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‘Que los hogares católicos españoles sean fieles y fuertes testigos de la fe’
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‘Que los hogares católicos españoles sean fieles y fuertes testigos de la fe’

INFOVATICANA
9 septiembre, 2017

Les ofrecemos la homilía completa del cardenal Raymond Leo Burke pronunciada durante la celebración de la Santa Misa en el I Encuentro InfoVaticana. 

Este sábado 9 de septiembre se ha celebrado el I ‘Encuentro InfoVaticana’ bajo el lema ‘La esperanza de la familia’. Tras impartir la conferencia “La esperanza de la familia en un mundo secularizado” en la iglesia del Cementerio de los Mártires Paracuellos, el cardenal Raymond Leo Burke ha presidido la celebración de la Santa Misa, ofrecida por las intenciones de la Iglesia en España y por las familias católicas españolas.

El purpurado ha comenzado su homilía pidiendo “para que los hogares católicos españoles sean fieles y fuertes testigos de la fe y la practiquen para el bien de su querido país y más allá de sus fronteras”.

Ante las familias presentes en la celebración de la Eucaristía, el cardenal Burke ha recordado que el casto matrimonio de José y María y la vida de la Sagrada Familia “revela la belleza incomparable del Santo Matrimonio y su fruto, la familia”. “En José y María, los esposos encuentran el modelo de pureza y entrega del amor mutuo; un amor que es totalmente fiel, que es para toda la vida, y se corona dando origen a la nueva vida humana”, ha añadido.

En su homilía, el cardenal Burke ha hecho también referencia a las apariciones y los mensajes de Nuestra Señora en Fátima y ha destacado que el rezo familiar, especialmente el Rosario, y los actos de reparación, sobre todo la Santa Misa de Reparación del Primer Sábado de mes, “son la respuesta de los hijos obedientes a su Madre celestial, que no dejará de interceder por nosotros para obtener las gracias que desesperadamente necesitamos para nosotros y para el mundo”.

A continuación, la homilía completa del cardenal Burke:

Alabado sea Jesucristo, ahora y siempre. Amén

Es un gran placer celebrar una Misa Pontifical en la Capilla del Cementerio de los Mártires de Paracuellos de Jarama, en memoria de miles de fieles católicos que fueron cruelmente asesinados, los días 7, 8, 28 y 30 de noviembre de 1936, por practicar la fe. Agradezco a su Excmo. Rvdmo. Mons. Dr. Don Juan Antonio Reig Plá, Obispo de Alcalá de Henares, por su calurosa bienvenida. También estoy profundamente agradecido a Gabriel Ariza de InfoVaticana y a todos los que han trabajado con él en la preparación de esta visita, sobre todo por la Misa Pontifical. Ofrezco la Santa Misa por las intenciones de la Iglesia en España, y especialmente por las familias católicas españolas, pidiendo por la intercesión de nuestra Bendita Madre, la Santísima Virgen María, su castísimo esposo San José, y todos los santos de España, para que los hogares católicos españoles sean fieles y fuertes testigos de la fe y la practiquen para el bien de su querido país y más allá de sus fronteras.

Si consideramos la huída a Egipto, nos podemos hacer una idea del tipo de vida de la Sagrada Familia, desde el nacimiento de nuestro Señor en Belén, hasta su vida oculta en Nazaret tras el regreso de Egipto. Vemos cómo Dios Padre hizo posible que su hijo unigénito viniera a este mundo por medio de José y María, y que Él llevará a cabo su misión salvadora como Hijo de María e Hijo adoptivo de José. Dios Padre proveyó para Su Hijo el Arca en la que sería encarnado para unir nuestra naturaleza humana a su naturaleza divina, preservando de cualquier mancha de pecado a la Virgen María, desde el momento de su concepción. Por la gracia del Espíritu Santo, Dios Hijo se hizo hombre en el seno virginal de María.

Al mismo tiempo, Dios quiso que Su Hijo tuviera una verdadera familia, y por ello le dio a San José la gracia de un matrimonio virginal con María, para que pudiera ser el padre adoptivo y guardián de Cristo. La Santísima Virgen María se convierte en la esposa de San José, y como consecuencia, el Divino Hijo concebido por obra del Espíritu Santo, es miembro de la familia de José y María, y disfruta de la paternidad adoptiva y protección de San José. En los inicios del proyecto de salvación, Dios Padre quiere que la concepción de Su único Hijo sea en carne humana y virginal, como verdaderamente debe ser. Él es concebido en el vientre de María, esposa de San José, pero lo es de forma virginal porque es Hijo de Dios y el largamente esperado Mesías.

