La provocación de Lewis: ‘O ese hombre era el Hijo de Dios, o era un loco o algo mucho peor’

La provocación de Lewis: ‘O ese hombre era el Hijo de Dios, o era un loco o algo mucho peor’

https://infovaticana.com/producto/mero-cristianismo-c-s-lewis/

En la obra «Mero Cristianismo», editada por Rialp, C. S. Lewis califica de «auténtica estupidez» e «insensatez paternalista» afirmar que Jesús era un gran maestro moral, pero no era Dios.

C. S. Lewis nace en Irlanda en 1898. Ateo en su juventud, describió su conversión al cristianismo en su obra «Cautivado por la alegría», y la definió como una experiencia que transformó su vida y su obra. Dotado de una inteligencia excepcional y de un ingenio certero y lúcido, llegó a ser uno de los escritores más notables de nuestro tiempo.

En su obra «Mero cristianismo», editada por RialpC.S. Lewis se define como laico ordinario de la Iglesia de Inglaterra, que entiende que el mejor servicio que puede prestar a su prójimo no creyente es exponer la fe que ha sido común a casi todos los cristianos de todos los tiempos.

«Mero cristianismo» recoge una reflexión de C. S. Lewis en la que el autor califica de «auténtica estupidez» e «insensatez paternalista» afirmar que Jesús era un gran maestro moral, pero no era Dios.

Lewis señala que un hombre que fue meramente un hombre y dijera las cosas que dijo Jesús no sería un gran maestro moral, sino un lunático. «Tenéis que escoger. O ese hombre era, y es, el Hijo de Dios, o era un loco o algo mucho peor», asegura.

A continuación, ofrecemos un fragmento del libro «Mero cristianismo» que recoge esta reflexión:

Dios, en el lenguaje de los judíos, significa el Ser aparte del mundo que Él había creado y que era infinitamente diferente de todo lo demás. Y cuando hayáis caído en la cuenta de ello veréis que lo que ese hombre decía era, sencillamente, lo más impresionante que jamás haya sido pronunciado por ningún ser humano.

https://infovaticana.com/producto/mero-cristianismo-c-s-lewis/

Una parte de su pretensión tiende a pasar inadvertida porque la hemos oído tantas veces que ya no nos damos cuenta de lo que significa. Me refiero al hecho de perdonar los pecados: todos los pecados. Ahora bien; a menos que el que hable sea Dios, esto resulta tan absurdo que raya en lo cómico. Todos podemos comprender el que un hombre perdone ofensas que le han sido infligidas. Tú me pisas y yo te perdono, tú me robas el dinero y yo te perdono. ¿Pero qué hemos de pensar de un hombre a quien nadie ha pisado, a quien nadie ha robado nada, que anuncia que él te perdona por haber pisado a otro hombre o haberle robado a otro hombre su dinero? Necia fatuidad es la descripción más benévola que podríamos hacer de su conducta. Y sin embargo esto es lo que hizo Jesús.

Les dijo a las gentes que sus pecados eran perdonados, y no esperó a consultar a las demás gentes a quienes esos pecados habían sin duda perjudicado. Sin ninguna vacilación, se comportó como si Él hubiese sido la parte principalmente ofendida por esas ofensas. Esto tiene sentido solo si Él era realmente ese Dios cuyas reglas son infringidas y cuyo amor es herido por cada uno de nuestros pecados.

En boca de cualquiera que no fuese Dios, estas palabras implicarían lo que yo no puedo considerar más que una estupidez y una vanidad sin rival en ningún otro personaje de la historia.

Y sin embargo (y esto es lo más extraño y significativo), incluso Sus enemigos, cuando leen los Evangelios, no suelen tener la impresión de estupidez o vanidad. Aún menos la tienen los lectores sin prejuicios. Cristo dice que Él es «manso y humilde» y le creemos, sin darnos cuenta de que, si Él fuera meramente un hombre, la humildad y la mansedumbre serían las últimas características que atribuiríamos a algunas de Sus enseñanzas.

Intento con esto impedir que alguien diga la auténtica estupidez que algunos dicen acerca de Él: «Estoy dispuesto a aceptar a Jesús como un gran maestro moral, pero no acepto su afirmación de que era Dios». Eso es precisamente lo que no debemos decir. Un hombre que fue meramente un hombre y que dijo las cosas que dijo Jesús no sería un gran maestro moral. Sería un lunático -en el mismo nivel del hombre que dice ser un huevo escalfado-, o si no sería el mismísimo demonio. Tenéis que escoger. O ese hombre era, y es, el Hijo de Dios, o era un loco o algo mucho peor.

Podéis hacerle callar por necio, podéis escupirle y matarle como si fuese un demonio, o podéis caer a sus pies y llamarlo Dios y Señor. Pero no salgamos ahora con insensateces paternalistas acerca de que fue un gran maestro moral. Él no nos dejó abierta esa posibilidad. No quiso hacerlo.

https://infovaticana.com/producto/mero-cristianismo-c-s-lewis/

Ayuda a Infovaticana a seguir informando