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‘Garabandal sigue siendo un lugar de gracia y salvación’

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El Padre Christopher Hartley, sacerdote diocesano de Toledo y misionero en Etiopía, cuenta en el prólogo de un libro sobre Garabandal su relación con este lugar y cómo influyó en su vocación sacerdotal: 

La Santísima Virgen se apareció en el pueblo de San Sebastián de Garabandal a cuatro niñas de ese pueblo recóndito y apretujado, en las laderas de la impresionante cordillera cantábrica, en el municipio de Rionansa.

Cuatro niñas, adolescentes de pueblo: Mari Loli, Jacinta, Marí Cruz y Conchita.

Una bellísima historia de amor entre una madre y sus hijas. Entre la Santísima Virgen María y – a través de estas hijas suyas – con todos nosotros, con toda la humanidad.

Desde 1961 a 1965, en la ladera de la montaña, a la sombra y la brisa fresca de los pinos, la Madre de Dios visitó ese pueblo, como si fuese Ella una vecina más, su propio pueblo, Ella, con esas cuatro niñas, las buenas gentes del pueblo y – con el paso del tiempo – miles de peregrinos, recorrió sus callejuelas, sus humildes casas de piedra, unas ochenta al tiempo de las apariciones… Allí la Madre de Dios convivió con su pueblo, como hija del pueblo y a la vez como Señora y Reina de sus gentes… Como lo hizo en aquellos años ocultos de Nazaret.

Peregriné a Garabandal por primera vez cuando yo era solo un niño, sería mediados de 1969, junto a mi madre y otros peregrinos venidos desde Madrid… tenía yo en aquel entonces 10 años nada más, pero lo recuerdo perfectamente, como si hubiese sido esta mañana.

La memoria del corazón se me llena de lágrimas y de recuerdos entrañables, de emociones indescriptibles que se apretujan en el pequeño corazón de quien era apenas un crío.

Creí firmemente en la veracidad de las apariciones, desde el primer momento, como si fuese lo más normal del mundo, porque yo creía todo lo que me decía mi madre con fe ciega y certeza absoluta.

Recuerdo subir a los pinos, trepando por sus laderas escurridizas y sus empedrados desiguales cubiertos de musgos y helechos, con la alegría inocente de quien sabe que esa hierba, esas ramas, las habían pisado mi Madre Bendita. Allí todo me sabía a Ella… recuerdo bien la casa de Marichu en la que me hospedé, la cocina en el sótano y los mayores sentados alrededor de la mesa de nogal que hablaban de las apariciones con voz entrecortada y llena de emoción.

Yo no sé cuánto entendería, pero ahí estaba, sentado en las escaleras y mirando emocionado a través de los barrotes de madera de la barandilla; no entendería mucho, pero estaba fascinado. Con los ojos abiertos y el corazón más abierto aún.

Recuerdo que mientras los mayores subían lentos y fatigados hacía los pinos, mirando por donde pisaban mientras jadeaban las avemarías, yo trepara como un gamo por las laderas, tenía que llegar el primero a los pinos… Desde allí, miraba hacia abajo con aire triunfante, como el que ha llegado el primero, mientras los mayores, con la cabeza baja subían lentamente y se sentaban en la pradera junto al pino de las apariciones.

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Visitamos la iglesia del pueblo… todo me parecía tan antiguo… tan viejo, tan apretujado… Vi que mi madre se sentaba con las mujeres, y a mí me mandaron a la parte de atrás de la iglesia donde se sentaban los hombres… A la salida de Misa saludamos al párroco, Don Valentín Marichalar, que subía a lomos de caballo desde Cosío. Recuerdo su silueta, con la sotana de un negro raído y solemne a la vez, y me produjo una enorme impresión.

Saludamos a las niñas videntes en sus casas, recuerdo perfectamente la mañana en que visitamos a Conchita, era un día soleado y fresco, aunque era ya entrado el mes de junio. Había un banquito bajo de madera pegado a la pared de la casa junto a su puerta. Yo estaba sentado junto a su madre, Aniceta, una maravillosa mujer de pueblo, recia y recta, curtida de soles y lluvias, de las mil inclemencias de una vida dura y trabajada.

Tuve mi vocación sacerdotal a los quince años, era el 8 de marzo de 1974. Le pedí a mis padres permiso para irme solo a Garabandal el puente de San José, con mi mochila de escalador y mi tienda de campaña. Recuerdo saliendo de la estación del Norte de Madrid hacia Torrelavega, desde allí, a través de Puentenansa y Cosío, subí andando los últimos cinco kilómetros hasta Garabandal. Acampé en los pinos, acostado en mi saco de dormir, cocinaba yo y me iba a lavar al río… ¡Llevaba dos semanas de vocación y aún no lo sabía casi nadie! El secreto de un chaval de quince años.

