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La provocación de Lewis: ‘O ese hombre era el Hijo de Dios, o era un loco o algo mucho peor’
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La provocación de Lewis: ‘O ese hombre era el Hijo de Dios, o era un loco o algo mucho peor’

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26 marzo, 2017

Mero cristianismo, de C.S. Lewis

En la obra “Mero Cristianismo”, editada por Rialp, C. S. Lewis califica de “auténtica estupidez” e “insensatez paternalista” afirmar que Jesús era un gran maestro moral, pero no era Dios.

C. S. Lewis nace en Irlanda en 1898. Ateo en su juventud, describió su conversión al cristianismo en su obra “Cautivado por la alegría”, y la definió como una experiencia que transformó su vida y su obra. Dotado de una inteligencia excepcional y de un ingenio certero y lúcido, llegó a ser uno de los escritores más notables de nuestro tiempo.

En su obra “Mero cristianismo”, editada por RialpC.S. Lewis se define como laico ordinario de la Iglesia de Inglaterra, que entiende que el mejor servicio que puede prestar a su prójimo no creyente es exponer la fe que ha sido común a casi todos los cristianos de todos los tiempos.

“Mero cristianismo” recoge una reflexión de C. S. Lewis en la que el autor califica de “auténtica estupidez” e “insensatez paternalista” afirmar que Jesús era un gran maestro moral, pero no era Dios.

Lewis señala que un hombre que fue meramente un hombre y dijera las cosas que dijo Jesús no sería un gran maestro moral, sino un lunático. “Tenéis que escoger. O ese hombre era, y es, el Hijo de Dios, o era un loco o algo mucho peor”, asegura.

A continuación, ofrecemos un fragmento del libro “Mero cristianismo” que recoge esta reflexión:

Dios, en el lenguaje de los judíos, significa el Ser aparte del mundo que Él había creado y que era infinitamente diferente de todo lo demás. Y cuando hayáis caído en la cuenta de ello veréis que lo que ese hombre decía era, sencillamente, lo más impresionante que jamás haya sido pronunciado por ningún ser humano.

Mero cristianismo, de C.S. Lewis

Una parte de su pretensión tiende a pasar inadvertida porque la hemos oído tantas veces que ya no nos damos cuenta de lo que significa. Me refiero al hecho de perdonar los pecados: todos los pecados. Ahora bien; a menos que el que hable sea Dios, esto resulta tan absurdo que raya en lo cómico. Todos podemos comprender el que un hombre perdone ofensas que le han sido infligidas. Tú me pisas y yo te perdono, tú me robas el dinero y yo te perdono. ¿Pero qué hemos de pensar de un hombre a quien nadie ha pisado, a quien nadie ha robado nada, que anuncia que él te perdona por haber pisado a otro hombre o haberle robado a otro hombre su dinero? Necia fatuidad es la descripción más benévola que podríamos hacer de su conducta. Y sin embargo esto es lo que hizo Jesús.

Les dijo a las gentes que sus pecados eran perdonados, y no esperó a consultar a las demás gentes a quienes esos pecados habían sin duda perjudicado. Sin ninguna vacilación, se comportó como si Él hubiese sido la parte principalmente ofendida por esas ofensas. Esto tiene sentido solo si Él era realmente ese Dios cuyas reglas son infringidas y cuyo amor es herido por cada uno de nuestros pecados.

En boca de cualquiera que no fuese Dios, estas palabras implicarían lo que yo no puedo considerar más que una estupidez y una vanidad sin rival en ningún otro personaje de la historia.

Y sin embargo (y esto es lo más extraño y significativo), incluso Sus enemigos, cuando leen los Evangelios, no suelen tener la impresión de estupidez o vanidad. Aún menos la tienen los lectores sin prejuicios. Cristo dice que Él es “manso y humilde” y le creemos, sin darnos cuenta de que, si Él fuera meramente un hombre, la humildad y la mansedumbre serían las últimas características que atribuiríamos a algunas de Sus enseñanzas.

Intento con esto impedir que alguien diga la auténtica estupidez que algunos dicen acerca de Él: “Estoy dispuesto a aceptar a Jesús como un gran maestro moral, pero no acepto su afirmación de que era Dios”. Eso es precisamente lo que no debemos decir. Un hombre que fue meramente un hombre y que dijo las cosas que dijo Jesús no sería un gran maestro moral. Sería un lunático -en el mismo nivel del hombre que dice ser un huevo escalfado-, o si no sería el mismísimo demonio. Tenéis que escoger. O ese hombre era, y es, el Hijo de Dios, o era un loco o algo mucho peor.

Podéis hacerle callar por necio, podéis escupirle y matarle como si fuese un demonio, o podéis caer a sus pies y llamarlo Dios y Señor. Pero no salgamos ahora con insensateces paternalistas acerca de que fue un gran maestro moral. Él no nos dejó abierta esa posibilidad. No quiso hacerlo.

