El arzobispo de Filadelfia, Charles Chaput, recuerda que esta encíclica sigue siendo un poderoso testigo contra la banalización de la sexualidad de nuestro tiempo.
A continuación, mostramos las palabras Charles Chaput publicadas por la Archidiócesis de Filadelfia en junio de 2017:
El próximo mes de julio, se cumple un años más de Humanae Vitae. Desde 1968, año en el que el Papa Pablo VI publicó esta encíclica, se han redactado documentos de todo tipo. Unos han sido perceptivos, y otros muy importantes y precisos en sus advertencias.
Juan Pablo II y Benedicto XVI reiteraron que Humanae Vitae era su «maestro». Esta encíclica sigue siendo un poderoso testigo contra la banalización de la sexualidad de nuestro tiempo. Otras comunidades cristianas, e incluso muchos católicos, han dejado de defender la integridad sexual, mientras que Humanae Vitae ha seguido siendo un testimonio de la verdad.
Bill me mandó sus pensamientos sobre Humanae Vitae como marido, padre y hombre de fe. Estas fueron sus palabras:
El 25 de julio de 2017 se cumplen cuarenta y nueve años desde la publicación de la encíclica Humanae Vitae (HV), subtitulada «Sobre la Regulación del Nacimiento». La octava y última carta encíclica del Beato Papa Pablo VI fue posiblemente el documento más controvertido de la Iglesia desde la Reforma. Todavía lo sigue siendo hoy en día.
El Papa Pablo VI reiteró lo que siempre ha sido la enseñanza de la Iglesia, es decir, que las parejas casadas deben estar abiertas a la vida en todo acto de unión sexual y que cualquier acto u omisión destinado a prevenir la concepción es moralmente incorrecto. Esto se debe a que el acto matrimonial soporta en su interior la capacidad de la unión íntima de la pareja y la procreación de una nueva vida humana. Estos dos aspectos no deben separarse voluntariamente si el don del amor conyugal es respetado y vivido de manera responsable.
El Papa presentó estas enseñanzas en un tono tanto compasivo como realístico, a las parejas que hacían frente a las dificultades, y que eran pesimistas sobre las consecuencias a largo plazo de separar las verdades unitivas y procreadoras del matrimonio.
Sus predicciones sobre la disminuición de los estándares morales, la infidelidad, el aumento de la ilegitimidad, las mujeres reducidas a objetos de placer y gobiernos más coercitivos con el control de la población, resultaron ser verdad. Muchas otras consecuencias podrían ser demostradas.
Pero poco importaba. HV fue contrarrestada con una tormenta perfecta. La Iglesia Anglicana había permitido la anticoncepción hace más de treinta años, y la década de los sesenta estuvo marcada por el individualismo egoísta coronado por la invención de la píldora anticonceptiva, el movimiento del «amor libre» y las leyes del divorcio liberalizado. Quizás lo más perjudicial fue el hecho de que la comisión papal que estudió el asunto había votado para permitir el control de la natalidad. El informe de la comisión se filtró y se convirtió en un punto de discusión para los que se oponían a la enseñanza clara del Papa.
Este grupo de opositores incluía un gran número de clérigos influyentes y académicos que disentieron públicamente al firmar anuncios de protesta en los principales periódicos, y los disidentes pronto incluyeron una mayoría sustancial de católicos comunes. La Iglesia estaba dividida y gravemente herida por un asunto de suma importancia: la verdad y el significado del matrimonio y la santidad de la vida.
Hoy en día la grieta y las heridas permanecen, y sólo el Espíritu Santo puede traer curación y plenitud. Frente a casi 50 años de egoísmo y desobediencia, pido a la Iglesia que enseñe la verdad y la belleza de esta encíclica, instando al arrepentimiento por los pecados manifestados contra la santidad del matrimonio y de la vida, y llame a los fieles a la completa apertura a las innumerables bendiciones que vienen del Señor y Dador de Vida.
La mejor respuesta que puedo, o que cualquier puede dar es: Amén.