PUBLICIDAD

Los desafíos antropológicos y culturales que afrontará el sínodo de los jóvenes

|

Esta mañana ha sido presentado en la Sala Stampa del Vaticano el ‘Instrumentum laboris’ del Sínodo de los obispos del próximo mes de octubre, que lleva como título ‘Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional’.

Del 3 al 28 de octubre de 2018 tendrá lugar en el Vaticano la reunión del Sínodo de los obispos, que en esta ocasión tratará asuntos relacionados con los jóvenes. Esta mañana se ha presentado en la Santa Sede el ‘Instrumentum laboris’, que viene a ser el documento base, la guía, que irá conduciendo los asuntos a tratar en el sínodo.

La Conferencia de prensa para la presentación del documento tuvo lugar a las 11 de esta mañana. En ella intervinieron el cardenal Lorenzo Baldiseeri, Secretario General del Sínodo de los obispos; Fabio Fabene, Subsecretario; Giacomo Costa, Secretario especial de la XV Asamblea y Rossano Sala, también Secretario especial de esta Asamblea.

En su intervención el cardenal Baldisseri ha comentado que el objetivo principal del Sínodo es ‘hacer que toda la Iglesia tome conciencia de su importante y nada facultativa tarea de acompañar a cada joven, ninguno excluido, hacia la alegría del amor’ y en segundo lugar, tomando esta misión en serio que la Iglesia pueda readquirir un renovado ‘dinamismo juvenil’. En tercer lugar dice que es importante para la Iglesia aprovechar esta oportunidad ‘de discernimiento vocacional’ para descubrir cómo puede responder mejor hoy ‘a su llamada’.

El cardenal expresó que el mismo Sínodo ‘es un ejercicio de discernimiento’ cuyo proceso se realiza dando los mismos pasos que ayudan a todos los jóvenes a arrojar luz sobre su vocación. Señaló que el Papa Francisco, en Evangelii Gaudium 51, presentó el proceso de discernimiento con tres verbos: reconocer, interpretar, elegir. ‘Por ese motivo, el texto del Instrumentum laboris se divide en tres partes, cada una refiriéndose a uno de los tres verbos’, comentó el prelado.

Reconocer: la Iglesia a la escucha de la realidad

La primera parte del documento ofrece ‘una visión bastante amplia de los diferentes contextos, mostrando que en efecto existen muchas diferencias y muchas similitudes entre los jóvenes de todo el mundo: la globalización crea mucha homologación, pero las diferencias sociales, económicas, culturales, religiosas y espirituales siguen siendo importantes’, comenta Baldisseri. Entre las diversas preocupaciones indicadas, el cardenal subraya el tema ‘de las relaciones intergeneracionales’ que ven a los adultos ‘en competencia tendencial más que en alianza con los jóvenes’. También remarca la ‘presencia ya transversal del continente digital, que es una plataforma de vida sin precedentes para los jóvenes y conlleva importantes oportunidades y nuevos peligros’.

En esta primera parte también se abordan cuestiones puntuales como los jóvenes pobres y marginados, cuando se aplica la ‘cultura del descarte’ sobre las personas. ‘El trabajo (tanto desde el punto de vista de su falta como desde el de la explotación), la migración, la discriminación y la exclusión social son un triste ejemplo’, continúa el cardenal.

El documento prosigue desgranando seis ‘desafíos antropológicos y culturales’ que la Iglesia ‘está llamada a enfrentar hoy en su compromiso pastoral con los jóvenes’. Estos son: la nueva comprensión del cuerpo, de la afectividad y de la sexualidad; el advenimiento de nuevos paradigmas cognitivos que transmiten un enfoque diferente de la verdad; los efectos antropológicos del mundo digital; la desilusión institucional generalizada tanto en la esfera civil como eclesial; la parálisis decisional que aprisiona a las generaciones más jóvenes en caminos limitados y limitantes; por último, la nostalgia y la búsqueda espiritual de los jóvenes, que en palabras del cardenal ‘parecen menos “religiosos”, pero más abiertos a experiencias auténticas de trascendencia’.

