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La Iglesia ataca al Gobierno italiano por su gestión del ‘caso Aquarius’

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Cruce de tuits entre el ministro del Interior, Matteo Salvini, y el Cardenal Ravassi a cuenta del destino del Aquarius; elogios oblicuos del Cardenal Osoro a la postura de acogida de Sánchez. El clero apuesta fuerte por la inmigración masiva.

Por muy laicos que pretendan ser, en Italia la Iglesia nunca está muy lejos de la política. La condición de Estado de la Ciudad del Vaticano está muy bien y es probablemente necesaria, pero no deja de ser un solar algo grande no solo en el corazón del país, sino dentro de su misma capital.

Eso hace que siempre exista cierta cohabitación tácita entre el Gobierno y el Vaticano, una coexistencia que puede ser cordial, tibia, o, como es el caso actualmente, gélida hasta lo siberiano.

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Al Papa, como al episcopado italiano, no le gusta un pelo el gobierno nacido de la coalición de las dos fuerzas ‘populistas’ más votadas, el inclasificable Movimiento 5 Estrellas de Luiggi Di Maio y la Liga Norte de Matteo Salvini. Dicen, incluso, las malas lenguas que la Santa Sede podría estar entre las instituciones que presionaron sobre el presidente de la República, Sergio Mattarella, para que no aceptara el primer gabinete diseñado por la coalición e incluso para que intentara volver a los ‘gobiernos técnicos’, ignorando las urnas.

Su Santidad es un hombre expresivo, y no puede evitar -o no quiere- dejar claras sus simpatías, y antes de la campaña ya había derrochado gestos de cariño con políticos que, como Emma Bonino, están en las antípodas del Gobierno Conte.

Pero si en un punto concreto del programa estaban en curso de colisión los partidos vencedores y los obispos es en el de la inmigración. El Papa ha dedicado una atención vehemente y desproporcionada a defender una postura inmigracionista extrema, contra viento y marea e incluso frente a los ruegos de los prelados africanos, que ven cómo sus diócesis se despueblan y sus fieles se enredan con mafias y acaban en las calles de un paraíso europeo que solo existía en sus sueños.

El incidente que ha provocado el último enfrentamiento ha sido la negativa de Salvini, como ministro del Interior, a dejar desembarcar un barco de ‘rescate’, el ‘Aquarius’, con más de seiscientos inmigrantes subsaharianos recogidos frente a las costas libias.

La ocasión ha sido un tuit de Salvini celebrando el cierre de los puertos al Aquarius -cuyo desembarco en Valencia ha propuesto nuestro presidente del Gobierno, Pedro Sánchez-, calificándole de “¡Victoria!”. Al que el Cardenal Gianfranco Ravasi, presidente del pontificio consejo de la Cultura, ha respondido en la misma red social: “Era extranjero y no me recibisteis” (Mt 25,43) #Aquarius”.

Hace solo unos días, el Papa recordaba su visita a un campamento de refugiados en la isla de Lesbos: “Mientras quedaba hechizado por el escenario del cielo azul y del mar, me golpeó la idea de que un mar tan hermoso se hubiera convertido en una tumba para hombres, mujeres y niños que en gran medida solo trataban de huir de las condiciones inhumanas de su tierra”. Y el presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, Cardenal Gualtiero Bassetti, advertía en una “jornada de oración por Italia” que “hay una humanidad italiana que no debemos perder o dejar que degenere en odios o racismos”.

Incluso el (desaparecido) Arzobispo de Madrid, Cardenal Carlos Osoro, aprovecha la ocasión para marcarse un tanto asegurando que el Aquarius es “una llamada de Cristo a Europa” y que el mandato del Evangelio es “claro”: “Fui forastero y me hospedasteis”.

La Iglesia, naturalmente, tiene no solo el derecho sino también la obligación de recordar el trato de acogida que el cristiano debe dar al que sufre, pero ninguna de sus doctrinas morales puede tener como consecuencias resultados desastrosos o, a la larga, injustos y perjudiciales para la comunidad. Lo recordaba el propio predecesor de Francisco, Benedicto XVI, con motivo del Día Mundial del Emigrante y el Refugiado de 2011, donde después de insistir en la acogida y la solidaridad, puntualiza: “Los Estados tiene el derecho a regular los flujos migratorios y a defender sus fronteras, garantizando siempre el respeto debido a la dignidad de todos y cada uno de los seres humanos. Los inmigrantes, además tienen el deber de integrarse en el país que les acoge y de respetar sus leyes y su identidad nacional”.