Mero cristianismo, de C.S. Lewis

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7 COMMENTS ON THIS POST To “La provocación de Lewis: ‘O ese hombre era el Hijo de Dios, o era un loco o algo mucho peor’”

  1. Dani dice:

    Debo discrepar. Desde Platón hasta Joseph Ratzinger (Benedicto XVI ya es otro nivel), la filosofía y la moralidad están sujetas a la crítica. La historia de la filosofía está formada por pensadores de los que la humanidad ha tomado algunas ideas y ha desechado otras. El concepto de metafísica de Aristóteles sigue siendo un pilar maestro de la filosofía occidental y sin embargo hemos desechado o revisado otros elementos de su pensamiento. Puedes creer en Jesucristo como salvador o no creer. Pero no puedes impedir que se tomen elementos de la filosofía bíblica por considerarlos positivos. Seguramente los que defienden la figura de Jesucristo como moralista piensan en la inclusión de los marginados, la revisión de las leyes antiguas basadas en el Talión o, mi favorita, la separación de la Fé y los negocios. Son valores buenos y válidos. No me parece mal que se tengan en cuenta aunque no acepten la concepción de Jesús de Nazaret como Dios encarnado.

  2. Scintilla dice:

    Querido Dani: la historia de la filosofía está formada por los pensadores que la modernidad ha determinado que son filosóficamente relevantes. En los institutos se estudia a Descartes y no a Suárez, a Nietzsche y no a Rosmini, a Platón y no a Agustín. No digo que no merezca la pena estudiar a cada uno de ellos, pero sí que pongo en duda su escala de valores. Por otra parte, salvo cuatro especialistas, nadie sabe gran cosa de Platón o de Hobbes: afortunadamente, la humanidad ha vivido y vive de espaldas a los filósofos; pero, sin embargo, no puede ni ha podido vivir sin Dios. Por eso es significativo su comentario: porque convierte la historia de la filosofía (como si fuera una historia de la Razón) en el envés de lo que ha sido la historia de las creencias de la humanidad. La historia de la filosofía es un esfuerzo por mundanizar, como diría Hegel, la historia del hombre como relato de la intervención de Dios en la historia (que para Hegel, a pesar de todo, culminaba en Cristo). Cuyos profetas son los filósofos, de los que la sociedad habría tomado esto o lo otro.
    Dicho lo cual, no entiendo en qué afecta todo eso a lo que decía el profesor Lewis: si no se cree en Jesucristo, es decir, si no se cree en que es el Mesías prometido a los judíos y el Hijo de Dios, tomarlo por maestro moral o por filósofo es de imbéciles. Si un loco o un demonio (y Lewis explica muy bien por qué en caso contrario de no creer en él como Hijo de Dios lo que nos ofrece es un ejemplo de loco o de demonio) nos invita a cuidar de los pobres y despreciados, no responder a la agresión con otra agresión o a no hacer de la fe un negocio (por cierto: si no se tiene fe, a santo de qué separarlo de los negocios), lo contrario es lo acertado. Sólo una mirada ya afectada por el fulgor de Jesús como el Cristo y el Hijo de Dios, pero tan cobarde que no es capaz de comprometerse con ella, empezando por hacerlo con su verdad, admitiendo lo que hay, lo que es, es capaz de decir eso de que independientemente de que Jesús sea o no el Hijo de Dios hay que querer a los marginados o no devolver las injurias con mal. Que es, por cierto, la posición de la sociedad de hoy: apóstata. Y mentirosa: dicen que hay que cuidar de los pobres, que no hay que devolver las injurias… independientemente de que se crea o no en la divinidad de JEsús. Pues bien, quien mayoritariamente hacen todo eso y más son los que en esa sociedad creen que Jesús es el Hijo de Dios vivo, el Dios de Abraham, de Isaac y de JAcob, que alabado sea por todos los siglos.

  3. Arthur dice:

    Si, pero ¿un maestro moral puede perdonar los pecados de todos? ¿Tú puedes coger como buena alguna enseñanza moral de alguien que sin ser Dios, se atreve a “perdonarte” los pecados? Mucha arrogancia para un simple maestro espiritual, ¿no te parece?