‘Partiendo del dato de que a la Iglesia hoy le cuesta trabajo escuchar’, nos dice Baldisseri ‘surgen las demandas y las cuestiones de los jóvenes’, a saber ‘piden coherencia, autenticidad, espiritualidad; desean una capacidad relacional renovada y una dinámica de acogida profética; piden una liturgia viva y vivaz; piden un compromiso desinteresado con la justicia en el mundo’.

Segunda parte: “Interpretación: fe y discernimiento vocacional”

La segunda parte, la luz de la fe, ofrece una visión panorámica desde diferentes puntos de vista sobre las palabras clave del Sínodo: juventud, vocación, discernimiento, acompañamiento. En ella hay análisis bíblicos y antropológicos sobre la juventud. A través de varios textos ’emerge que la juventud es el tiempo del amor y de la alegría, de la fuerza, de la conquista y del riesgo, de la incertidumbre y del miedo, de la caída y de la conversión, de  la disposición a escuchar y de  la maduración’ expresó el cardenal Baldisseri.

A continuación hay un capítulo de naturaleza teológica y eclesiológica que ‘parte de la necesidad de iluminar la vida desde el horizonte vocacional’ y concluye invitando ‘a valorizar todo tipo de vocaciones en la Iglesia y en el mundo‘. Se hace referencia en este contexto vocacional a la familia, y también se hace notar el surgimiento en la Iglesia de una ‘cuestión menos habitual sobre la colocación vocacional’ que son las personas ‘que eligen permanecer “solas” sin referirse ni al matrimonio ni a una consagración particular; de hecho, se observa que en muchos países su número va en aumento’.

Tras tratar el discernimiento vocacional, esta segunda parte concluye hablando del acompañamiento. Se ofrece una perspectiva de los diferentes tipos de acompañamiento: ‘en efecto hay un acompañamiento de ambiente y de comunidad’. También, explica el cardenal ‘hay un acompañamiento en la lectura de los signos de los tiempos, uno de tipo psicológico y uno más espiritual, así como se es acompañado en la familia y entre iguales’.

Tercera parte: “Elegir: caminos de conversión pastoral y misionera”

En esta parte se trata ‘la redefinición del rostro de una Iglesia que desea ser generativa con los jóvenes’ haciendo del discernimiento su ‘forma habitual de proceder y su estilo inconfundible’. Se habla, continúa el Secretario del sínodo de una Iglesia ‘llamada a cuestionarse sus formas y su manera de habitar el mundo de hoy; llamada a ser un signo de fraternidad en un mundo desgarrado; llamada a trabajar por el reino de Dios de una manera integral, desinteresada y descentralizada’.

En esta parte hay un capítulo que según el cardenal es el más consistente del documento, en el que se ‘muestra la necesidad de que la Iglesia se confronte con la vida cotidiana de los jóvenes y esté presente y operativa donde viven su existencia concreta’. A menudo, prosigue, ‘se culpabiliza a los jóvenes, atribuyéndoles la responsabilidad de que muchos se han alejado de la Iglesia’ pero muchas veces han vivido situaciones ‘tales que los llevan a afirmar que es la Iglesia la que se ha alejado de ellos’. El prelado italiano añadió que ‘en muchos casos no la han sentido y no la sienten cercana’.

‘Ser parte de la vida cotidiana de los jóvenes significa ser capaces de reconocer que su existencia está atravesada por la presencia de Dios y por la acción de la gracia que debe ser acogida, acompañada y llevada a cumplimiento.’ concluyó el cardenal.