El caso italiano describe una situación límite, como ha demostrado el vuelco en las urnas. En 2017 llegaron por mar a las costas italianas 119.369 inmigrantes indocumentados, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), 181.436 el año anterior. En los últimos cinco años, se calculan en 700.000 los inmigrantes ilegales llegados a Italia. Italia sucedía así a Grecia, el principal punto de entrada hasta la firma del acuerdo firmado por la UE con Turquía en marzo de 2016, que cerró la ruta de oriente a través de Oriente Medio.

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El diario La Republica analizó una operación de deportación y calculó un coste de 3.965 euros por cada deportado. A ese coste, la promesa del nuevo gobierno de deportar a medio millón costaría a los contribuyentes italianos casi 2.000 millones de euros. Pero mantenerlos no es más barato, al contrario: el gobierno anterior dedicó cinco mil millones de euros a gastos relativos a la crisis de la inmigración en 2018, un 20% para rescates en el mar, un 15% para asistencia sanitaria y un 65% en centros de recepción, que albergan a unas 200.000 personas.

Mantener el maximalismo inmigracionista con citas del Evangelio -olvidando que no ha habido hereje que no haya sido aficionado a citarlo- puede parecer la postura más cristiana, pero el resultado al que parece abocar es la destrucción de la misma civilización que ha construido la Iglesia.

 

16 comentarios en “La Iglesia ataca al Gobierno italiano por su gestión del ‘caso Aquarius’
  1. Rescatar a los inmigrantes en el Mediterráneo nos convierte de alguna manera a los europeos en colaboradores de las mafias criminales que les colocan en embarcaciones como la de la fotografía, y encima les cobran por ello (creo que en el catálogo de infamias de la humanidad ésta última está en los primeros puestos) pero no rescatarles nos convierte de alguna manera directamente en criminales. A ver quién resuelve este dilema moral.

    1. Directamente en criminales no, si se hunde el barco es culpa suya, nosotros seríamos responsables de inacción, que no es lo mismo. Pero tampoco quiero eso, no quiero que por no hacer nada muera alguien.

      Hay una solución que, al parecer, las leyes europeas y los progres buenistas no permiten y es rescatarlos y meterlos en un campo con alambradas y disciplina dura. Tras comidas al día y atención médica. Cuando pasen los años y sigan allí se acaba el flujo.

      Pero eso supone eliminar el negocio de las mafias, siempre el tráfico de personas, sea esclavos o inmigrantes, que es igual, ha sido muy rentable, hay nobles familias por el mundo cuyas fortunas tuvieron su origen en el tráfico de esclavos. Y no olvidemos que hace falta mano de obra esclava.

    2. Ante ese dilema moral, pienso que un cristiano tiene el deber de acoger a los inmigrantes que llegan a su país pues en ese momento se trata de nuestro problema y nuestro prójimo. Pero pienso que un cristiano no tiene obligación de salir a recoger a nadie a otros países o a sus cercanías (como están haciendo algunas ONG) pues eso equivale a facilitarle la tarea a las mafias y a que crezca el número de personas que lanzan miserablemente al mar después de exprimirlas económicamente.

      La obligación de un cristiano está más bien en afearles la conducta a los políticos por ser los principales responsables de las tragedias y miserias de los inmigrantes ilegales debido a su incompetencia (la de los políticos) en combatir a las mafias y en organizar una inmigración controlada (y sin riesgos) en la que los inmigrantes puedan irse integrando y llevar una vida digna. Y por ser cómplices de la previsible próxima destrucción de las sociedades de orden y bienestar que tanto ha costado construir.

      1. Primero va un análisis serio de la situación. No son refugiados sino inmigrantes económicos atraidos por las prestaciones sociales ofrecidas por Alemania y otros países. No son empleables. La Doctrina Social de la Iglesia no apoya la inmigración ilegal. No son pobres, pues el viaje cuesta hasta $3000 pagados la unas mafias. Antes de manifestar falsa virtud, analice la situación.

  2. ¿Que ha entrado en la Iglesia el humo de Satanás? sí, claro, pero no solo eso, también ha entrado la gilipollez. ¡Y qué acogida ha tenido!

    Después de estas actitudes absurdas, demagógicas y antinacionales, está claro que o estos mentecatos con sotana tienen prisa por ser mártires y desean adelantar el proceso o bien ante semejante suicidio nacional, su aprobación indica que quieren despenalizar el suicidio.

    Dentro de poco les cantaremos aquello de ¿Tu lo quisiste, fraile Mostén? ¡Tu te lo ten!

    1. Tanto imbécil junto no cabe en la Iglesia. ¿Cuántos invasores pueden admitirse hasta llegar al suicidio de Europa? No hay forma de hablar racionalmente de un tema que no hemos provocado, ni facilitado; siempre habrá un clérigo que vive, por cierto, de nuestro dinero, para decirnos qué hacer con lo nuestro. Y para nutrir a Maradiagas, Bertones y otras hierbas olorosas. Métanse en sus lamentables curias y déjennos pensar a los que pagamos por nuestra cuenta, dictadorzuelos de sacristía.

