Janet Smith, profesora de Teología Moral: «Hay que erradicar las redes ‘gays’ en la Iglesia»

Janet Smith, profesora de Teología Moral: «Hay que erradicar las redes ‘gays’ en la Iglesia»

El problema de los abusos clericales no va a arreglarse con el cese de algunos obispos, mucho menos con blandas directrices burocráticas. El núcleo está en redes homosexuales dentro del clero que hay que erradicar, asegura Janet Smith, Catedrática de Teología Moral en el Seminario Mayor del Sagrado Corazón de Detroit, a LifeSiteNews.

“Mucha gente cree que el escándalo sexual en la Iglesia consiste en que los obispos sabían lo de McCarrick y no hicieron nada al respecto», asegura la profesora Janet Smith. «Y demasiados clérigos y laicos creen que si ruedan algunas cabezas y se pone en marcha algún mecanismo para denunciar a los obispos viciosos, podremos pasar página. ¡ERROR!».

Para Smith, «el problema más profundo es la presencia de redes homosexuales en la Iglesia, probablemente en diócesis de todo el mundo y, sin duda alguna, en la Curia».

No es que la homosexualidad activa sea en absoluto la única conducta pecaminosa a la que se entregan los malos curas, pero es esencial para entender todo el entramado de abusos, encubrimiento y corrrupción. «Erradicar las redes homosexuales de la Iglesia sería un gran paso para purgar la Iglesia de sacerdotes inmorales», asegura Smith. «Y hacerlo nos ayudaría a encarar otros muchos problemas.

Durante años se ha hablado, no sin numerosos indicios y ocasionales testimonios, de redes homosexuales que llegan a la propia Curia y que han recibido el nombre genérico de ‘mafia rosa’. Estas redes se utilizan para proteger y promover a aquellos clérigos con posturas más favorables a la suya, y castigar y silenciar a los que tienen posiciones contrarias.

El caso de McCarrick es paradigmático de este sistema. McCarrick ha sido apartado de las funciones sacerdotales y privado de su capelo cardenalicio cuando le quedan dos años para los 90, por un abuso cometido hace medio siglo. En todo este tiempo, no solo ha llevado una vida de constante depredación de jóvenes seminaristas y sacerdotes de modo sobradamente conocido en su círculo, sino que ha influido decisivamente en la promoción de obispos como Farrell, Cupich, Tobin y Wuerl.

Ha tenido una carrera meteórica mientras se extendían los rumores sobre su comportamiento, llegaba a Roma una comisión para informar de sus depredaciones y las diócesis de Metuchen y Newark pagaban a denunciantes de abusos para comprar su silencio.

El propio Cardenal O’Malley, expresamente encargado por el Papa para atajar estos abusos, recibió una denuncia creíble contra McCarrick. Solo tres meses después estaba con el poderoso cardenal confraternizando alegremente con él en un homenaje.

Y mientras un montón de sacerdotes y ex seminaristas confiesan, normalmente en condiciones de anonimato, que todo el mundo conocía las andanzas del cardenal -al igual que numerosos periodistas-, sus colegas, incluso los más íntimos y antiguos amigos, tratan de hacernos creer que las acusaciones les han sorprendido enormemente.

Y por eso hay razones sobradas para creer en estas redes homosexuales, y por eso Smith cree que atajarlas ayudaría a la Iglesia deshacerse de todo tipo de conductas inmorales en su clero. «Tienden a protegerse unos a otros y a ayudarse a avanzar en su carrera eclesiástica», insiste Smith. «Esto hace a veces que queden relegados los mejores sacerdotes», que se quedan sin posibilidad de aceptar más altas cargas pastorales.

«Estamos recibiendo testimonios de seminaristas y jóvenes sacerdotes a quienes han acosado sacerdotes homosexuales y que no han recibido ayuda alguna de sus obispos; al revés, a menudo se les ha silenciado», se lamenta Smith. «¿Cuántos jóvenes no habrán logrado sobrevivir al seminario o habrán abandonado el sacerdocio por esta razón? ¿Cuántos jóvenes rechazarán las sugerencia de una vocación sacerdotal por miedo a entrar en semejante ambiente?»

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