Y allí, arrodillado al amparo de los pinos rezaba el rosario y leía la Biblia… tal fue la emoción y sobrecogimiento que sentí, que dos semanas después – era Semana Santa – volví de nuevo con mi mochila llena de sueños adolescentes ¡iba a ser sacerdote!

El Jueves Santo fui a los oficios con el resto del pueblo y muchos peregrinos y forasteros… Vi que había un sacerdote confesando, me dijeron que le había mandado el obispo esos días para celebrar el santo triduo y que estaba hospedado en casa de Maximina, la tía de Conchita.

Me confesé con él. No recuerdo los pecados de chaval que le confesaría, lo que sí recuerdo fue que le dije que “quería ser sacerdote”.

Se llamaba Don Luis Martinez.

A este sacerdote que me encontré en la iglesia de Garabandal le debo casi todo lo que soy hoy. No tuve mucho más trato con él, pero su influjo iba ser decisivo para mi futuro:

Fue el quien animo a mis padres a que me dieran permiso para entrar en el seminario en septiembre de ese mismo año.

Fue él quien les dijo a mis padres que me mandaran al seminario de Toledo… Si yo no hubiese entrado en el seminario de Toledo ¿qué habría sido de mí…?

Fue tan larga aquella “confesión vocacional” en ese diminuto y destartalado confesionario, que las gentes del pueblo, años después, decían “mira, ese es el chaval que hizo esa confesión tan larga”. Estuve todo el tiempo de rodillas mientras le confiaba a ese magnífico pastor de almas, mis inquietudes vocacionales, pero a mí se me pasó el tiempo como si nada…

Garabandal – con su sencillo mensaje, su austera llamada a la conversión, a la oración, al ayuno, a la penitencia, a pensar más en la Pasión del Señor y a crecer en la devoción a la Sagrada Eucaristía… con su grito de alerta ante los sacerdotes, obispos y cardenales que van por el camino de la perdición, arrastrando con ellos a muchas almas… – sigue siendo un lugar de gracia y salvación, un lugar privilegiado de la geografía mariana española.

Nuestra Señora recorrió cada rinconcito de esa aldea, como si fuese su propio pueblo, como si Ella fuese una mujer más de ese terruño, empezando por “la calleja” al pie del manzano. Desde allí, con la ayuda del Arcángel san Miguel sigue llamándonos a todos, a una vida de conversión y de penitencia, de arrepentimiento y vida nueva.

Han pasado los años desde que por última vez se les apareciera la Santísima Virgen a esas cuatro niñas, ahora adolescentes. Pero Ella sigue allí, como guía y maestra de peregrinos, invitándonos a todos a mirar a Cristo Jesús en su Bendita Iglesia Católica, moviéndonos suavemente, con ternura de madre, hacía los sacramentos de la Confesión y de la Santa Eucaristía.

Que este libro te ayude a descubrir una sencilla historia, de un sencillo pueblo, donde Nuestra Señora Santa María, bajo la advocación de Nuestra Señora del Carmen, caminó con su pueblo, el pueblo de su Hijo.

Quiera el Buen Dios, que descubras lo que descubrí yo, lo que aquel chaval de quince años descubrió por sus callejuelas.

Lo que Dios quiere de ti.

Padre Christopher Hartley

Sacerdote Diocesano de Toledo (España)

Misionero en Etiopía

9 comentarios en “‘Garabandal sigue siendo un lugar de gracia y salvación’
  1. ” Garabandal – con su sencillo mensaje, su austera llamada a la conversión, a la oración, al ayuno, a la penitencia, a pensar más en la Pasión del Señor y a crecer en la devoción a la Sagrada Eucaristía… con su grito de alerta ante los sacerdotes, obispos y cardenales que van por el camino de la perdición, arrastrando con ellos a muchas almas… – sigue siendo un lugar de gracia y salvación, un lugar privilegiado de la geografía mariana española. ”
    No sólo cardenales; se puede y se debe subir un peldaño más.

  2. No se que dirán sobre Garabandal pero de todos modos algo va a ocurrir en el mundo. Aviso o no. Todo esta conmovido por la falta de pureza, de respeto, de devoción. Y por la horda perversa de sacrilegios. Judas era uno de los 12. El problema de hoy es que judas se multiplico en forma demencial eno la jerarquía y en los fieles. Y están cumpliendo aquello de hacer lo que tienen que hacer y pronto. Dios viene pronto. AMGD.

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