Steve Bannon, el que susurra al oído de Trump

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Al fin Trump se ha quitado la máscara y ha dejado claro que no es más que una marioneta en manos de los nazis de la Alt-Right y de su maquiavélico líder, Steve Bannon.

«Trump se quita la máscara»

Al fin Trump se ha quitado la máscara y ha dejado claro que no es más que una marioneta en manos de los nazis de la Alt-Right y de su maquiavélico líder, Steve Bannon, al nombrar a este, cofundador del órgano supremacista online Breitbart, como miembro del vital Consejo de Seguridad Nacional expulsando de él al director de Inteligencia Nacional y al comandante de la Junta de Jefes del Estado Mayor. El golpe que todos temían se ha consumado.

Bueno, no realmente. El párrafo anterior viene a ser un resumen de cómo se está dando la noticia en los medios al uso y entre sus difusores en redes sociales, que llevan desde que Trump apareció en escena saltando de histeria en histeria y de ‘fake news’ en ‘fake news’.

La noticia sucinta es que Steve Bannon, nombrado por Trump jefe de Estrategia ya en su gabinete de transición, antes de tomar posesión de la Presidencia, ha entrado en el Consejo de Seguridad Nacional, un equipo interno de la Casa Blanca que coordina las decisiones del presidente en materia de seguridad con diversos departamentos del Gobierno, como el Departamento de Estado y el Pentágono.

Es un puesto que el presidente elige entre la gente de su confianza, sin necesidad de confirmación externa y de modo discrecional. ¿Cuál es, entonces, el problema?

Guerra abierta contra el Presidente

El problema es triple. El primero es, sencillamente, como puede comprobar cualquiera con un rápido vistazo a los titulares de la prensa convencional de las últimas semanas, que los medios están en guerra abierta, declarada, contra Donald Trump y que van atacar, distorsionar, ridiculizar y denostar cualquier movimiento suyo, así sea dar las buenas tardes (“¿Buenas? ¿Qué habrá querido insinuar?”), y convertirlo absolutamente todo en una alarma, incluyendo medidas tomadas o favorecidas en su día por Obama o Bill Clinton.

Es, por otro lado, perfectamente comprensible. Pese a lo que nos gusta alardear a los periodistas, lo nuestro es una profesión, somos empleados de empresas concretas con dueños concretos, y quien paga, manda. Es maravilloso oír hablar a los profesionales mejor pagados del sector sobre cómo nadie va a acallar a la prensa libre, pero si uno se molesta en mirar el accionariado de los medios -algo que aconsejo vivamente-, resulta que esa ‘prensa libre’ es, en el caso del New York Times, el millonario mexicano Carlos Slim, en el del Washington Post, el dueño de Amazon, Jeff Bezos y, en todos ellos, en fin, grupos financieros o magnates que poco o nada tienen que ver con la pura y prístina búsqueda de la verdad o la defensa del interés público.

Director y cofundador de Breibart

En la práctica, por tanto, responden a unos intereses que, muy comprensiblemente, coinciden con los de las grandes multinacionales y los grupos financieros internacionales y, por aquello de las puertas giratorias y los omnipotentes grupos de presión, casi toda la clase política, amén de Hollywood y las universidades. O, por decirlo en una sola palabra, el ‘establishment’, la oligarquía, que es precisamente a la que Trump ha denunciado, desenmascarado y puesto en su punto de mira. Todo lo que sucede es, pues, perfectamente esperable.

El segundo problema es que Steve Bannon ha sido hasta ahora director y cofundador de Breitbart, que le está comiendo la tostada a los grandes medios en Internet. Es decir, un rival comercial puro y duro.

¿Quién es Steve Bannon?

Y, en tercer lugar, el propio Bannon. Si hubiera que fabricar desde cero un perfil de alguien a quien la progresía gobernante odiará hasta la extenuación, sería el de Bannon, un tipo de clase obrera hecho a sí mismo, que sirvió en la Armada, escaló a fuerza de esfuerzo e inteligencia en Goldman Sachs y fundó su propio negocio. Y, para colmo de males, no pide perdón por ser americano, blanco, varón, heterosexual y de derechas.

Para fusilarle o al menos, como diría Ana Rosa, para darle una paliza.

Veamos: Bannon es un supremacista blanco, antisemita y enemigo de los gays, como pueden dar fe su periodista estrella, el judío homosexual Milo Yiannopoulos o el responsable de Breitbart Londres, el británico de origen pakistaní Raheem Kassam.

