas condenadas no van al infierno, sino que desaparecer, o que Dios ha hecho a los homosexuales como son- que se han desmentido solo a medias o en absoluto, dejando al fiel en la más completa oscuridad. Los aviones de ida o vuelta de los viajes apostólicos del Papa se convertían en bombas de relojería merced a la descuidada locuacidad del Pontífice y una campechanía que casa mal con un oficio tan necesitado de precisión, discreción y prudencia.

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En cuanto a lo segundo, hemos visto a la Curia mucho más obsesionada con las mismas cosas que alarman a la élite política que con lo que supuestamente constituye su misión. El medio ambiente, con su dogma concomitante del Cambio Climático antropogénico, y la defensa radical de la migración masiva del Tercer Mundo a Occidente ha ocupado un espacio desproporcionado en los mensajes que nos llegaban desde Roma. Un Papa que responde a la huida de cristianos de las iglesias pidiéndonos que nos angustiemos y achacándolo serenamente al ‘signo de los tiempos’, nos urge en cambio a que combatamos un cambio climático del que no puede decirse que se sepa demasiado, para salvar a toda costa un planeta llamado en todo caso a su destrucción y que no va a ser nuestra morada definitiva.

Decía Chesterton que la Iglesia está para decirle al mundo, no lo que quiere oír, sino lo que necesita. Dudo que pudiera decir lo mismo de la jerarquía eclesiástica en 2018. Se me dirá que la insistencia del Papa en el cuidado de los más pobres, de los más necesitados, de los marginados, sí es un tema totalmente evangélico, del núcleo mismo del mensaje de Cristo, a lo que tengo que responder con tres puntualizaciones esenciales.

La primera es que ni ha sido nunca descuidado por la Iglesia la atención a los más necesitados ni, desde luego, es un asunto olvidado por el siglo, al menos en sus mensajes mediáticos continuos en una línea similar a la del Papa. Ya hable de los rohingya de Myanmar o de los hondureños al asalto de la frontera estadounidense, no hay tema que no haya sido explotado por medios que no están precisamente en manos de los sencillos.

En segundo lugar, este mensaje a favor de los ‘desheredados de la tierra’ se combina por una marcada preferencia por opciones políticas que, en todo caso, no han hecho más que multiplicar a los pobres, además de oprimir y reprimir a todos los demás. Desde que confesó ser de izquierdas en una entrevista, a principios de su pontificado, concedida a la Civiltà Cattolica, todo su fuego profético y severo dedicado para los líderes occidentales se volvía tierna comprensión y solicitud para los regímenes de Castro, Evo Morales o Lula da Silva.

En Italia, la jerarquía está en agria y constante pugna contra el gobierno de Giuseppe Conte y su ministro del Interior, Matteo Salvini, cuyo partido, la Liga, cuenta con el apoyo de más católicos practicantes que ningún otro. Y mientras se ‘misericordean’ agrupaciones y hermandades amantes de la tradición por todo el mundo, representantes de la marxista Teología de la Liberación como Leonardo Boff reciben cariñosos mensajes de cumpleaños.

Y, por último, esta preocupación por los pobres, aunque se traduce en algunos golpes de efecto, especialmente mediáticos, no se corresponde con iniciativas reales, como sería subvenir a las necesidades de los inmigrantes con, al menos, algunas de las 5.000 propiedades inmobiliarias que el Vaticano administra a través del APSA en lugar de hacerlo con la venta de espacios sacros. O escuchar las voces directas y reales de las conferencias episcopales de los países más pobres, en lugar de vivir pendientes de los caprichos teológicos y morales de los más ricos, como Alemania.

Y, por último, esa aversión a lo sobrenatural de la que hablábamos. Todo lo que parece importar es el aquí y el ahora, como si este fuera nuestro hogar definitivo y esta nuestra vida verdadera. Las últimas declaraciones en prensa del obispo de Oporto, pese a la tardía rectificación, son significativas. Domina la nueva teología alemana, basada en la duda -ningún dogma deja tema alguno asentado, declaró en su día el cardenal alemán Walter Kasper- y en el énfasis en lo comunitario e inmanente sobre lo sobrenatural y transcendente.

¿Qué viene ahora, qué esperar para 2019? Es de suponer que más de lo mismo. Nos espera en febrero la reunión extraordinaria de obispos para tratar del tema de los abusos pero, siendo el pupilo de McCarrick, el cardenal arzobispo de Chicago Blase Cupich, el encargado por el Papa de organizar el encuentro, ya podemos suponer que no va a ser nada radical y, desde luego, nada que haga referencia al elefante en la habitación de la homosexualización del clero.

