‘Tiempos Modernos’ analiza el Concilio Vaticano II con el director de InfoVaticana

|



El director de InfoVaticana, Gabriel Ariza, habla en el programa de Intereconomía “Tiempos Modernos” del Concilio Vaticano II y su trascendencia en la vida de la Iglesia

El Concilio Vaticano II es protagonista del último programa de Tiempos Modernos de Intereconomía. José Javier Esparza y Gabriel Ariza, director de InfoVaticana, analizan este acontecimiento crucial en la historia de la Iglesia, las circunstancias en las que se produjo, su desarrollo y sus consecuencias.

Ayuda a Infovaticana a seguir informando

Comentarios
8 comentarios en “‘Tiempos Modernos’ analiza el Concilio Vaticano II con el director de InfoVaticana
  1. En el discurso de apertura del Sagrado Concilio Vaticano II efectuado por San Juan XXIII, está el programa de principios, la filosofía del concilio. Absolutamente necesario leerlo para entender que tratan, en concreto, sus documentos.

    Excelente concilio, anti-nada y pro-Cristo, hoy imposible de emular; para empezar casi ningún obispo, maneja el latín, ni escrito y, en especial, hablado y escuchado. Si la Iglesia quisiera hacer un concilio, en este tiempo, habría que acudir a traductores, un síntoma claro del descenso del nivel humanístico del clero.

  2. Completamente de acuerdo sobre la importancia capital del discurso Gaudet Mater Ecclesia, pronunciado por Juan XXIII el 11 de octubre de 1962 en el acto de inauguración solemne del último concilio general. Último porque es hasta hoy el postrero en la serie de los concilios ecuménicos, y último quizá también porque, como usted apunta, es plausible que, por razones como la pérdida de una lengua común y la decadencia intelectual de un episcopado cada vez más numeroso, no vuelva a celebrarse ninguno más.

  3. En ese discurso capital se lee que, contra los «profetas de calamidades» (núm. 10), en nuestro tiempo la Iglesia, en lugar de condenar errores, «prefiere usar de la medicina de la misericordia más que de la severidad» y que esos errores «han dado frutos tan perniciosos que ya los hombres, por sí solos, hoy día parece que están por condenarlos» (núm. 15); afirmación esta última tan falsa y asombrosa, a la vista del estado del mundo ya en los años 60 del pasado siglo y mucho más todavía a la vista de su estado actual, que uno se pregunta si obedeció a simple ingenuidad, ceguera o quizá incluso malicia. ¿Profetas de calamidades? Parecería que estuvieron mucho más acertados que Juan XXIII.

  4. Pero quizá el texto medular de ese discurso es el siguiente: dar «un paso adelante hacia una penetración doctrinal y una formación de las conciencias que esté en correspondencia más perfecta con la fidelidad a la auténtica doctrina, estudiándo ésta y poniéndola en conformidad con los métodos de la investigación y con la expresión literaria que exigen los métodos actuales. Una cosa es la sustancia del «depositum fidei», es decir, de las verdades que contiene nuestra venerada doctrina, y otra la manera como se expresa; y de ello ha de tenerse gran cuenta, con paciencia, si fuese necesario, ateniéndose a las normas y exigencias de un magisterio de carácter prevalentemente pastoral». (núm. 14 in fine).
    Adaptar la doctrina católica, mediante un magisterio pastoral, a los métodos de investigación y la expresión literaria de los tiempos modernos; como si la modernidad fuese neutral, mera cuestión de época, en lugar de radicalmente antropocéntrica y por ende anticristiana.

  5. Si alguien quiere entender el conciliábulo es imprescindible que use la cabeza para darse cuenta de que algo no puede ser herejía un día y ser «doctrina sólida» al día siguiente. En serio, usen la lógica. El entendimiento nos lo dio Dios y a veces funciona, lo prometo.

  6. «La verdad se impone por sí misma», dijo entonces Juan XXIII. Y no es cierto. La que se está imponiendo constantemente es la mentira y la verdad, cuando logra abrirse paso, es generalmente a base de sangre, sudor y lágrimas. Como sucedió en los primeros siglos de la Iglesia. La Verdad se impuso porque antes se cansaron los verdugos de matar que los cristianos de morir. Y ahí está el norte de África con sus miles de mártires y sus grandes figuras episcopales como S.Cipriano o S.Agustín que hoy es enteramente musulmana. Y a lo largo de la historia ha sido mucho más frecuente el paso de la cruz a la media luna que de la media luna a la cruz.
    Una cosa es la virtud de la esperanza y otra el optimismo pueril de Juan XXIII que además desarma a los combatientes más que otra cosa.
    Decir que la verdad se impone por si misma es como decir que la salud o la riqueza se imponen por sí mismas. Por eso hay tantos que pierden la una o la otra o ambas. Y es que los bienes todos necesitan protección.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

 caracteres disponibles