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Francisco insiste en su último vídeo en que ‘adaptemos’ el lenguaje de la fe al del mundo

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El Papa, en el vídeo recién publicado sobre su intención mensual, vuelve a insistir en la necesidad de ‘adaptar’ el lenguaje del Evangelio a la audiencia moderna, una receta que lleva medio siglo revelando su ineficacia.

Ha salido el vídeo con la intención del Papa de este mes, ‘Al servicio de la transmisión de la fe’, con este mensaje:

“Si uno quiere compartir su fe con la palabra, tiene que escuchar mucho. Imitemos el estilo de Jesús que se adaptaba a las personas que tenía ante Él para acercarles el amor de Dios. Recemos para que las personas dedicadas al servicio de la transmisión de la fe encuentren un lenguaje adaptado al presente, en diálogo con la cultura, en diálogo con el corazón de las personas y sobre todo escuchando mucho”.

Las palabras del Papa, recitadas por él mismo, entrelazan su imagen con un corto de unos jóvenes preparando una función de Navidad o belén viviente bastante multicultural. Visualmente no es en absoluto distinto a miles de ‘spots’ comerciales, que combinan una improbable diversidad racial con una ausencia absoluta de diversidad estética: todos son guapos y están bien hechos, como mandan los canónes publicitarios.

En el brevísimo mensaje están, sin embargo, algunas de las preocupaciones obsesivas de Su Santidad, como el ‘diálogo con la cultura’ y la ‘actualización’ del modo de transmitir el mensaje para ‘adaptarlo’ al tiempo presente. También es significativa la expresión, en su primera frase, de ‘compartir su fe’, preferida a ‘predicar el Evangelio’, que suena demasiado cercana, imaginamos, al aborrecido ‘proselitismo’.

La idea de que el modo más eficaz de transmitir un mensaje es adaptarlo al receptor, utilizar los medios que lo hagan más comprensible a la audiencia imitando los mismos códigos que esta, parece una perogrullada. Es, por lo demás, la ‘idea fuerza’ de todo el Concilio Vaticano II, del que su iniciador, Juan XXIII, esperaba que inaugurara una ‘primavera eclesial’ con el sencillo procedimiento de actualizar los modos de transmisión de la fe, como insiste ahora Francisco.

Hay solo una pequeña pega, quizá pasada por alto, una minucia: este método tan obvio, tan elemental, tan de perogrullo, no está funcionando. Lo que ahora, este mes, en este vídeo, recomienda el Papa no es exactamente nuevo; es el estado normal, el sistema por defecto de transmitir la fe en todo el mundo desde el final del concilio. Suena hasta raro, como si estuviera recomendando a los conductores circular por la derecha a modo de insólita novedad. Y, como decía, en lugar de haber provocado un multitudinario acercamiento del mundo a la fe, el consejo desencadenó la más apabullante apostasía masiva sin persecución de la Historia de la Iglesia.

Repetir idénticas causas en la esperanza de que produzcan resultados diferentes es la definición de locura, según una frase que se le atribuye a Albert Einstein, probablemente sin culpa alguna. Así que quizá podamos explorar algunos motivos por los que esta adaptación del lenguaje, este ‘diálogo con la cultura’, está dando un resultado tan espantoso y opuesto al pretendido y aparentemente lógico. Se me ocurren algunos.

Un mensaje tiene, en efecto, que ser comprensible para el receptor, y por tanto debe emplear al menos algunos significantes que el oyente comparta. Pero la forma también dice mucho del fondo, especialmente cuando se están transmitiendo realidades sobrenaturales y misterios de la fe. En ese sentido, una vulgarización del lenguaje puede transmitir en sí misma la idea adicional de que lo que se está contando es vulgar, una narración más, un mensaje más de los muchos con que nos bombardean los medios a diario. Si usas el mismo lenguaje que un anuncio de colonia, lo normal es que se te escuche como a un fabricante de colonia, como a alguien que vende algo.

Pero el mensaje del Evangelio va a la raíz de la existencia humana, aspira a ser la asombrosa respuesta definitiva a los más profundos anhelos del corazón humano, y quizá un lenguaje más solemne del habitual, incluso más extraño y misterioso, tenga mayor capacidad de reflejar ese carácter transcedente.

Dicho de otro modo, la manera en que se transmite una verdad debe reflejar algo de esa misma verdad, de la posición que ocupa en el rango de las verdades. Y esto no se aplica solo a la fe, en absoluto: todos adaptamos nuestro lenguaje, no solo a los códigos de los oyentes, sino también a la naturaleza misma de lo que se transmite. Las leyes tienen sus formalidades, como las tiene la ciencia; ni siquiera pide uno en matrimonio en el mismo tono casual en que se pide a alguien que te pase la sal en la mesa.

