Paco Pepe en estado puro

La editorial Homo Legens publica 'Conversaciones con Paco Pepe', un libro que recoge la entrevista del director de InfoVaticana, Gabriel Ariza, a Francisco José Fernández de la Cigoña, el comentarista de asuntos eclesiales más leído de España
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«Podía resultar interesante juntar a dos de los tipos que más información eclesial manejan (buenos amigos entre sí, por cierto) y poner a uno -Gabriel- a preguntar y al otro -Paco Pepe- a responder, con ligeras variaciones en los roles; siempre, insisto, con el amor debido hacia la que los dos consideran su madre, esto es, la Iglesia. Podía resultar interesante y resultó.»

Esta es la afirmación que hace Gonzalo Altozano en el prólogo de Conversaciones con Paco Pepe, el libro publicado recientemente por la editorial Homo Legens que recoge la entrevista del director de InfoVaticana, Gabriel Ariza, a Francisco José Fernández de la Cigoña, autor del blog La Cigüeña de la Torre, número uno de España en lo que a información eclesial se refiere y uno de los más leídos de Hispanoamérica.

En este libro, Fernández de la Cigoña habla de las cosas de la Iglesia sobre las que escribe desde antes de cumplir los veinte y de muchos temas más. En su conversación con Gabriel Ariza trata desde los mil y un líos vaticanos hasta quién es quién en la Iglesia en España (y quién no debió ser nunca nadie), pasando por el Concilio y el posconcilio, la Guerra Civil, la España de Franco o la Transición.

El autor de La Cigüeña de la Torre también deja claro en esta entrevista que su propósito no es otro que el de hacer un servicio a la Santa Madre Iglesia, «poniendo de relieve muchas cosas que los católicos deberían conocer y no se les dice». ¿Y qué ha conseguido durante estos años? «Poca cosa – responde- Que algunos curas que no se ponían la tirilla, se la pongan. Que el chunda-chunda insoportable de muchas misas disminuya más que aumente. Que cada vez sean más los obispos que salen de las misas bendiciendo a los fieles. Y, sobre todo, que antes de decir una tontería muy gorda más de uno se lo piense, no vaya a salir en La Cigüeña de la Torre.»

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A continuación, reproducimos por su interés el prólogo del libro, escrito por Gonzalo Altozano:

Vaya par de dos: Paco Pepe y Gabi
Por Gonzalo Altozano

Se llamaba Gabriel Narváez y Gandarias -Gabi para los que le conocieron y para los que no- y fue el rey de la noche en el Madrid de los ochenta. De él se cuenta que bar que abría, bar que llenaba: por su simpatía arrolladora, por su facilidad para las relaciones públicas y también por su imaginación a la hora de ponerle nombre a los locales. Quiso montar uno -quedó en proyecto- al que pensó llamar Discrepancia; se trataba, claro, de una creperie. Y abrió otro, este local de copas, al que llamó Barcklays Bar. No solo decoró el exterior con los colores corporativos del banco (el peatón despistado se preguntaría qué hacía una sucursal abierta a las tantas, y con una clientela tan guapa y marchosa como aquella), sino que tuvo la humorada de enviar una invitación a todos los empleados del Barclays. Desde el departamento jurídico del banco le conminaron a cambiar el nombre de su bar o lo llevarían a los tribunales. Gabi pasó de pleitos, cambió el nombre, montó otros bares, abrió nuevos negocios, y siguió viviendo la vida a tope, hasta su triste y temprana muerte en 1995.

Viene lo anterior a cuento -o mejor: a prólogo-, aparte de como pequeño homenaje al amigo de mis hermanas, como presentación de otro personaje en muchas cosas distinto al anterior, pero no en el nombre y la osadía: Gabriel Ariza Rossy. Si aquel Gabi hubo de vérselas con todo un señor banco, este Gabi ha tenido que hacer lo propio con el mismísimo Vaticano, ciudad-estado que le ha enviado a sus abogados -de la firma Baker & Mckenzie, la número uno del mundo- por bautizar su portal de información religiosa como Infovaticana. Solo por eso. ¿Solo? No nos engañemos.

