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La renovación por la puerta de atrás

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Aún estamos por conocer la sentencia definitiva de Roma sobre la intercomunión propuesta por la Conferencia Episcopal Alemana, objeto de reunión de obispos alemanes y responsables de dicasterios pertinentes en el Vaticano.

En otros tiempos diríamos que la respuesta nos parece obvia: no, quienes no creen en la Transubstanciación no puede recibir la Sagrada Eucaristía y aun es misterioso entender para qué querrían hacerlo.

Pero estos últimos años, en progresión uniformemente acelerada, nos han acostumbrado a ser más circunspectos en la expresión de lo que parece obvio. La interpretación que se impone del ambiguo Capítulo 8 de Amoris Laetitia, que para tantas diócesis parece permitir la comunión a quienes, técnicamente, pueden calificarse de adúlteros, nos empuja a no elucubrar resultados.

Hoy mismo informa esta publicación el extraño caso del cardenal de Westminster, Vincent Nichols, en apoyo del Hospital Alder Hey que ha hecho morir por inanición a Alfie Evans y en contra de la tradicional doctrina católica sobre estas cuestiones, por no hablar de la masiva protesta de los fieles en todo el mundo. Hay, naturalmente, muchos casos límites en el mundo sanitario sobre los que pueda ser difícil pronunciarse, pero Nichols no solo defiende que se deje sin nutrir durante días a un niño para causar su muerte sino que pretende que la decisión de un hospital debe primar sobre la voluntad de los padres.

Del principal valedor de la intercomunión, el Cardenal Marx, sabemos que en estos días, casi como si tuviese prisa por acumular titulares, ha condenado la decisión de colgar cruces en los edificios oficiales de su Baviera natal y ha alabado a su tocayo Karl Marx como precursor de la Doctrina Social de la Iglesia.

En Estados Unidos, el Cardenal Tobin nos advierte que la Iglesia ‘se está moviendo’ en su consideración de las parejas homosexuales, lo que parece evidente desde muchos frentes pero que deja perplejo al fiel, que no ve muy bien en qué sentido podría la Iglesia ‘moverse’ en un campo doctrinal difícilmente alterable sin destruir toda la base de la moral sexual católica.

Son solo ejemplos recentísimos, aunque el propio lector podría acumular sin esforzarse muchos ejemplos similares de ‘renovación’ por la puerta de atrás, ‘caso por caso’, ‘discerniendo’ fuerte y sin mojarse con definiciones doctrinales que puedan, al menos, dejarnos claro el terreno que pisamos.

Podría alegarse, por lo demás, que toda esta laxitud es más pastoral que doctrinal y que viene a ser el precio de una Iglesia que pone mayor énfasis en la colegialidad y la descentralización. El Vaticano, en fin, no saldría a condenar estas veleidades contra la ortodoxia o a aclarar tanta ambigüedad por un espíritu de parresia, de libertad ‘in dubiis’.

Solo que no es así. Queremos decir que ese espíritu de apertua solo parece ‘abierto’ en una dirección. Su Santidad no ha dudado un segundo en disolver a los Franciscanos de la Inmaculada o, más recientemente, una de las congregaciones de mayor crecimiento de Europa, la Fraternidad de los Santos Apóstoles. Intervino sin problemas en la Soberana Orden de Malta, con tal contundencia, de hecho, que hay que preguntarse en qué sentido sigue siendo soberana. No ha respondido una sola palabra a los cuatro cardenales que le pidieron por carta que les aclarase determinadas dificultades sobre la interpretación de Amoris Laetitia. En estos casos ha habido celeridad, contudencia y ejercicio absoluto de autoridad, y no diálogo o explicación alguna.

Todos estos casos, que no son en absoluto aislados, apuntan a que no se trata de una tensión entre libertad y autoridad, lo que sería comprensible; sino de libertad para unos e inapelables imposiciones para otros; siendo los unos y los otros, por lo demás, perfectamente identificables en su dirección, digamos, ideológica.

4 comentarios en “La renovación por la puerta de atrás
  1. ¿Qué pinta el sr. Nichols en Polonia (país que se ofreció a la familia de Alfie Evans para atender a su hijo) defendiendo la decisión del hospital de aplicar la eutanasia no voluntaria?, ¿qué hace el sr. Marx criticando la colocación de cruces en edificios públicos en Baviera, mientras en otras naciones se persigue con cárcel, o incluso la muerte, por ostentar públicamente a los que portan este símbolo cristiano?, ¿qué pintan los obispos alemanes discutiendo sobre la comunión a los protestantes, cuando sabemos que la comunión no está permitida ni siquiera a los católicos que no se hayan confesado de sus pecados?, ¿qué pinta el jesuita James Martin, asesor del papa Francisco, y su liderazgo en los movimientos lGTBI americanos?, ¿qué pinta el el sr. Daneels, un personaje que tapó la pederastia de un obispo, que felicitó al gobierno belga, tanto por el aborto, como por las medidas en temas de ideología de género, como asesor del papa Francisco?.

  2. Con una estrategia de manipulación de masas claramente peronista, la Iglesia está en peligro. Ya no me fio de los que dirigen la iglesia porque, independientemente de lo correcto o incorrecto dogmáticamente de lo que hacen, NO SON CLAROS.

  3. Llevan prisa en su labor de zapa…
    Saben que se le acaba el tiempo al Príncipe de este Mundo y que aún quedan estructuras de la Iglesia que no han podido derribar…

  4. No sé por qué, pero ese concepto del “discernimiento” me suena muy parecido a lo que dijo la serpiente antigua a nuestros primeros padres: “no morireis, bien sabe Dios que el día que comáis del fruto del árbol, sereis como el propio Dios; podreis decidir por ustedes mismos lo que está bien y lo que está mal…”
    Ya sabemos cómo acabó esa historia…

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