«Salvaos de esta generación perversa»

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En el Sínodo se ha hablado de escuchar a los jóvenes. Pero a veces parece que eso supone ser complacientes. Y que la alternativa -un anuncio valiente de la verdad de la salvación, y la llamada a la conversión- es de una rigidez triste, que ahuyentaría a las nuevas generaciones.

¿No sería bonito oír repetir el discurso de San Pedro a los judíos reunidos en Jerusalén para la fiesta de Pentecostés?

Aquí recojo algunos extractos donde destaca que San Pedro escucha sus comentarios, y responde con la palabra de Dios, y con el testimonio de la Resurrección.

Los acentos son claros: a la denuncia de su complicidad y la llamada a la conversión, acompaña la promesa de que los jóvenes verán visiones.

Más aún, tras este anuncio viene la pregunta que dirigen a los apóstoles: «¿qué debemos hacer hermanos?». Y la respuesta -tan significativa en estos tiempos de acomodamiento al lenguaje y la sensibilidad moderna en el peor de los sentidos-: «guardaos de esta generación adúltera (nótese que en algunas traducciones al meno se llama a ese pecado por su nombre, aunque seguramente se refiere a la infidelidad a la Alianza con Dios) y perversa».

¿El resultado de este mensaje de fuego? «Aquél día se unieron unas 3000 almas».

Aquí el texto:

12 Todos estaban estupefactos y perplejos y se decían unos a otros: «¿Qué significa esto?»
13 Otros en cambio decían riéndose: «¡Están llenos de mosto!»
14 Entonces Pedro, presentándose con los Once, levantó su voz y les dijo: «Judíos y habitantes todos de Jerusalén: Que os quede esto bien claro y prestad atención a mis palabras:
15 No están éstos borrachos, como vosotros suponéis, pues es la hora tercia del día,

16 sino que es lo que dijo el profeta:
17 = Sucederá = en los últimos días, dice Dios: = Derramaré mi Espíritu sobre toda carne, = y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros jóvenes verán visiones y vuestros ancianos soñarán sueños. = 
18 = Y yo sobre mis siervos y sobre mis siervas derramaré mi Espíritu. =
19 = Haré prodigios = arriba = en el cielo = y señales abajo = en la tierra. =
20 = El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes de que llegue el Día grande del Señor. =

21 = Y todo el que invoque el nombre del Señor se salvará. =
22 «Israelitas, escuchad estas palabras: A Jesús, el Nazareno, hombre acreditado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo por su medio entre vosotros, como vosotros mismos sabéis,

23 a éste, que fue entregado según el determinado designio y previo conocimiento de Dios, vosotros le matasteis clavándole en la cruz por mano de los impíos;
24 a éste, pues, Dios le resucitó librándole de los dolores del Hades, pues no era posible que quedase bajo su dominio;

25 porque dice de él David: = Veía constantemente al Señor delante de mí, puesto que está a mi derecha, para que no vacile. =
26 = Por eso se ha alegrado mi corazón y se ha alborozado mi lengua, y hasta mi carne reposará en la esperanza =
27 = de que no abandonarás mi alma en el Hades ni permitirás que tu santo experimente la corrupción. =
28 = Me has hecho conocer caminos de vida, me llenarás de gozo con tu rostro. =

29 «Hermanos, permitidme que os diga con toda libertad cómo el patriarca David murió y fue sepultado y su tumba permanece entre nosotros hasta el presente.
30 Pero como él era profeta y sabía que Dios = le había asegurado = con juramento = que se sentaría en su trono un descendiente de su sangre, =
31 vio a lo lejos y habló de la resurrección de Cristo, que = ni fue abandonado en el Hades = ni su carne = experimentó la corrupción. =
32 A este Jesús Dios le resucitó; de lo cual todos nosotros somos testigos.

(…)

37 Al oír esto, dijeron con el corazón compungido a Pedro y a los demás apóstoles: «¿Qué hemos de hacer, hermanos?»

38 Pedro les contestó: «Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo;
39 pues la Promesa es para vosotros y para vuestros hijos, y = para = todos = los que están lejos, = para cuantos = llame el Señor = Dios nuestro.»
40 Con otras muchas palabras les conjuraba y les exhortaba: «Salvaos de esta generación perversa
41 Los que acogieron su Palabra fueron bautizados. Aquel día se les unieron unas 3.000 almas.

 

Fernando Lacalle

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