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Dice Su Santidad en el mensaje del vídeo que Jesús “se adaptaba a las personas que tenía ante Él “. Es difícil saberlo, sobre todo porque ese “adaptarse” puede entenderse de muchas maneras. Aparentemente, al menos, de la lectura del Evangelio obtenemos una notoria regularidad en su lenguaje, hablara con quien hablara; no es fácil advertir esa ‘adaptación’ de la que habla el Santo Padre, salvo que se refiera al hecho obvio de que tenía en cuenta las circunstancias de las personas que tenía delante. Pero fuera de lo más evidente, no advertimos adaptación alguna ni en el mensaje ni en el modo de expresarlo, más bien todo lo contrario, aunque no es imposible que eso se deba a que prácticamente todo el mundo con el que trataba se movía en el mismo marco de referencia. Y, después de todo, como hacía notar el superior de los jesuitas -y ahora superior de los superiores de todas las órdenes religiosas-, el padre Arturo Sosa, en tiempos de Jesús no había grabadoras.

Otra razón que se me ocurre para que este consejo no haya dado el fruto esperado es que en la jerarquía eclesiástica suele haber cierto ‘décalage’ cultural perfectamente comprensible. Intentaré explicarme. Si un padre emplea con su hijo adolescente el lenguaje que este ha oído siempre de él, el que el padre ha usado siempre y al que el propio hijo está acostumbrado, no habrá mucho problema de comunicación. Pero si el padre, para resultar más ‘relevante’ ante su hijo, trata de emplear una ‘jerga juvenil’, el resultado es a menudo catastrófico. El padre tenderá a usar una jerigonza mixta, con palabras novísimas usadas quizá de modo impropio y otras que remiten más a su juventud que a la de su hijo. Al hijo probablemente le parecerá cómico y, desde luego, la comunicación entre ambos no habrá mejorado en absoluto.

El Papa, los cardenales, incluso los obispos tienden a ser personas mayores, porque para llegar adonde están han tenido que recorrer un prolongado ‘cursus honorum’: seminarista, sacerdote, coadjutor, párroco, monseñor, vicario, obispo auxiliar… Eso hace que el lenguaje cotidiano de la juventud les resulte extraño, y que al intentar usarlo estén en realidad empleando una jerga ya inexistente, perdida en algún punto entre los años setenta y el presente.

La analogía que he empleado me sirve también para ilustrar lo que, en mi opinión, podría ser una tercera causa por la que este método de adaptación del mensaje parece haber fracasado estrepitosamente. ¿Qué otra reacción es esperable en el adolescente de mi ejemplo anterior? La irritación, el recelo y cierto desprecio. Le parecerá que su padre está usando ‘un truco’, que al emplear un lenguaje que no es el suyo propio, el natural, aquel al que el adolescente está acostumbrado desde la primera infancia, su padre le está engañando de algún modo, está apelando a una añagaza evidente para manipularle.

Esto es crucial. En la pastoral, a menudo la Iglesia parece condescendiente en las formas, y una de las cosas que un joven normal siente como más ofensivas es la condescendencia. Acomodar una fe de siglos para no ‘asustar’ a los oyentes tiene el efecto contrario, porque la idea que transmite es más la de una secta que la de la Iglesia. En una conmovedora parábola evangélica, Jesús nos habla de cómo las ovejas no obedecen al asalariado, sino al verdadero pastor, porque “conocen su voz”. Quizá haya sido este intento de imitar (mal) una voz ajena, la del mundo, lo que ha alejado a tantos de la práctica religiosa.

42 comentarios en “Francisco insiste en su último vídeo en que ‘adaptemos’ el lenguaje de la fe al del mundo
  1. Eso es absolutamente mentira, ni los profetas, ni San Juan Bautista el último profeta ni Jesucristo se adaptaron al mundo, los profetas vivían poscriptos y muchos murieron asesinados. Leed la Biblia y no escucheis a falsos profetas.