      1. Es que lo has dicho muy bien. Tanto imbécil junto ya no cabe en la Iglesia. Están para acabarla hasta el cimiento mismo. ¿En qué momento se invirtieron de esa manera?, ¡sucedía ante nuestros ojos!

  3. Me parece una hipocresía tremenda que si la iglesia no puede solventar el problema de cientos de miles de inmigrantes, y me refiero no a repartir arroz, galletas y colacao en Cáritas y ponerse medallas, si no costear Seguridad Social, escolaridad, pagar vivienda con luz agua y calefacción vestirlos y alimentarlos, es decir darles euros contantes y sonantes mensuales de por vida, etc etc., mejor se están calladitos. Porque las ONGs que montan se nutres del 0,7 de la declaración de la renta de las personas físicas, o de subvenciones de CC.AA., o sea que la iglesia no pone un duro, simplemente administra dinero del estado.

  4. Los que promueven este tráfico de personas son ricos y por eso poderosos.
    Es otra herida mortal a la Europa Cristiana de las catedrales y los monasterios.
    El arma: la mentira barnizada de buenismo, humanismo y filantropía.
    Un pulso del hombre rico y pragmático contra Cristo pobre y espiritual cuyo vicario reside en Europa.
    Desde la revolución de mayo del 68 varias heridas:
    1 Sexo sí, hijos no
    2 Divorcio
    3 Aborto y eugenesia
    4 Homosexualidad
    5 Eutanasia
    6 Inmigrantes welcome
    Queda menos para que Europa sea un continente multicultural, multiétnico, anticristiano; pero una Europa, esclava sin alma, sin identidad, no libre.
    Dios actuará en el momento adecuado

  5. El barco de marras, seguramente lleno de emigrantes económicos musulmanes, podría haber navegado hacia el Oeste tan sólo 200 km y haber llegado a su país hermano-musulmán, Túnez. O también podría haber navegado rumbo Este y haber llegado rápidamente a Egipto, otro país hermano-musulmán, que seguramente les habría acogido fraternalmente como hacen los musulmanes con otros musulmanes (nótese la ironía por favor). Si no les acogían de por vida (como nos toca hacer a los países europeos), podrían al menos haberles abierto el canal de Suez para que llegasen rápidamente a la opulenta Arabia Saudí (el Vaticano musulmán) o al resto de países ricos como Barein, Catar, Kuwait, etc. Pero NO, curiosamente esos emigrantes prefieren ir a terreno infiel y quedarse para siempre…. qué curioso ¿verdad?

  6. Aclaremos unas cifras. El aumento de población en los países pobres es de unos 30 millones al año. Italia ha recibido en los últimos cinco años unos 700 000, que crean un problema de convivencia pues son el 1 % de la población y en los países pobres, la población ha aumentado mientras en 150 millones. Supongamos que cada año Europa y los USA recibieran un millón cada uno, seguiría aumentando la población de los países pobres en 28 millones y en unos años en Europa no se podría vivir. O sea, reparto de la miseria.

    El Vaticano debería cuidar sus filias, la Sra Bonino, tan del agrado de los monseñores, es una abortera de pro. Por otra parte si es cierta la influencia para que se rechazara el gobierno formado, demostraría un desprecio absoluto por la democracia al estimular un golpe de estado.

    El Vaticano podría costear un campo de refugiados, aunque sea pequeño, entonces podría hablar.

  7. El PSOE prepara un !!!!Comité de Bienvenida¡¡¡¡ en Valencia con un efecto llamada mundial para la inmigración irregular e ilegal. Socialismo es RUINA.

    La Iglesia debe estar a favor de la inmigración legal y acorde con las necesidades de la Naciones. Es lo mas sensato. Lo contrario es favorecer a las mafias u ONGs que explotan, esclavizan y se aprovechan de las personas.

  8. Todos entendemos el Evangelio, pero es claro que hay mucho postureo fácil y querer lucir camiseta por parte de algunos obispos.

    Necesitamos varones serios en el sacerdocio. Y viriles ya de camino.

  9. Con la dimisión de Benedicto XVI se acabó la racionalidad en la Iglesia y se ha instalado el sentimentalismo y la demagogia en la que Bergoglio es un maestro. “Al Papa, como al episcopado italiano, no le gusta un pelo el gobierno nacido de la coalición de las dos fuerzas ‘populistas’ más votadas” Y si tantos los votaron, ¿no se le ocurre a Francisco y Ravasi que sus actitudes podría alejar a no pocos de la Iglesia, cuando por otro lado quieren “integrar” a los adúlteros y decir que pueden estar en estado de gracia?

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