  4. Scintilla dice:

    Querido Daniel: si entiendo bine su razonamiento, usted dice que se puede hacer con Jesús, el Cristo, lo mismo que con Aristóteles, el estagirita (escoger esta u otra parte de su doctrina y dejar el problema de su condición de lado). Y que ese argumento echa abajo el del profesor Lewis. Sin embargo, me parece que lo que demuestra ese razonamiento suyo es que no ha entendido el del profesor Lewis. Lo que éste dice es lo siguiente: Jesús el Cristo o es más, infinitamente más en tanto hijo de Dios, que Aristóteles, el estagirita, o cualquier otro filósofo, o, como el loco o demonio que demostraría ser si no se tratase del hijo de Dios, es menos, muchísimo menos que cualquiera de esas insignes figuras. Lo que el profesor Lewis está diciendo es que quien hace esa analogía, quien los equipara, es, literalmente, un estúpido. O se toma a Jesús como un loco o un demonio o como al hijo de Dios (lo dice el título), pero no como a un hombre normal o especialmente sensato.
    Eso no significa que esa tercera vía, la que criticaba el profesor Lewis, no sea afirmada de hecho por muchos, como usted mismo demuestra. Esa postura intermedia es la propia de nuestra época, que ya era la del profesor Lewis, aunque todavía no tan descoyuntada. La mirada que considera que proteger a los más débiles o rechazar una injuria con otra son valores, es decir, elecciones morales universalizables y no sólo gustos personales, como preferir el azul en los trajes, es una mirada ya contagiada por Cristo pero cobarde para afirmar la verdad que está detrás de esa elección. Así es nuestra sociedad, que dice mantener lo que aprendió de Cristo pero sin reconocer procedencia porque sabe que si lo hiciera tendría que afirmar su divina condición, pues lógicamente no cabe otra. Resultado: que finalmente sólo los comprometidos de verdad con el Cristo en nuestra sociedad protegen de veras a los más débiles y buscan la paz por todos los medios. Mientras los demás cardan la lana. Así, hasta el día del juicio. Entonces será el rechinar de dientes.
    Antes le escribí otra nota creo que más certera pero no se publicó y ya no me acuerdo muy bien de lo que le decía. Espero que valga esta para aclararle lo que veo. Con afecto y el deseo de que aproveche esta cuaresma.

  5. María de las Nieves dice:

    Jesucristo cuando viene a la Tierra nos revela que Dios es Su Padres-su Abba-, no sólo en cuanto es Creador del universo y del hombre como su criatura.
    Engendra eternamente en su seno íntimo a su Hijo Unigénito que es su Verbo, “resplandor de su gloria e impronta de su sustancia” (Hb 1, 3). gloria y sustancia son la intimidad de Dios, el Amor entre el Padre y el Hijo es el Espíritu Santo.

    Esa es la gran revelación del Señor y nos bautizan en nombre de la Trinidad Divina ,para que podamos participar de esa intimidad reproduciendo en nosotros la Imagen de su Hijo y sus cualidades divinas, ser hijos en el Único Hijo y al actuar en la tierra nos comportemos con esa sabiduría amorosa y la irradiemos ,eso nos da el valor moral.

  6. Scintilla dice:

    Querido Daniel: si no entiendo mal su razonamiento, usted dice que se puede hacer con Jesús, el Cristo, lo mismo que con Aristóteles, el estagirita (escoger esta u otra parte de su doctrina y dejar el problema de su condición de lado). Y que ese argumento echa abajo el del profesor Lewis. Sin embargo, me parece que lo que demuestra ese razonamiento suyo es que no ha entendido el del profesor Lewis. Lo que éste dice es lo siguiente: Jesús el Cristo o es más, infinitamente más en tanto hijo de Dios, que Aristóteles, el estagirita, o cualquier otro filósofo, o, como el loco o demonio que demostraría ser si no se tratase del hijo de Dios, es menos, muchísimo menos que cualquiera de esas insignes figuras. Lo que el profesor Lewis está diciendo es que quien hace esa analogía, quien los equipara, es, literalmente, un estúpido. O se toma a Jesús como un loco o un demonio o como al hijo de Dios (lo dice el título), pero no como a un hombre normal o especialmente sensato.
    Eso no significa que esa tercera vía, la que criticaba el profesor Lewis no sea afirmada de hecho por muchos, como usted mismo demuestra. Esa postura intermedia es la propia de nuestra época, que ya era la del profesor Lewis, aunque todavía no tan descoyuntada. La mirada que considera que proteger a los más débiles o rechazar una injuria con otra son valores, es decir, elecciones morales universalizables y no sólo gustos personales, como preferir el azul en los trajes, es una mirada ya contagiada por Cristo pero cobarde para afirmar la verdad que está detrás de esa elección. Así es nuestra sociedad, que dice mantener lo que aprendió de Cristo pero sin reconocer procedencia porque sabe que si lo hiciera tendría que afirmar su divina condición, pues lógicamente cabe otra. Resultado: que finalmente sólo los comprometidos de verdad con el Cristo en nuestra sociedad protegen de veras a los más débiles y buscan la paz por todos los medios. Mientras los demás cardan la lana. Así, hasta el día del juicio. Entonces será el rechinar de dientes.
    Antes le escribí otra nota creo que más certera pero no se publicó y ya no me acuerdo muy bien de lo que le decía. Espero que valga esta para aclararle lo que veo. Con afecto y el deseo de que aproveche esta cuaresma.

  7. Beatriz dice:

    ¡Excelente! ¡Bendito sea Dios!