Lo del nombre ha sido únicamente un pretexto. De lo que se trataba -y se sigue tratando- es de echar el cierre al portal que, día sí y día también, se descuelga con una, dos o más exclusivas vaticanas, algunas de repercusión mundial, y no es, no, una frase hecha. Lo que hace unos años hubiera sido impensable, que un pequeño medio fuera capaz de tanto contenido, alcance e influencia, ahora es posible gracias a internet. Bueno, y gracias también a la determinada determinación de su joven editor, una de las personas que más y mejor sabe qué pasa en los pasillos y despachos de la Santa Sede (no sería de extrañar que un día de estos la Guardia Suiza distribuya retratos de él prohibiéndole el paso). Gabriel también conoce los entresijos de tantísimos palacios episcopales, parroquias y seminarios y si no lo cuenta todo es, sencillamente, por falta de tiempo, pues el tío está dedicado a otras labores profesionales. Que si se dedicara en exclusiva…

Bien pudo Gabriel cuando con veintipocos años decidió embarcarse en la aventura esta optar por la vía fácil de ir a beber únicamente a las fuentes oficiales; se ve que lo institucional le aburre. Como tampoco parece ir con él negar cobardonamente la realidad y, por no meterse en huertos, pintar un mundo de colorines, contando unas historias que, de tan azucaradas, resultan, además de empalagosas, siniestras y contraproducentes. Lo suyo, ya digo, va más de alertar de la presencia de elefantes en los cuartos de estar. O por ponernos bíblicos: de señalar ciudades en lo alto de los montes y de encender luces para ponerlas sobre los candeleros, y no esconderlas debajo de los celemines, que eso le gustaría a tanto golfo apandador y a tanto depredador que, abusando del buen nombre de Cristo y de su Iglesia, han hecho durante años de su capa -en algunos casos, magna- un sayo. Parece que se les está acabando el chollo.

Y es en este punto exacto cuando algunos, después de agotar infructuosamente con Gabriel la vía de las correcciones fraternas, se empeñarán en presentárnoslo como un personaje escapado de uno de esos best-sellers de intrigas vaticanas donde el bueno -que es, en realidad, el malo, o al revés, vaya lío- porfía de la primera a la última página para que las puertas del infierno prevalezcan sobre la Iglesia. Pues tampoco es este el caso del joven Ariza.

Y no porque entre los escritores que más le han marcado no se cuente Dan Brown, sino sobre todo porque es hombre empeñado en vivir su fe según mandan los cánones de la ortodoxia católica, exactamente igual que Paco Pepe Fernández de la Cigoña, este sí que sí, autor de las simpatías y preferencias de Gabriel, y desde muy temprano (¿qué pasa, que Pablo Casado podía ver Informe Semanal con nueve añitos y, en cambio, Gabriel no podía seguir el blog de Paco Pepe con esa misma edad o parecida?). Quién le iba a decir entonces a Ariza que Cigoña iría a anidar a una torre de su propiedad, léase, Infovaticana, portal del que uno y otro son hoy los principales activos.

No me extenderé acerca de Fernández de la Cigoña, a pesar de -o precisamente por- ser él el principal y merecidísimo protagonista de este libro, desde el título hasta casi casi el ISBN. Sí diré que a Paco Pepe le cuento entre mis amigos y ojalá que él a mí me incluya a mí entre los suyos. También subrayaré de él algo parecido a lo que Felipe González destacaba de Fraga Iribarne. Si al León de Villalba, según el socialista, el Estado le cabía en la cabeza, de Paco Pepe puede decirse lo mismo con la Iglesia, entendida esta como estructura puramente humana, que su otra acepción, la de Esposa de Cristo, esa la lleva Paco Pepe -voy a permitirme una cursilada- en el corazón. Todo esto que digo de Cigoña vale también para Ariza. Por eso, el sentido y la oportunidad de este libro.

Porque podía resultar interesante juntar a dos de los tipos que más información eclesial manejan (buenos amigos entre sí, por cierto) y poner a uno -Gabriel- a preguntar y al otro -Paco Pepe- a responder, con ligeras variaciones en los roles; siempre, insisto, con el amor debido hacia la que los dos consideran su madre, esto es, la Iglesia. Podía resultar interesante y resultó. Doy fe, porque yo estuve allí, en todas y cada una de las sesiones, las cuales -creo recordar que ocho tuvieron lugar en casa de Paco Pepe. Asistí con el encargo de preguntar poco, escuchar mucho, registrar todo cuanto se hablara y luego levantar acta.

¿El resultado? Este.

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Comentarios
3 comentarios en “Paco Pepe en estado puro
  1. Lo que comento no tiene que ver con el asunto de este artículo, pero sí con Infovaticana en general:
    ¿Tiene este espacio informativo poder sobre las diversas propagandas?
    Porque…a decir verdad, ¡vaya que se hace cargosa la interrupción constante de la lectura, con subibajas, intromisiones de anuncios y tantos inconvenientes, que dificultan la lectura!
    Pareciera que la intromisión de chiquillas nada recomendables ha cesado.
    ¡¡¡¡ POR FAVOOOOR !!!! HAGAN LO MISMO CON LA INSOPORTABLE PROPAGANDA

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