    1. Han entregado Iberoamérica a los pies del ateísmo y, sobre todo, del protestantismo. Millones y millones de ex-católicos que hablan desde la cuna español y portugués, tienen ahora una fe y un sentir extraños al de sus hermanos de España, porque han huido del comunismo panzón y el politiqueo insolente que practican desde hace medio siglo obispos, cardenales, monjas, curas, frailes y “misioneros”. Mis clases de alternativa a la Religión están llenas de ellos, codo con codo con los musulmanes, pero aquéllos hablando un dulce español nativo. Y ahora, después de que han “desalmado” a conciencia la América que antaño fue de la Virgen de Guadalupe, les hacen pontífices para que terminen el trabajo en el resto del orbe.

  2. Bueno, una cosa es adaptar el lenguaje, y otra adaptar el mensaje. Si solo se adapta el lenguaje para que la gente entienda, ahí estuvo el Espíritu Santo dando el don de lenguas. Es bueno. Pero la adaptación del lenguaje no puede suponer la manipulación del mensaje, para adaptarlo al mundo. Ahí no. Es evidente que se mezclan los conceptos. No se puede cambiar la palabra transubstanciación, pero hay que explicarla. No se puede diluir la Verdad en el proceso de adaptación del lenguaje, pero se puede hacer un esfuerzo pedagógico. El problema es cuando cualquier curita lo hace por su cuenta y riesgo sin encomendarse a Dios ni a la Iglesia, y se hace un lío. El problema es la mala fe de los que manipulan el lenguaje para diluir y manipular el mensaje. El problema es ayer y hoy la mala fe y la estupidez. Se puede hacer, pero hay que hacerlo bien, y la Iglesia como tal, no cada uno por su cuenta.

      1. La lengua vernácula es para manipular la traduccion: perdona nuestras deudas por perdona nuestras ofensas, misma sustancia por misma naturaleza, santo santo Dios de los ejércitos por santo santo Dios del universo, por muchos por todos. Y azin zuzezivamente.

        1. Tanto adaptaron el lenguaje que al catecismo del 92 se le olvida definir la misa como en Trento con la palabra transubstanciacion y como sacrificio propiciatorio por las almas de vivos y difuntos donde se ofrece una hostia inmaculada como victima al Padre. Al final la misa es una cena como la protestante donde el sacrificio es de accion de gracias, mas entendible para el ignorante.
          ADAPTAR EL LENGUAJE ES UNA PERVERSION. Lo acabo de demostrar. El primero en adaptar el lenguaje fue Lutero.

    1. Como cualquier disciplina, también la fe y la teología tienen su lenguaje propio. Lo que corresponde es que en la catequesis se expliquen los términos propios de la fe católica, no intentar cambiarlos. El problema no es de un cambio de lenguaje sino responder con la fe a los problemas humanos que son comunes a todos los hombres, como el sufrimiento, la muerte, las relaciones familiares, la amistad, el orden moral etc.

    2. La adaptación al lenguaje actual mundano, especialmente polarizado por la triunfante juventud, es una auténtica insensatez, porque es impostado y eso se ve a la legua. Pero pensemos que el lenguaje es la trama sobre la que se teje el pensamiento; por ahí se puede inflitrar fácilmente el cambio de paradigmas en la fe. No quiero ni pensar que tras la fachada de intentar ser accesibles al mundo, lo que se pretenda sea desvirtuar por la vía del lenguaje parte del mensaje.

  3. ¿Y qué son las parábolas más que una adaptación al lenguaje y circunstancias de los tiempos de Jesús, Hijo del Dios Eterno? Les hablaba en parábolas para que pudieran entender su mensaje, reforzando, así, su enseñanza. No puede cambiar el significado pero sí el significante siempre y cuando, el significante y el significado, no constituyan una misma cosa como ocurre en los sacramentos. Un talento era la moneda en curso de aquella época pero nadie entiende la parábola, ni hoy ni entonces, como referida al dinero contante y sonante que uno pueda poseer. La Verdad es siempre trascendente, es decir, un trascendental como el Bien o la Belleza. Si no existiese esa adaptación el cristiano quedaría inerme ante los problemas de carácter ético con los que hoy debe enfrentarse. Eso significa volver a las Sagradas Escrituras, la Tradición y el Magisterio para encontrar las respuestas a los desafíos que plantea el mundo contemporáneo.

  4. Qué hastío, qué aburrimiento, qué depresión, volver a oír OTRA VEZ la cantinela de los años setenta, la de curas y monjas bonachones dando catequesis de preparación para la confirmación y la palabra más repetida era “John Travolta”. Yo me enteré de quién era Miguel Bosé en las clases de religión del colegio. Y todavía hablan de “adaptarse”…

  5. Es que el Gordo de Santa Marta ha perdido la Fé.
    Se ha alejado de Dios. Ergo: no tiene nada que decir. Y estúpidamente dice cosas inanes todo el tiempo.
    Urge la Jubilación.

