«Me habéis conmovido, cómo os comportáis. Os felicito y agradezco a la diócesis de Valencia la prontitud y generosidad con que habéis reaccionado, el ejemplo que estáis dando de caridad con estas pobres gentes». Son, según el cardenal Arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, las palabras que le ha transmitido el Papa por la actitud de su sede arzobispal en la acogida a los inmigrantes del Aquarius.
Cañizares agradece. En su diócesis, dice el cardenal, siguen «con verdadero y apasionado interés, asombro, estupor, compasión, dolor y aún vergüenza, durante largos y angustiosos días, la travesía de 629 personas por el Mediterráneo», informa Europa Press.
«Lo del Aquarius ha sido como un golpetazo que ha sacudido nuestras conciencias y nos ha puesto en pie para atender a los que llaman a la puerta del corazón, y a la conciencia colectiva de pueblos y naciones», ha señalado el arzobispo, que ha alabado el «ejemplo de mirar con altas miras» que achaca al Gobierno de Pedro Sánchez.
Y luego pasa a la reacción no menos loable de su propia diócesis, que «se puso en pie de marcha y servicio, se abrió sin retrasarse ni un ápice a socorrer esta necesidad perentoria, puso a disposición cuanto fuera necesario y la Iglesia diocesana tuviese para acoger, ayudar, auxiliar, y atender a los que llegan».
«Sin escatimar nada, sin mirar al tendido ni a nadie que le aplaudiese, guiada únicamente de su fe y de su conciencia cristiana, de su caridad», añade, para ayudar a «estas 629 personas que llegan, necesitadas de todo, que el señor ve sencillamente como hombres, mujeres y niños que claman y tienen necesidad y hay que acoger, auxiliar, atender, amar, dar de comer y beber, ofrecer casa y techo, cobijo de hogar, y medios de salud y de vida, de educación, de amor misericordioso por encima de todo».
Siendo mucho más malo que Su Eminencia, dudo de que el gobierno haya actuado exclusivamente por «miras más altas», y no parece, por la actitud de los medios y del propio presidente del Gobierno, que en su caso haya actuado «sin mirar al tendido» o sin esperar «que nadie le aplaudiese».
Por dudar, dudo bastante que esta hemorragia de autofelicitación que ha invadido al país entero y muy especialmente a su gobierno vaya a poder sostenerse mucho tiempo. No tendría demasiado sentido hacer tanto hincapié como se hace en la humanidad común, en la igualdad esencial de nuestra humanidad pecadora, y pretender que un país como Italia es, de alguna extraña manera, más malvado y de corazón más duro que el nuestro.
Todos los ciudadanos anónimos y las figuras del famoseo hispano que exudan en redes social autosatisfacción por la solidaridad que hemos demostrado con el Aquarius, en contraposición con el corazón de piedra de los italianos -que apoyan mayoritariamente la acción de su gobierno cerrando sus puertos al barco-, olvidan un pequeño, nimio detalle: frente a estos seiscientos, Italia ha recibido 700.000.
Cruzo los dedos para que la actitud de los españoles siga siendo igual de generosa, solidaria y sacrificada -sí, hay que pagar un precio- cuando las cifras se aproximen a las que ha vivido Italia. Pero no voy a contener la respiración.