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Dubia: la polémica que no va a desaparecer por sí sola

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Ahora es el Cardenal Wim Eijk, arzobispo de Utrecht, quien alza públicamente la voz para pedir al Papa que aporte claridad en esta angustiosa polémica.

Si bien un belén quizá no sea la composición adecuada para hacerlo, tan centrado como debe estar en los protagonistas del gozoso misterio, hubiera sido interesante que el conjunto artístico con que nos obsequió estas Navidades el Vaticano no se limitase tan solo a las obras de misericordia corporales, sino que incluyera también las espirituales.

Podríamos, así, ver representadas alegóricamente algunas como la de «enseñar al que no sabe», que, idealmente el próximo año, podría representar al propio Francisco dignándose al fin aclarar puntos oscuros de doctrina que algunas de sus declaraciones y mensajes dejan confusos para tantos.

En Infovaticana hemos tratado el asunto de los Dubia y la Correctio Filialis obsesivamente, y no sin una buena razón, porque la confusión en esto no es sobre asuntos menores o tangenciales, sino que afectan directamente a tres sacramentos y al concepto mismo de mal objetivo.

Que el Santo Padre no puede responder a todas las consultas que se le hagan parece obvio; que responda con un empecinado silencio a aclaraciones cruciales de su propio magisterio que se le piden reiteradamente desde varias instancias, incluidos colegas suyos en el episcopado, de modo que cumpla la misión encomendada a Pedro de «confirmar en la fe a sus hermanos», es ya algo más desconcertante y casi misterioso.

Al asunto de las dudas sobre la exhortación papal Amoris Laetitia se le ha querido dar por muerto y cerrado en numerosas ocasiones por el coro de teólogos áulicos empeñados en echar en cara a los impertinentes su osadía.

Pero no hay modo de cerrar en falso algo así; nada que no sea un pronunciamiento papal claro y terso que confirme la doctrina perenne de la Iglesia puede poner punto final a esta dolorosa crisis.

Ahora es el Cardenal Wim Eijk, arzobispo de Utrecht, quien alza públicamente la voz para pedir a su colega de Roma -por elegir el título con el que apareció en el balcón de San Pedro el día de su elección- que aporte claridad en esta angustiosa polémica.

No vamos a repetir lo que pueden leer en estas mismas páginas sobre las declaraciones de Eijk a la revista católica Trow, pero nos quedaremos con una frase que va exactamente al centro de la polémica: «Lo que es verdadero en el lugar A no puede ser falso de repente en el lugar B».

Uno no es católico -o no debería- porque le gusten más o menos las doctrinas de la Iglesia, porque vaya con su carácter o forma de vida o porque responda a sus inclinaciones personales, sino porque cree que son ciertas. Y esto no porque, como la filosofía platónica o el método cartesiano, las haya deducido un grupo de profundos pensadores, sino porque es el propio Dios quien, por medio de Su Hijo, nos las ha transmitido.

Es un Mensaje, perenne, fuera incluso del tiempo, que no puede ‘actualizarse’ ni cambiarse al ritmo de las nuevas sensibilides del mundo, siempre pasajeras y provisionales. La Iglesia, en fin, no es una sociedad que dice «verdades», sino que es fuente de verdad, y esto no por sí misma, sino en cuanto es custodia fiel del Mensaje.

Cómo se plasma esta verdad eterna en casos concretos puede, legítimamente, ser objeto de debate, y es una de las funciones del Romano Pontífice asegurarse de que estas disputas tienen un resultado feliz, claro y firme, en línea con la Tradición y el Magisterio.

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Santo Padre, responda a las Dubia.

7 comentarios en “Dubia: la polémica que no va a desaparecer por sí sola
  1. El silencio es una estrategia, como lo es la ambigüedad, deliberada, parte de una misma estrategia. Nos queda el ya próximo sínodo de los jóvenes. Ver para aseverar pero creo que está montado la segunda temporada de un mismo espectáculo: el antes y el después de Francisco. Temo que el sínodo de la juventud se haga en clave capítulo VIII, nota al pie.

  2. Decía mi abuelo cuando alguien de la familia volvía a repetir una conducta errónea: » y vuelta la burra al trigo,…..». Dejen de insistir en que la doctrina de la Iglesia es perenne, inmutable. Lo que ha dicho el cardenal de que lo que es verdad en «A» es también verdad en «B» es un error. El tiempo cambia muchas cosas, por ejemplo: hace 100 años, en España la esperanza de vida era de 34 años, ahora de más de 80. Entre otras consecuencias, el tiempo de fecundidad de una mujer ha aumentado en más de 30 años, por tanto hay que cambiar la doctrina sobre el uso de anticonceptivos. hace 100 años la mayoría eran analfabetos, con un nivel intelectual bajo. Ahora la Iglesia no puede hablar a la gente igual, tiene que razonar más las cosas, y sin embargo sigue encastillada en los dogmas y la doctrina inmutable. El cardenal Burke ha escrito un libro en defensa de la fe. En esa defensa la Iglesia torturó y mató a miles con la Inquisición.¡ La misericordia es más importante que la fé!

  3. Queda algún ingenuo que piense que el Papa va a responder? Si hubiera estado de acuerdo con los cardenales de las dubia, les hubiera respondido inmediatamente . Es evidente que las respuestas que podría haber dado son totalmente contrarias a la doctrina tradicional de la Iglesia (y se deducen claramente de la Amoris…), por lo que no podía responder, dado que hubiera sido un escándalo. Por tanto, no cabe duda de la respuesta implícita. Es decir, ya ha respondido…

  4. Las dubia están sembradas, con toda intención, desde Roma. Son parte de una estrategia de relativismo moral. Es cierto que la regla próxima de conducta es la conciencia, pero la conciencia precisa unas bases sólidas sobre las que edificarse, acatándolas, dudando de ellas o refutándolas, fundamentadamente como es lógico. Sin tales bases se proclaman desde la máxima autoridad como fluctuantes, subjetivas, adaptables, es que no existen. Este papa está poco leído; no sabe que para progreesar en la vida es preciso un super-ego, tanto para aceptarlo como para refutarlo. Va a lo suyo. Que no es lo nuestro.

  5. De confusión nada. Está todo clarísimo. Francisco, por primera vez en la historia de la Iglesia, autoriza la comunión en pecado mortal y encima tiene la osadía de pedir el asentimiento de la inteligencia y la voluntad a semejante aberración que le lleva al infierno, salvo que rectifique, cosa que no parece probable, salvo un milagro de categoría, que haberlos haylos. La comunión para todos y el cielo para todos, aunque no quieras, lleva a la gente a alejarse todavía más de la Iglesia. Si ya estamos salvados sin necesidad de conversión ¿ qué necesidad tengo, no ya de comunión o confesión, sino de curas, obispos y papas. A la misericorditis le encanta hablar de olor a oveja, pero esa oveja, si ya está está salvada, no necesita de un pastor que viva del cuento del pastor y la oveja.

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