  6. No pensaba que iba llegar el censor a tanto. O sea ¿que censuran un texto de Pablo VI referido a este tema? Pues estamos buenos. Pablo VI no vale y hay que censurarlo pero “desidereo”, por ejemplo, sí vale. Creo que han perdido orientación.

  7. Louis Bouyer, teólogo, en su libro La descomposición del catolicismo de 1969 habla de una situación de obispos arrodillados ante el mundo.
    Por cierto dice que el título de monseñor era para los obispos que eran pares del Reino de Francia. Se extendió. ¿No pueden quitar estas cosas y restaurar la doctrina?

  8. Estaba Jesús con los coleguis y llega un pasma de la secreta a dar la chapa y a ver si lo metia en el trullo pero Chechu sabiendo lo que se le pasaba por la bola lo dejó pasmao con una parábola. Te quedas con la película no tronco?

    1. Oye, ¿eso es del libreto de “33”, el musical de Truño Casado con el que le hacen los ojos chiribitas a Osoro, al Padre Ángel, a Mariló Montero y al diestro Ortega Cano?

  9. Vale! Es divertido (para algunos) criticar al Papa y meterse con todo lo él diga.
    Pero que los que vayan a transmitir hoy el mensaje de la fe encuentren el lenguaje adecuado a la gente de hoy ¿es criticable? Que el que quiera transmitirlo a universitarios sepa como encontrar los códigos para llegar hasta ellos que, cualquiera lo sabe, serán distintos de los que tengan personas de baja formación o los que se tenían hace 100 ó 1000 años ¿está mal?

    En fin, veo por aquí alguno que si el Papa pide rezar contra el demonio van a ser capaces de salir diciendo que el demonio también tiene derecho a existir.

    ¡Por favor!

  10. Es cierto lo que dice, y si hay algo que le choque al joven y que se convierte en motivo de burla de parte de ellos, es que se quiera usar su estilo de hablar, hasta la moda la usan de tal forma, que no se les ocurra a “los viejos”, querer imitarlos, y es que “adolecen”, de juventud, pero para nada son tontos. No creo que un maestro, para acercarse a sus alumnos y hacerse respetar por ellos, tenga que hablar como ellos, con que sea auténtico y congruente , para ser aceptado

  11. Una pena que éste, tan capital tema, sea maltratado por Esteban -en quien siempre aparece el cuco del Concilio Vaticano II- por un lado, y por otro, por Bergo glio con su habitual lenguaje vago, masónico-iniciático. Por ejemplo, cuando sugiere “escuchar mucho” y no dice a quien. Para un católico desde lo primero a lo último es escuchar a Dios, algo que naturalmente Jorge Mario no menciona y, paralelamente, con la imagen nos muestra que la escucha es a otro humano, omitiendo esta verdad esencial.

  12. Jn 17,1-21: Jesús, levantando sus ojos al cielo, dijo: “…Esta es la vida eterna, que te conozcan a Ti, único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo…
    He manifestado Tu Nombre a los hombres que Tú me has dado tomándolos del mundo. Tuyos eran y Tú me los diste, y han guardado tu palabra. Ahora saben que todo cuanto me diste viene de Ti.
    …Yo les he comunicado las palabras que Tú me diste, y ellos las recibieron y conocieron verdaderamente que Yo salí de Ti, y creyeron que Tú me has enviado.
    Yo ruego por ellos; NO RUEGO POR EL MUNDO, sino por los que Tú me diste; porque son tuyos, y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío, y Yo he sido glorificado en ellos.
    Yo ya no estoy en el mundo, pero éstos están en el mundo, mientras Yo voy a Ti. Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros…

  13. Cont Jn 17,1-21: Cuando estaba Yo con ellos, yo cuidaba en Tu Nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura.
    Yo les he dado tu Palabra, y EL MUNDO LOS HA ODIADO, PORQUE NO SON DEL MUNDO, COMO YO NO SOY DEL MUNDO.
    No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno.
    ELLOS NO SON DEL MUNDO, COMO YO NO SOY DEL MUNDO.
    Santifícalos en la verdad: TU PALABRA ES VERDAD.
    Como Tú me has enviado al mundo, Yo también los he enviado al mundo…
    No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, POR MEDIO DE SU PALABRA, CREERÁN EN MÍ, PARA QUE TODOS SEAN UNO.
    Como Tú, Padre, en Mí y Yo en Ti, que ellos también sean UNO EN NOSOTROS, PARA QUE EL MUNDO CREA que Tú me has enviado”.