En la Anunciación, la Virgen María pregunta al Arcángel San Gabriel cómo es posible que ella pueda ser elegida como madre del Salvador, permaneciendo fiel a su consagración como Virgen. Una fidelidad que su esposo, José, ha aceptado libremente al casarse con ella. La respuesta del Arcángel aclara el gran misterio de la Encarnación Redentora. Es inconcebible que Dios Hijo, en su Encarnación, no respetara totalmente, entre otras cosas porque no sería perfecta, tanto la virginidad de la Bendita Virgen Maria como la santidad de su matrimonio con San José.
El casto matrimonio de José y María, y la vida de la Sagrada Familia desde el momento de la concepción
virginal de Dios Hijo en el vientre de María, nos revela la belleza incomparable del Santo Matrimonio y su fruto, la familia.

En José y María, los esposos encuentran el modelo de pureza y entrega del amor mutuo; un amor que es totalmente fiel, que es para toda la vida, y se corona dando origen a la nueva vida humana. Es un amor que desea y da la bienvenida, y nutre una nueva vida humana. El amor verdadero entre marido y mujer, es el mejor regalo que se puede ofrecer a los hijos. Nada menos que la comunicación de Cristo vivo entre ellos.

Volviendo a la Huída a Egipto, vemos el amor de los esposos José y María, que abarca sobre todo al Niño Jesús. Este amor les lleva a hacer muchos y grandes sacrificios y soportar enormes dificultades. Inspirados por la Huída a Egipto, pidamos especialmente por aquellos unidos en matrimonio, para que imiten con mayor fidelidad y generosidad el amor de San José y la Santísima Virgen María, y del Niño Jesús en la Sagrada Familia.

La novena de los Apóstoles, junto a la Virgen María, en preparación de la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, nos lleva a reflexionar y profundizar en la Maternidad Divina de la Bienaventurada Siempre Virgen María. Nuestra principal reflexión está igualmente inspirada por el centenario de las apariciones de Nuestra Señora a los tres pastorcitos en Cova da Iria, cerca de Fátima en Portugal. Allí vemos la maternal preocupación de Nuestra Señora por la Iglesia, que lleva a cabo su divina misión en una sociedad y cultura marcada por vasto y deletéreo materialismo, secularismo y ateísmo. En Fátima, la Bendita Virgen María, nos muestra que es nuestra Madre en un momento en el que el mundo se hace pedazos tras la destrucción y muertes provocadas por la Primera Guerra Mundial. Y éste es amenazado por la propagación del comunismo ateo. La maldad del comunismo ateo fue alejando muchos corazones
del Corazón de Jesús, la única fuente de salvación, arrastrando corazones en una rebelión contra Dios y el orden que había establecido en Su Creación, y que estaba escrito en el corazón de cada hombre.  A  través de sus apariciones y el mensaje que Ella confió a los pastorcitos para toda la Iglesia, Nuestra Señora hizo hincapié en la influencia de la cultura del ateísmo sobre la propia Iglesia, conduciendo a muchos a la apostasía, al abandono de las verdades de la Fe Católica. Su mensaje es tanto de ayer como de hoy.

Como aclaran los mensajes de Nuestra Señora en Fátima, sólo la Fe, que sitúa al hombre en una relación de unidad con el Sagrado Corazón de Jesús, por medio del Inmaculado Corazón de María, puede salvar al hombre del castigo espiritual que la rebelión contra Dios inevitablemente trae consigo. No sólo a los autores, sino también a toda la sociedad y a la Iglesia.

La Fe es principalmente transmitida y vivida en la familia, en el hogar. Nuestra Señora pide a las familias que recen el Rosario, en reparación de los pecados cometidos, y ofrezca el Primer Sábado de mes. El rezo familiar, especialmente el Rosario, y los actos de reparación, sobre todo la Santa Misa de Reparación del Primer Sábado de mes, son la respuesta de los hijos obedientes a su Madre celestial, que no dejará de interceder por nosotros para obtener las gracias que desesperadamente necesitamos para nosotros y para el mundo.

Levantemos nuestros corazones, con el Corazón Inmaculado de María al glorioso Corazón traspasado de Jesús, abierto a nosotros en el Sacrificio Eucarístico por el que se hace sacramentalmente presente por nosotros en el Sacrificio del Calvario. Alcemos nuestros corazones, llenos de tantas alegrías y penas, a la inagotable fuente de Divina Misericordia y Amor, confiando que en el Corazón Eucarístico de Jesús seremos confirmados en paz y fortaleza, para llevar la cruz de nuestros dolores con la confianza en la Virgen María y en su castísimo esposo San José.

Que nuestras familias, bajo la constante mirada maternal de la Bendita Virgen María, Madre de la Iglesia, y a través de la inagotable intercesión de San José, Protector de la Santa Iglesia, crezcan a semejanza de la Sagrada Familia y se conviertan en una fuente de bendiciones para la Iglesia y el mundo.

Corazón de Jesús, formado por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen Maria ¡Ten misericordia de nosotros!
Bendita Virgen María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia ¡Ruega por nosotros!
San José, padre adoptivo del Hijo de Dios y protector de la Santa Iglesia ¡Ruega por nosotros!

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