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El encargo del Papa al Cardenal Becciu (una hipótesis)

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Ha sorprendido un tanto que el Papa haya ‘premiado’ a uno de sus fieles, el recién nombrado cardenal Angelo Becciu, con una congregación, las Causas de los Santos, aparentemente alejada de los núcleos de poder. Sugerimos aquí que podría tratarse, por el contrario, de una delicadísima e importante misión.

No puede dudarse de que el Cardenal Angelo Becciu es un hombre de Francisco. Le encargó la delicada tarea de ‘expurgar’ -y desactivar- la Soberana Orden de Malta, confiriéndole todos los poderes que hasta entonces correspondían a su patrón, el Cardenal Raymond Leo Burke, ‘marcado’ por su firma de los Dubia. Ocupaba hasta hace poco Becciu el vital puesto de sustituto en la Secretaría de Estado. Y, en el último consistorio, ha sido nombrado cardenal.

Por eso ha intrigado a no pocos observadores que Su Santidad le haya sacado de la Secretaría de Estado para hacerle prefecto de una congregación, la de la Causa de los Santos, que parece alejada de los centros de poder vaticanos. ¿Promoveatur ut removeatur, una ‘patada hacia arriba’?

No parece probable. Francisco ha demostrado ser extraordinariamente leal con quienes le son leales, y Becciu lo es. No solo ha cumplido todos los encargos a satisfacción de Su Santidad, sino que se ha destacado en los medios como feroz defensor de las causas favoritas del Papa, como la inmigración masiva.

Otra pieza importante en este rompecabezas es la relevancia que este papado reconoce a la comunicación. Hizo primero una gran apuesta al encargar al semidefenestrado/ pseudodefenestrado Monseñor Viganò la misión de “llevar las comunicaciones vaticanas al Siglo XXI” con una secretaría que ahora ha elevado a dicasterio, lo que viene siendo un ministerio, para entendernos.

En el Santo Padre, por lo demás, esta comunicación que tanto le obsesiona se concibe según un planteamiento totalmente moderno, no tanto en el sentido de un medio de transmitir claras declaraciones doctrinales -que rehúye, como hemos visto en el asunto de la intercomunión o en su obstinada negativa de responder a los citados Dubia- como al modo de un instrumento visual y narrativo, de gestos que reflejen un estilo, el de la renovación que pretende imponer en la Iglesia.

Sumen todos esos datos y el panorama se aclara, ofreciendo, al menos un posibilidad no descartable: que Becciu esté en las Causas de los Santos con un nuevo encargo de Francisco, en absoluto menor.

En estos momentos de activismo y presentismo de los que la Iglesia no está inmune es fácil olvidarlo, pero los santos constituyen un importante pilar en la práctica habitual de nuestra fe, además de ser un elemento que nos diferencia de las iglesias protestantes. Con frecuencia olvidados en la pastoral, los santos siguen siendo populares en la devoción corriente, modelos tangibles de lo que significa ser cristiano que la Iglesia nos propone para su emulación.

¿Qué modo hay, pues, de transmitir un ‘cambio de sensibilidad eclesial’ que mediante una pequeña revolución en las canonizaciones? Decirle a los fieles: “Estas son las personas que debéis imitar, estos son los ejemplos de una verdadera vida cristiana” es una forma poderosa de transmitir un estilo nuevo sin arriesgarse a una peliaguda declaración doctrinal.

Hay, por lo demás, razones objetivas para lamentar que la Iglesia tenga tan pocos santos que pueda imitar el católico laico corriente sin salirse de su vida normal, que haya tal desproporción de clérigos y religiosos, y que incluso cuando se canoniza a algún casado no es raro que haya hecho votos de abstenerse de la vida marital.

Esto ya empezó a cambiar con San Juan Pablo II, y ahora podría acelerarse con Francisco. Pero la canonización tiene otros ‘usos’. Este mismo año hemos podido leer la visión que tiene el Santo Padre de la santidad gracias a Gaudete et Exultate, que nos da importantes pistas sobre los próximos canonizados que podríamos ver. Su comentario sobre “lo insano” del silencio parece apuntar a que no veremos a muchos contemplativos elevados a los altares en su pontificado.

En general, Francisco anima al activismo y a la relativización de las normas, cuyo cumplimiento estricto hacen del cristiano un hombre “rígido”. En una reciente catequesis sobre los mandamientos de la ley de Dios dijo de ellos que eran “una invitación al diálogo” lo que, sinceramente, se nos antoja una verdadera proeza hermenéutica.

Los santos del futuro inmediato serán, previsiblemente, bastante distintos de los ‘clásicos’, quizá a la manera de Alfa y Omega, órgano oficial de la Diócesis de Madrid, que en su último número abre con una semblanza del Padre Garralda, a quien no dudan en calificar en su portada como “un santo del S. XXI”, un caso periodístico de ‘santo súbito’.

Garralda, jesuita, fue uno de esos curas obreros que tan de moda se pusieron tras el Concilio, que se fue a vivir a una chabola durante 16 años y consagró su vida a visitar a los presidiarios. De la obra caritativa de Garralda no creo que pueda haber muchas dudas; de su ortodoxia, quizá unas pocas.

Garralda era en esto un ejemplo perfecto de ortopraxis y de cristiano al que se le podía acusar de cualquier cosa menos de ‘rígido’ o de un puntilloso cumplimiento de las normas o de hacer “de la verdad un ídolo”, contra lo que nos ha advertido el Santo Padre.

Para quien desee conocer mejor la semblanza de este ‘santo del Siglo XXI’, quizá mejor que la hagiografía de urgencia que le hace el órgano de la diócesis madrileña sería dejar que él mismo se explique en sus propias palabras, como hace en esta entrevista a La Verdad.

 

 

3 comentarios en “El encargo del Papa al Cardenal Becciu (una hipótesis)
  1. De lo que podemos estar seguros es de que se han acabado las canonizaciones de mártires de la persecución roja durante la II República española, mientras dure este nefasto pontificado. En cambio me temo que abundarán las elevaciones a los altares de curas guerrilleros montoneros, tupamaros, sandinistas y de cualquier pelaje rampante en gules.

  2. El problema es de las canonizaciones rápidas, y la obbsesión por tener santos nuevos con todos los que hay en la Iglesia que ni siquiera son conocidos. No hay más que observar que santos son los más venerados para ver el semsum fidei del pueblo católico. A otros por mucho que los canonicen se quedan para su Congregación y unos cuantos particulares. Tampoco es provechoso que se aprueben virtudes por el artículo 33 es decir porque yo lo quiero algo que parece que pasó con Pablo VI, pues en vez de hacer más grande al nuevo beato o al nuevo santo introduce dudas de llegar por la puerta de atrás. El tiempo pone a todos en su sitio tarde o temprano y su transcurso nos da una visión mucho más veraz e imparcial de la persona en cuestión y nos hace ver mejor sus virtudes hericas en la vivencia de la Fe.

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