Viene luego el Sínodo de la Amazonia que, como empieza a ser costumbre, no tiene que ver tanto con esa región del planeta -por lo demás, no más urgida de evangelización que España o Alemania- como con la abolición del celibato eclesiástico.

La abolición rumoreada de la Comisión Ecclesia Dei y la denuncia en la asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal Italiana del motu proprio Summorum pontificum de Benedicto XVI ya nos anuncia un recrudecimiento en el ataque a las formas de culto tradicionales, precisamente las que más crecen y más vocaciones atraen.

El ‘espíritu del Concilio’ trajo la desolación a la Iglesia, siquiera en lo que aprecia el ojo y para quien sabe sumar con los dedos, y el Santo Padre ha confesado que el objeto de su famosa ‘renovación’ es, precisamente, llevarlo a sus últimas consecuencias. Que sea lo que Dios quiera.

49 comentarios en “Un año para olvidar
  1. Suscribo todas sus consideraciones, pero la agonía de la Iglesia continúa porque sujetos cuyas palabras tienen un gran eco continúan desinformando continuamente por tierra, mar y aire (eh, ¡y a sueldo!) sin que apenas nadie se atreva a desmentirles. Uno de los más tenaces y manipuladores es Juan Vicente Boo, que no se entiende cómo todavía el prestigioso diario ABC lo mantiene en nómina, pese a sus constantes tergiversaciones y su adulación interesadísima al actual pontífice.

  2. Me parece que hay que terminar con el «espíritu del Concilio» porque el problema está en el mismo Concilio. Solo leer a De Mattei en su excelente libro de investigación premiado en Italia. Todo con rigor científico. En la parte dogmática, el libro de Gherardini, ya fallecido. El problema sigue estando en el Concilio y no soy lefe o sede…por eso no coincido con lo expuesto en el libro de Paco Pepe que tuve el gusto de leer.

  3. Excelente visión de la realidad de la Iglesia que nos toca vivir en este tiempo.
    ¡Dios mío, ven en auxilio de Tu Iglesia. Señor, date prisa en socorrerla! ¡Ven pronto, Señor Jesús, que las cosas están bastante complicadas!

  4. Lo más grave de todo, a mi juicio, es que se nos quiere vender un cielo sin infierno y sin conversión. Jesucristo ya murió en la cruz y no hace falta hacer nada más para llegar al Cielo. Basta dejarse amar por el misericordioso, que nos acepta como somos: ateo, creyente, agnóstico, musulmán, protestante, etc. Como el cielo ya lo tenemos asegurado y más que asegurado con la misericorditis que se nos quiere vender, no hay más remedio que ocuparse de crear el paraíso en la tierra, pues el pecado original es un cuento chino, que no se cree nadie, a base de ambientalismo, migracionismo, control de natalidad, sexo a discreción, pues los pecados son otros, vender paso a paso y demás pautas que establezca el pensamiento único global, al que la Iglesia debe someterse como la última voz del espíritu.

      1. Claro, claro, no deje de pensar en el infierno. Si no, irá usted a él en cambio si piensa en él, no irá. Ya está en el infierno, no puede ir. Es curioso, verdad?😟

        1. Tú sigue engañándote a ti mismo. Ya verás la risa floja que te entra si lees bien las veces en que Cristo advierte del peligro real del infierno..

          1. Ya veras, ya veras… 😊 Te pasas la vida temiendo lo que va a pasar. Oh que pasara cuando llegue el Juicio Final?😱 Me condenare. AH YA TE LO ADVERTÍ, MISERABLE MORTAL😣. Que miedo! Que miedo!😱. Quite an experience to live in fear, isn’t it? Le dice el replicante a Deckart. That’s what it is to ve a slave.

            Eres un esclavo. Encuentra la verdad y escapa.

      1. Debes aburrirte cantidad para dedicar tanto tiempo a leer webs que no te gustan y contestar a gente «trasnochada» y demás calificativos en cada artículo que publican.. 🤔

      2. Hola Lony, ¿tú por aquí? Lo que no sé es por qué la gente seria todavía tiene la santa paciencia de contestarte, cuando provocas, molestas y aburras al santo Job. ¡Que no, que no! A las trolas de los troles solo se les puede antitrolear.
        Así que anti-Troll y Gastón te dedicamos unos cuantos epítetos:
        reptiliano, brrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr
        trolero trrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr
        tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac,
        ¡Ay! no ese era otro. Bueno, también vale para ti.

