«¿Cómo puedo cerrar la casa Dios?», dijo el sacerdote a los islamistas que segundos después terminaron con su vida.
El pasado 3 de junio se celebró el décimo aniversario del martirio del sacerdote Ragheed Ganni, asesinado por miembros del Estado Islámico a las puertas de la parroquia del Espíritu Santo de Mosul, en Irak.
Ganni llegó a Irak en 2003 -tras ordenarse sacerdote en Roma-, pese a la situación de la guerra que vivía el país y a la llegada de grupos yihadistas que comenzaban a atentar contra la comunidad cristiana.
Durante su estancia en Mosul recibió varias amenazas de muerte, pero a pesar de ello, nunca abandonó a los cristianos perseguidos. Días antes de su muerte, escribió una carta a un amigo en la que decía que «cada día esperamos el ataque decisivo, pero no dejaremos de celebrar la misa».
El 3 de junio de 2007, hace ya diez años, el sacerdote salió de la parroquia acompañado de tres de sus diáconos: Basman Yousef, Gassam Isam Bidawed y Wahid Hanna Isho. De pronto fueron alcanzados por los islamistas, quienes comenzaron a rodearles.
«Te dije que cerraras la iglesia, ¿por qué no lo hiciste?, ¿por qué sigue ahí?», le preguntó al sacerdote uno de los islamistas. A lo que el sacerdote respondió: «¿Cómo puedo cerrar la casa de Dios?».
Tras las palabras de Ragheed, los islamistas asesinaron a los cuatro cristianos, y la mujer de uno de los diáconos -quien hoy en día cuenta lo que vivió-, pudo escapar de las garras de los asesinos.
Rahgeed Ganni era natural del pueblo de Karamlesh, en la llanura del Nínive, muy cercana a Mosul. Él y los tres diáconos también asesinados han sido proclamados mártires por la Iglesia católica caldea y su testimonio es conocido hoy como un gran ejemplo de fe.
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