En diez pasajes se analizan los ‘puntos de fuerza, de debilidad, de profecía y de discusión’ surgidos de las peticiones de los jóvenes y de las respuestas de las Conferencias Episcopales en todo el mundo. Tras esto, se pasa a un capítulo dedicado a la animación y organización de la pastoral. En el que se hacen preguntas como: ¿cómo promover el protagonismo  juvenil en una realidad eclesial que tiende todavía al clericalismo? ¿Cómo podemos poner en marcha o fortalecer una labor de comunión entre los diferentes sujetos de la pastoral juvenil vocacional (clero, religiosos y religiosos, movimientos y asociaciones)? ¿Cómo fortalecer el trabajo en red no solo en la Iglesia, sino entre diferentes religiones y diferentes sujetos civiles, sociales y religiosos?

El Instrumentum laboris termina con un “relanzar” hacia la santidad. ‘En tres breves pasajes se aclara que la santidad es la vocación única y unificadora de toda la humanidad, porque nadie está potencialmente excluido de esta meta de la existencia’, finalizó el cardenal.

Ayúdanos a seguir trabajando, a seguir diciendo lo que nadie más dice:

8 comentarios en “Los desafíos antropológicos y culturales que afrontará el sínodo de los jóvenes
  1. Hermoso documento, lleno de buenas intenciones, impecable. Sobre todo en la parte donde se pide a Dios que genere las vocaciones, en la parte donde se destaca que la Fe mueve montañas y que las vocaciones se obtiene mediante el pedido a Dios que envíe pastores para las ovejas que no los tienen, en la parte del documento donde se manifiesta la importancia que tienen las Parroquias en la enseñanza catequética que es el despertar de la Fe en los niños y luego en los jóvenes, en los párrafos donde se repite hasta el cansancio que la Misión de la Iglesia es llevar el Evangelio a todo el mundo. Finalmente deben destacarse los párrafos que refieren a la santidad personal como camino a la salvación y la presencia ineludible de los Sacramentos en la vida de la juventud.

  2. Hablan de los jóvenes como las feministas de la mujer o los LGTBI del “colectivo de…”, etc: como si fuesen una especie aparte. Y además hacen lo de siempre, es decir, plantearse los problemas desde arriba, sin preguntar, sin contar con los implicados, la subespecie “joven”. Viendo la foto, un archipiélago de solideos gerontocráticos, uno se pregunta qué paridas pueden salir de esas mentes privilegiadas. No se enteran, ciegos guías de ciegos. A san Pablo se le durmió un joven durante una homilía, cayendo por la ventana y muriendo; él lo reanimó y luego siguió con su actividad pastoral, sin hacer un “cursillo” especial para jóvenes ni nada parecido. Evangelio, puro Evangelio, al alcance de todos, jóvenes, viejos y, porque aún no había, hasta de obispos.

  3. Con este vocabulario tan acorde con la modernite auguro un éxito sin precedentes a este sínodo. Algo así como el del Concilio Vaticano II. Una nueva primavera eclesial, vamos. Como diría Obelix, “están locos estos romanos”. Pero, ¿de verdad se creen que pueden atraer a alguien con dos dos de frente y que sea normal a base de documentos de esa índole? La crisis de vocaciones no tiene nada que ver con las reuniones de monseñores escogiendo conclusiones que no va a leer nadie. Tiene más que ver con la falta de fe de esos mismos monseñores, de los obispos del todo el mundo, de los sacerdotes, de los religiosos, de los fieles. Falta de fe que ha sido promovida y programada cuidadosamente en otras reuniones de sotanas rojas y mandiles. Con acciones concretas, no con divagaciones estériles. No hace falta ningún sínodo. Ninguna reunión. Solo hace falta más Fe; más oracion; muchísima penitencia; mucha adoración eucarística; una liturgia que merezca ese nombre; y formación catequetica.

  4. En paralelo y para contrarrestar al menos contrapesar los posibles resultados negativos del sínodo, se podría proponer un congreso que sea católico sobre los jóvenes y como llevarlos a la Fe de la Iglesia Católica.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

 caracteres disponibles