          1. Ys esta el tontolaba este otra vez dizque desfaciendo entuertos y haciéndose pasar por.replicante y….libertino? Jajaja pobre hombre «Yo he mordido almohadas que vosotros no creeriais» Jajajaja ay, ay que me va a da argo con er tontolaba los cohone ^^

  5. Pobrecitos…!!!! se equivocaron y nacieron algún siglo después del suyo…y piensan que la culpa de que no se hayan encontrado con la Iglesia de su siglo la tenemos los otros y el Concilio Vaticano.
    Que no hombre que no… que el problema es estrictamente personal de ustedes…Déjenos tranquilos al resto y no nos enfanguen con sus problemas personales, para los que hay psicólogos y psiquiatras…

  6. Y sobretodo el Carlos Esteban, que este año se apuntó dice él a esta cofradía.
    Para escribir lo que escribe y a la velocidad que lo hace el hombre debe arrastrar una depresión de caballo además de una diarrea mental…y un mal corazón…!!!!
    Menuda lengua hasta el tipo…pero, eso sí, todo muy piadosa y castamente….!!!

    1. Pero por lo que se ve, tú te lo zampas todo. Cualquier psiquiatra o psicólogo, de esos a los que mandas a los demás, te diría que si tanto te molesta («déjennos tranquilos») y tanto te «enfanga» lo que aquí se escribe y comenta, lo tienes muy fácil, y que si, a pesar de ello, te gusta ser molestado y enfangado, es que lo tuyo es anormal y, por desgracia, no tiene arreglo. El que debería dejar de molestar y «enfangar», e irte con los católicos «normales», eres tú.

  7. ¿Qué viene ahora, qué esperar para 2019? Es de suponer que más de lo mismo. Y termina diciendo Carlos Esteban: -Que sea lo que Dios quiera.

    -Ciertamente como así debe de ser, ya sea con renglones torcidos o derechos; será lo que Dios quiera. Aunque, yo al menos, estoy seguro que no será lo que el mundo y sus proyectos de vida desean que sea.

    1. Colega, es que yo he aprendido a disentir sin entrar en discordia. De mi boca no sale ya ningún exabrupto. Y si quieren borrarme, que lo hagan. Como Jesucristo, solo digo la verdad. Aunque me quiten la vida (la del blog, de momento, se entiende)😘

  8. ¿ ¿Catolico normal? ¿Que significa catolico normal? Los que van a misa los domingos y despues se van a tomar el aperitivo con la parienta y amigos,para hablar del futboly los ultimos cotilleos de la semana? Los que le trae sin cuidado lo que esta pasando y no quieren pensar porque eso tal vez les quita la paz?
    ¿ Les suena esto?:
    PPORQUE NO ERES NI FRIO NI CALIENTE, ESTOY PARA VOMITARTE DE MI BOCA»

    1. Eso es ser un católico normal, sí. Has dado en el clavo. Parece que tu y yo no somos así. Tenemos un compromiso más serio. Si quieres hablamos de ello más adelante. Así les damos ejemplo. O mejor, Jesús se lo da por nosotros.🙏

  9. Chester Ton:
    Menos mal que es sincero y no se pone el alias como el gran Chesterton…al que por las bobadas que dice, no le llega a la zuela del zapato.
    Y recuerde: Por la boca muere el pez.
    No escriba zandeces ni presuma de lo que seguramente mucho de lo que dice que disfruta, son recuerdos de algo que ya no volverá… ¡ Resignese! Asi es la vida.

  10. A propósito de esta iglesia, de lo poco que queda de la iglesia..aunque enorme aún comparado con lo que quedará en menos de unos años… mi opinión es que se enfrenta a una tesitura como la que advirtió Lord Winston Ch. Spencer acerca de Inglaterra y sus concesiones al apaciguamiento con sus enemigos. No les queda otra, no busquen otro camino..no lo hay.

  11. No es un año para olvidar; es un año para aprender lo que no se debe hacer: no acercar a los lejanos, al decirles que Dios los acepta como son, y espantar a los cercanos, a base de insultos, en especial de rígidos, y persecuciones.

  12. Por favor, esto se está convirtiendo en una casa de…mala fama. Hagan algo con los trolls. Si no, se van a quedar sin comentaristas serios. Yo, por mi parte, renuncio a debatir con imbéciles. Esto se va pareciendo demasiado a una pocilga.

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