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El Papa prohibió que se le preguntase sobre el asunto Viganò en el avión

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Después de confesar a los jóvenes estonios su deseo de una Iglesia transparente, comunicativa e ‘interactiva’, en el viaje de vuelta el Papa Francisco vetó las preguntas sobre su silencio ante el Informe Viganò.

Los periodistas -por llamarlos de alguna manera- cumplieron la orden, y Su Santidad pudo charlar de lo que quería, con su habitual lenguaje tan cercano como impreciso. Uno se acuerda de la célebre instrucción paradójica: «¡No pienses en un elefante!». Todo el mundo en ese avión, y fuera de ese avión, estaba pensando justamente en aquello que ni siquiera se podía mencionar, lo que volvió todo el encuentro en una charla banal.

Habló del acuerdo con el Gobierno chino para decir que se hacía responsable, y que él tendría la última palabra en la elección de obispos. Bien, todavía el acuerdo es secreto y provisional; habrá que esperar a ver qué sorpresas esconde.

Pero, con la vista en el Sínodo de los Jóvenes que, contra la opinión de no pocos, se iniciará el próximo día 3, me interesa centrarme en un comentario que hizo como respuesta a una de las preguntas que, bajo su aspecto inane, esconde cuestiones conceptuales importantes que me hacen temer lo peor sobre la reunión episcopal.

«Los jóvenes están escandalizados por la hipocresía de los adultos, están escandalizados por las guerras, están escandalizados por la falta de coherencia, están escandalizados por la corrupción, y la corrupción es donde entra el abuso sexual».

¿Los jóvenes? ¿Los adultos no están escandalizados por nada de eso?

El lenguaje recuerda poderosamente a esa sentimentalización absurda de la juventud que sufrimos desde, al menos, Mayo del 68, esa que hace parecer a los seres humanos que aún no han alcanzado la madurez como una especie animal diferente, y aparentemente libres de las consecuencias del pecado original.

Escuchando a Su Santidad se diría que no ha tratado con un joven desde hace mucho o en toda su vida, si de verdad piensa que no pueden ser y son con frecuencia hipócritas e incoherentes, perfectamente capaces de dejarse corromper e incluso de llamar a la guerra. ¿Se trata solo de una reliquia del Mayo Francés en la mente del Papa, o es más bien un intento de captar la benevolencia de los jóvenes con tan desmedidos halagos con vistas al sínodo?

Otro aspecto importante de esa frase es lo que suele denominarse «echar balones fuera». Sí, los jóvenes pueden estar escandalizados de todas esas cosas que hacemos los adultos y de las que ellos, al parecer, están milagrosamente inmunes. Pero hoy, y en lo que más de cerca afecta al Papa, el escándalo no se refiere a los «adultos» en general, sino a las autoridades eclesiásticas en particular; y, ya que estamos, el escándalo del que mejor podría responder Su Santidad no es «las guerras» -¿ha habido algún momento en la historia sin ellas?-, sino el encubrimiento de abusos abrumadoramente homosexuales por parte de obispos y supuestamente, mientras no lo desmienta, del propio pontífice.

Y el último acto de prestidigitación verbal es ese colar los abusos sexuales como parte de la corrupción. Ciertamente, ‘corrupción’ es una palabra de significado amplio que describe el proceso por el que se pudren las cosas. Pero en el lenguaje periodístico, en el vocabulario de la actualidad, hace referencia a la corrupción económica, preferentemente.

Desde su algo tardía Carta al Pueblo de Dios como reacción a los escándalos, Francisco ha hecho verdaderos juegos malabares para culpar de los escándalos a cualquier cosa menos a la evidente. Entonces fue el clericalismo; ahora es la corrupción. ¿Hay alguna razón para que le cueste tanto hablar de castidad en referencia a evidentes pecados contra la castidad, o de homosexualidad cuando la abrumadora mayoría de los casos denuncian una abrumadora penetración de redes gays en el clero?

