El arzobispo de Toledo denuncia el ‘ataque despiadado y absurdo’ contra los católicos

El arzobispo de Toledo denuncia el ‘ataque despiadado y absurdo’ contra los católicos

Braulio Rodríguez señala en una carta pastoral que es «sorprendente» la be­li­ge­ran­cia que exis­te con­tra la Igle­sia Ca­tó­li­ca en la so­cie­dad espa­ño­la.

«¿No se pue­de dis­tin­guir en­tre no acep­tar lo que de­ci­mos y el in­sul­to? ¿Por qué, pues, no in­sul­tan a otros cre­dos, aun­que no es­tén de acuer­do con ellos?»

Estas son algunas de las preguntas que ha planteado el arzobispo de Toledo, Braulio Rodríguez, en una carta pastoral recogida por Religión en Libertad.

En su escrito semanal, el arzobispo de Toledo señala que es «sorprendente» la be­li­ge­ran­cia que exis­te con­tra la Igle­sia Ca­tó­li­ca en la so­cie­dad espa­ño­la y denuncia el «ataque despiadado y absurdo», así como «tantas embestidas gratuitas» contra los católicos.

A pesar de esta situación, el prelado asegura: «No ce­sa­re­mos en bus­car la ver­dad y vi­vir el amor, para que sea po­si­ble vi­vir de otra ma­ne­ra la vida hu­ma­na».

«No me gus­tan las in­jus­ti­cias, pero es­toy dis­pues­to a afron­tar­las y sin una res­pues­ta con odio, pues el perdón ante la in­com­pren­sión e in­clu­so al in­sul­to es la res­pues­ta que dan mu­chos cris­tia­nos per­se­gui­dos», sostiene en su carta.

El arzobispo de Toledo también ha querido manifestar su tristeza ante la posibilidad de que desaparezca del ho­ri­zon­te de Eu­ro­pa la reali­dad de la fe cris­tia­na. «La fuen­te de la iden­ti­dad eu­ro­pea es, sin duda, el amor de Dios para con los hom­bres, pres­cin­dien­do de su con­fe­sión, na­cio­na­li­dad o cual­quier otra per­te­nen­cia», ha recordado.

A continuación, puede leer la carta pastoral íntegra del arzobispo de Toledo publicada por Religión en Libertad: 

¿Por qué esas manías?

Se ex­tra­ña­ba hace po­cos días un mé­di­co mon­ta­ñés en un dia­rio de San­tan­der de que Eu­ro­pa rehu­ye­ra y evi­ta­ra el ca­to­li­cis­mo; tam­bién de la be­li­ge­ran­cia que exis­te con­tra la Igle­sia Ca­tó­li­ca en la so­cie­dad espa­ño­la. Cier­ta­men­te es cu­rio­so y sor­pren­den­te. Pue­da ser que al­gu­nos in­sul­ten a los miem­bros de la Igle­sia por­que pien­sen que lo que cree­mos es men­ti­ra. De ahí el ata­que des­pia­da­do y ab­sur­do. ¿No se pue­de dis­tin­guir en­tre no acep­tar lo que de­ci­mos y el in­sul­to? ¿Por qué, pues, no in­sul­tan a otros cre­dos, aun­que no es­tén de acuer­do con ellos? Algo no fun­cio­na en to­dos es­tos epi­so­dios con­tra el ca­to­li­cis­mo, que he­mos vis­to des­fi­lar en es­tos me­ses en­tre no­so­tros.

A mí no me gus­tan las in­jus­ti­cias, pero es­toy dis­pues­to a afron­tar­las y sin una res­pues­ta con odio, pues el per­dón ante la in­com­pren­sión e in­clu­so al in­sul­to es la res­pues­ta que dan mu­chos cris­tia­nos per­se­gui­dos, por ejem­plo, en el Me­dio Orien­te. Y a mu­chos los ma­tan. Me im­pre­sio­nó un vi­deo de la co­mu­ni­dad copta or­to­do­xa vi­si­ta­da por el Papa Fran­cis­co hace ape­nas una se­ma­na. Es­tán can­ta­do y oran­do, aún con los her­ma­nos que mue­ren sim­ple­men­te por ser cris­tia­nos. Es el tes­ti­mo­nio cris­tiano con­tra la ley del talión que Je­sús rom­pió. Pero lo tris­te es que pue­da des­a­pa­re­cer del ho­ri­zon­te de Eu­ro­pa la reali­dad de la fe cris­tia­na, que no le per­mi­ta ofre­cer más un hu­ma­nis­mo ex­tra­or­di­na­rio, ba­sa­do en los des­cu­bri­mien­tos del pen­sa­mien­to grie­go, de la ley ro­ma­na y de la Re­ve­la­ción Di­vi­na que está en la raíz de esa fe. Esta sínte­sis re­pre­sen­ta un gran pro­gre­so que per­mi­tió el desa­rro­llo de Eu­ro­pa y su ex­cep­cio­nal con­tri­bu­ción a la he­ren­cia del mun­do en­te­ro.

Sin des­pre­ciar nada que se pue­da o se deba aña­dir a ese “sue­lo nu­tri­cio, la fuen­te de la iden­ti­dad eu­ro­pea es, sin duda, el amor de Dios para con los hom­bres, pres­cin­dien­do de su con­fe­sión, na­cio­na­li­dad o cual­quier otra per­te­nen­cia. ¿Ha­brá, pues, uni­dad en Eu­ro­pa si no se fun­da en la uni­dad del es­pí­ri­tu?” Esa era la pre­gun­ta de san Juan Pa­blo II en 1997, en su vi­si­ta a la dió­ce­sis pri­ma­da de Po­lo­nia, Gniezno.

Como re­cor­da­ba de ma­ne­ra lú­ci­da el Papa Fran­cis­co a los lí­de­res eu­ro­peos en el 60 aniver­sa­rio de la firma del Tra­ta­do de Roma: “Eu­ro­pa no es un con­jun­to de nor­mas a cum­plir, o un ma­nual de pro­to­co­los y pro­ce­di­mien­tos a se­guir. Es una vida, una ma­ne­ra de con­ce­bir al hom­bre a par­tir de su dig­ni­dad  tras­cenden­te e inalie­na­ble”.

¿Ayu­da­rán es­tos pen­sa­mien­tos para so­lu­cio­nar tan­tas em­bes­ti­das gra­tui­tas con­tra los que for­ma­mos la Igle­sia Ca­tó­li­ca? Tal vez no, o qui­zá sí. Pero no­so­tros no ce­sa­re­mos en bus­car la ver­dad y vi­vir el amor, para que sea po­si­ble vi­vir de otra ma­ne­ra la vida hu­ma­na.

+ Brau­lio Ro­drí­guez Pla­za

Ar­zo­bis­po de To­le­do y Pri­ma­do de Es­pa­ña

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