Es el santo no mártir más joven de la Iglesia Católica. Fue alumno de San Juan Bosco. Falleció el 9 de marzo de 1857 tras prometer a sus amigos: «Nos vemos en el paraíso».
Domingo nació en el Reino de Cerdeña, en el año 1842, en el seno de una familia pobre y profundamente cristiana. Pronto se mudarán a Murialdo, cerca de Savona.
En 1847 Domingo comienza a ayudar en la parroquia como monaguillo. La familia se traslada a Mondonio, a las afueras de Turín.
El 8 de abril de 1849 es una fecha muy importante en la corta vida de este santo. Ese día hizo la primera Comunión. Y ese día se hizo unas promesas o propósitos, que reflejan la profunda vida interior que poseía, a pesar de tener tan sólo 7 años.
Resoluciones tomadas por mí, Doménico Savio, en el año de 1849, en el día de mi Primera Comunión, a la edad de siete años: – Me confesaré a menudo, y comulgaré tan frecuentemente como mi confesor lo permita. – Deseo santificar los domingos y fiestas en forma especial. – Mis amigos serán Jesús y María. – Prefiero morir antes que pecar.
En 1854 entra a formar parte del Oratorio de Don Bosco. Pronto destacará como un alumno aventajado, y Juan Bosco se convertirá en su confesor y director espiritual. Quiere ser sacerdote. Pasa 5 horas al día rezando y tiene una gran devoción a la Virgen María.
En una ocasión Don Bosco le regaña por estar durmiendo sin mantas, para hacer un sacrificio. Le prohíbe hacer penitencias sin su permiso y le dice que la penitencia que Dios quiere es la obediencia a tus superiores.
En 1857 se pone enfermo y le aconsejan que vaya a casa para recuperarse. Pero el sabía que no sería así, se despide de sus compañeros: Nos veremos en el paraíso.
Sus últimas palabras, mientras agonizaba junto a su padre, fueron: Papá, ¡Estoy viendo cosas maravillosas!
El 12 de junio de 1954 el papa Pío XII lo canonizó. Los huesos de Savio se encuentran en la Basílica de María Auxiliadora, en Turín.