¿El gran reformador?

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La mayoría de los católicos pensamos que el Papa tiene una misión muy importante de mantener la iglesia unida y de hacer llegar su mensaje al mundo, a la vez que afronta las necesarias reformas estructurales y actualiza el modo de presentar la fe de la Iglesia.

En cuanto a las reformas podemos discrepar mucho sobre cuáles son necesarias. Pero tres puntos de consenso parecían claros a comienzo del pontificado, tanto para gente «conservadora» como «progresista», y estaban en la agenda del cónclave que lo eligió.

Se trata de 1) La reforma de la Curia para evitar las graves disfuncionalidades y conspiraciones de los años anteriores: la curia no debe ser noticia, la noticia debe ser la Buena Nueva; 2) las reformas de las finanzas, en la misma línea, pero con un contenido muy específico de someter el Vaticano a la disciplina y transparencia propia de las modernas organizaciones, ganando la confianza del mundo y evitando este foco de corrupción (y de noticias sobre la Curia); y 3) atajar la crisis de los abusos, continuando la labor de Benedicto.

Los cardenales, según algunos han señalado, eligieron a Bergoglio -un latioamericano, moderado doctrinal, con arrojo pastoral y discreción mediática- entre otras razones por su probada experiencia de gobierno, sin saber que elegían a una rock star (en palabras del cardenal Dolan).

Austen Ivereigh tituló su biografía sobre Bergoglio «El Gran Reformador». Era sin duda un excelente trabajo de investigación, con una potente narrativa biográfica, y una muy clara predicción de cuáles serían las líneas maestras del pontificado.

Es legítimo preguntarse si -al margen de sibilinos y contradictorios intentos de cambiar aspectos de la enseñanza moral y sacramental de la Iglesia (como reforma o ruptura, aquí no me meto)- las reformas emprendidas por este pontificado han dado resultado. Si estamos de verdad ante un reformador, ante un gobernante de un personalismo ideologizado exasperante y divisivo, ante un pastor emotivo y empático, o ante un intento de revolución solapada… o qué.

Quizá la crisis de Viganò sea una buena ocasión para que Francisco reconsidere sus prioridades y alianzas, y se concentre en barrer la propia casa para hacer creíble el anuncio del Evangelio. Quizá descubra que tiene más amigos entre los conservadores -quizá no entre los más radicales-, dispuestos a tolerar muchas de sus excentricidades con tal de ayudar al sucesor de Pedro a fortalecer y extender la fe de Jesucristo, y a hacerlo con rigor en el modo de trabajar, sin apuntarse tantos y sin acumular poder a base de atacar a facciones contrarias.

Francisco es muy libre de seguir o no las expectativas del cónclave que lo eligió. ¡Es el Papa! Pero pienso que sería bueno satisfacerlas. Porque el resultado de no hacerlo está siendo muy doloroso, además de poner en grave riesgo la comunión en efectiva y afectiva de toda la Iglesia.

 

Fernando Lacalle

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Comentarios
4 comentarios en “¿El gran reformador?
  1. Este tipo de comentarios,bajo mi exclusivo punto de vista, es como dar una oportunidad mas cuando el no da ninguna.Creo que en 5 años de pontificado ya ha dicho lo que tenía que decir (demasiadas descalificaciones hacia sus oponentes y demasiados insultos a la Fe).Creo que en realidad lo que queremos todos o cuando menos la mayoría, es solamente la VERDAD,nada mas.

  2. A mí me dijo un confesor, ya que no sabía yo ni cómo empezar, ;. Diga simple y llanamente, lo que tiene que decir; y ahí comenzó con fluidez mi confesión. Todo éste «lío», nunca debió haber sido, todo es un enredo, una confesión sin ton ni son

  3. Cuando se sigue hablando de «facciones» y no se dice «están siendo atacadas desde dentro la fe de la Iglesia y la Iglesia misma» es porque no se ha entendido lo que pasa hoy día. ¿Ruptura o reforma? ¿Se puede reformar la doctrina catolica? Por favor.

  4. La Misión principalisima y cadi excludiva de cualquier papa es ser Custodio del Depositum Fidei.Y signo visible de la Unidad,que no es cualquier totum revolutum anarquico y antagonico,sino la conexion intimade tos aquellos que aceptan fielmente ese Depositum.Cuando alguien se aleja de él,no rompe para nada tal Unidad,que permanece incolume.Todas las celulas muertas de mi cuerpo,le abandonan y no forman parte más de él,pero yo sigo siendo el mismo…
    Por lo tanto,todas las medidas,estrategias,refotmas,…,que quiera afrontar un papa, están supeditadas a ese Ministerio que le fundamenta.Todo papa es um simple servidor de la Verdad,no su dueño.Y ed tal Verdad la que le mide a él,no al contrario.

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