  14. Además, cuando Jesús enseñó en parábolas, no estaba cambiando el lenguaje anterior para mantener la misma doctrina, sino que estaba proponiendo una nueva doctrina, la suya. En cambio, hoy día se nos propone cambiar las palabras con que se expresa la fe, es decir, las palabras con que la Iglesia, a lo largo de siglos y asistida por el Espíritu Santo, ha enseñado esa misma doctrina que Jesús enseñó en las parábolas, manteniendo el mismo contenido de la fe. Y todo el mundo encantado con lo que parece ser una tarea muy fácil, tal vez, sobre todo, porque nunca nadie la ha intentado en serio. Por decir algo, supongamos que “Dios” ya no le dice nada al “hombre de hoy”. ¿Con qué palabra la sustituimos, para que siga diciendo lo mismo, y además le suene bomba a la generación actual?

  15. Dejémonos de simplezas. El lenguaje tiene que conectar con el oyente sin cambiar el mensaje. Como era? Ni una sola coma de mis palabras pasarán “” o algo así decía Jesús

  16. Sería mejor preguntarle al Papa que ha querido decir y que se exprese. Cuando el Papa lo dice es por algo. Y todos debemos estar con el apoyarlo e intentar entenderle. No hay que sobre entender. Y si hay dudas es mejor preguntar qué hacer artículos como este, dónde se ve que no está muy por la labor del Papa Francisco. Muchas veces infovaticana, me huele muy mal, no sea muy bien. En vez de ser infovaticana parece contravaticana. Ahí lo dejo.

    Y sin intención de herir.

    Un abrazo: Samuel

  17. Adoptar un lenguaje supone adoptar las categorías mentales de quien genera ese lenguaje. Adaptarse al lenguaje del mundo no es conocer el mundo para llevar el Evangelio, sino asumir las categorías mentales del mundo. ¿Este hombre iba a clase de teología o se le olvidó todo?

  18. Berg no tiene problema de lenguaje.
    El problema es que ni tiene nada que decir.
    Solo es claro cuando ataca la economía de mercado y el capitalismo.

    Vive poniéndose de perfil, o de rodillas frente a otro hombre.

    No es Pastor, es un Asalariado.
    De Karl Marx.
    Pero no le alcanza.

    Apenas llega a Groucho

  19. Hay que hacer un rap del vaticano II, para que pueda ser rapeado en verso como la gente de la calle. ¿Vale? Así todos se convertirían y no eligirían otros caminos de salvación alternativos a Jesucristo que les sugiere la libertad de su subconsciencia. Los raperos tambien tienen dignidad humana ¿vale? Y todas las partes del cuerpo son igual de dignas para recibir la comunion.El rey David bailó en su época ¿ me entiendes?. A ver si nos vamos adaptando a la evolución de las mentalidades de las personas humanas. Si la gente es choni, la iglesia tiene que ser choni para q todas las chonis sean monjas, que no sos enterais.

  20. Justamente ese es el origen de la catástrofe de la Iglesia contemporánea. Quiso adaptarse al mundo. Eliminó el latín, desaparecieron los sermones sobre el infierno, aparecieron los curas con guitarras, los curas obreros, los curas casados, los payasos animando la misa de niños, los objetos más inverosímiles sobre los altares, los objetos sagrados manipulados por no sacerdotes, y la Iglesia fue desapareciendo.
    Si la Iglesia tiene que combatir al mundo y su príncipe, no puede adaptar su lenguaje, porque en los términos que utiliza el lenguaje del mundo se halla el error y el pecado. ¿Ustedes se imaginan a un miembro de la ultraizquierda utilizando un lenguaje de otro credo político?. Para un católico, siempre la sodomía ha sido un pecado horroroso. ¿Vamos a utilizar la palabra “homosexualidad”?, porque esa misma palabra lleva implícito de que el nefando pecado es simplemente otra forma de sexualidad, lo que desde el punto de vista cristiano es una aberración.

  21. Veintiún siglos trabajando para que el Mundo se acomode a la Verdad y a la Palabra de Dios y ahora viene este porteño a decir que es al reves, que tenemos que adaptar la Fe y la Iglesia al Mundo.

    Si quiere enseñar eso que se vaya a Hyde Park Corner, que se suba al banquito y compita con los chiflados de turno.

    Pero comer la sopa boba, vivir del dinero de los Católicos para esto….. es demasiado

    Es increíble como este viejo gordo ha caído tan bajo.

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