 

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19 comentarios en “El Papa prohibió que se le preguntase sobre el asunto Viganò en el avión
  1. Toma la palabra en primera persona y hace bien, juega directamente.
    Ya había dicho que no iba a contestar a Viganó y se mantiene en esa postura, no es lo que hace siempre pero por lo menos no es confuso en este tema, aplica la disposición Miranda tiene derecho a permanecer sin declaraciones, es una defensa legítima.
    «Habló del acuerdo con el Gobierno chino para decir que se hacía responsable, y que él tendría la última palabra en la elección de obispos», es cierto que es el responsable del acuerdo, pero también del secreto.
    Tenemos como católicos una enorme obligación de prudencia sobre el acuerdo, secreto o no secreto, están en juego los cristianos en China y no es sencillo.
    Recemos a Dios con fervor para que ilumine al Papa, a los Cardenales Zen y Parolin y que la bendición de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre China, pidamos con Fe que Nuestra Señora de Sheshan en China en la advocación de María Auxilium Christianorum interceda por los chinos.

  2. En la rueda de prensa va y suelta:
    «en América Latina, durante 350 años los reyes de Portugal y España nombraban los obispos. Y lo mismo en el imperio Austro-húngaro.»
    Claro, que hace 350 años los monarcas de los imperios católicos tuvieran influencia en el nombramiento de obispos por el Papa es idéntico a que los nombre una dictadura comunista… Seguro los obispos chinos van a ser mejores exponentes de la doctrina católica que los del imperio español…

  3. Un gran historiador este Maradona. Monarquías Españolas, Portuguesa y Austríaca igual al Partido Comunista Chino. Precisa el paisa una estancia de descanso en un campo de reeducación (en sentido estricto de sólo aprendizaje de Historia y de Lógica elemental), de los que tiene instalaciones múltiples destinadas a los Fieles Católicos a la Iglesia, el régimen con el que ahora pacta.

  4. Don Desiderio, ¿pero no se da cuenta que con sus arrebatos de cristofobia está haciendo el ridículo?. Le pese o no, los hechos siempre acaban dando la razón a la Santa Iglesia Católica, no hable de lo que desconoce.

    1. Chimo:

      Está usted matando al mensajero.

      No soy yo quien redactó el informe John Jay. Fue la propia Iglesia Católica.

      No soy yo quien escribió esas cartas entre los sacerdotes pederastas y sus obispos en Pennsylvania. Ni siquiera les obligué a hacerlas públicas. Y está todo allí, escrito. Y son +410 los sacerdotes pederastas, en un estado con unas 1000 parroquias y actualmente con menos de 800 sacerdotes diocesanos.

      Yo no soy ninguno de esos reporteros del Boston Globe, ni publiqué la lista con los nombres de sacerdotes pederastas en la diócesis de Boston. Fue la Iglesia Católica quien publicó esa lista.

      Yo sólo divido los 270 sacerdotes pederastas entre los 900 sacerdotes de esa diócesis y concluyo que son un 30%. Más o menos como en Pennsylvania. Más o menos como en el John Jay report. Más o menos como en Australia, Irlanda, Chile…

      Y concluyo: Es un fenómeno mundial. Y donde «no ha ocurrido» simplemente «no se sabe… aún».

  5. Sin embargo él lo mencionó cuando Antonio Pelayo le preguntó sobre China, contando que tanto los mártires chinos como la «iglesia oficial» le habían escrito lamentando la actitud de Viganó. Claro que habló tanto , supongo para que pasara el tiempo, y luego dio por terminada la conferencia de prensa porque el viaje era corto e iban a servir la cena. La verdad que hay que reconocerle que verborrea no le falta, muy especialmente para no dar explicaciones que no le convienen.

  6. Que curioso que con la incontinencia verbal del Trolas de la Pampa, vete que le pregunten algo. ¿Pero no era el Trilero porteño el que decía que armaramos lio?
    ¿Qué ocurre, que cuando le han pillado a el ya no hay que montar lio? Menudo cinico.

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