Por no ser, Bannon ni siquiera es ‘líder’ de esa cosa excitante pero difícilmente definible que es la Alt-Right, un verdadero ‘test de Rorschach político en el que cada cual ve lo que quiere.

Ideología y educación

Ideológicamente, Bannon hubiera sido descrito hace solo unos pocos años como un conservador típico, del montón, con las ideas corrientes en el conservadurismo de toda la vida, muy lejos de sus extremos en cuestiones sociales. Pero la diferencia –lo que de verdad irrita a sus adversarios hasta el aullido- no es tanto de ideología como de estilo: no tiene pelos en la lengua; expresa sus ideas con la absoluta convicción y falta de complejos que estamos acostumbrados a ver solo en la izquierda, sin ese prurito por hacerse perdonar la vida que nos hemos acostumbrado a ver en los comentaristas de derechas.

Bannon aporta al debate un lenguaje con toda la rudeza directa de la clase obrera y una aversión, ‘robada’ a la izquierda, a disculparse. Después de décadas de retroceso de la derecha, de una actitud puramente defensiva y seguidista, el efecto es sorprendente, incluso doloroso. Para la izquierda, encontrar a un conservador al que si se le acusa de ‘fascista‘ (o machista, homófobo, racista… Pongan ustedes su tapabocas preferido) no dedica los siguientes textos a responder a la acusación haciendo juramentos de lealtad al progreso es desconcertante.

En sentido estricto, la Alt Right no es eso en absoluto. Pero las palabras no tienen otro dueño que los hablantes, y en un sentido amplio ha venido a agrupar a esa derecha que se comporta en el debate público como si fuera de izquierdas, es decir, sin retroceder un paso ni asustarse de su propia sombra. Son la derecha, en fin, con moral de victoria y sin complejos.

Para colmo, Bannon ha recogido el guante y desafiado una y otra vez a los poderosísimos grupos mediáticos, declarando recientemente: “Los medios deberían sentirse avergonzados y humillados y mantener la boca cerrada y limitarse a escuchar por una vez… Quiero que me citen… Aquí los medios son el partido de la oposición. No entienden a este país. Siguen sin entender por qué Donald Trump es el presidente de Estados Unidos… La élite mediática lo entendió todo mal, se equivocó al ciento por ciento… Los medios convencionales no han despedido a nadie de los que han cubierto nuestra campaña… Esa es la razón por la que habéis perdido el poder, por la que habéis sido humillados”.

¿Entienden de qué tipo de persona hablamos? ¿Imaginan cómo debe estar disfrutando con los histéricos aullidos que ha provocado su entrada en el Consejo de Seguridad Nacional, por qué no le van a perdonar nunca?

Por acabar volviendo al primer párrafo -mi primera noticia deliberadamente ‘fake’-, todo el edificio del antitrumpismo descansa en la personalidad autoritaria, hitleriana, del propio presidente, con lo que resulta más que ligeramente ridículo imaginar al expeditivo magnate como marioneta de nadie.

La Era Trump.

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Comentarios
8 comentarios en “Steve Bannon, el que susurra al oído de Trump
  1. Esa oligarquía mañana por interés cambia y deja a los periodistas con el culo al aire, ya se ha visto aquí Con Pablo Iglesias, y con Sánchez. A parte de todo yo no sé por qué los periodistas izquierdistas y en general toda la izquierda odian tanto a la gente que se esfuerza, en lo que sea aunque a tí no te guste. Porque no creo que Jeff Bezos dueño de Amazon haya hecho su fortuna fumando porros y bebiendo cervezas. El esfuerzo es necesario para todo aunque uno sea inteligente y bien dotado. Y no digamos para ir al cielo, Jesucristo nos salvó, pero nosotros tenemos que esforzarnos, aunque digan algunos que las puertas están abiertas de par en par.

  2. Milo Yiannopoulos no es judío. Es católico y se declara como tal, aunque se reconoce gay. También es inglés, aunque de descendencia griega, cosa que se puede deducir de su apellido.

  3. Qúe raro un católico que está a favor de los asesinatos en el vientre materno, en que la LGTB haga lo que quiera en la Casa Blanca… Bueno Milo… no comulgará,no?

  4. Muchas gracias por este artículo, con tanto bombardeo desinformativo contra el presidene Trump es un alivio leer información de verdad como la aquí expuesta. Mucha suerte a Steve Bannon, viniendo de Breitbart es una garantía de que dará guerra sin cuartel al globalismo.

  5. Breitbart no es ultraderechista ni supremacista blanca, ni otras lindezas con que la definen muchos medios. Es un tanto sensacionalista, eso sí, y las noticias aparecen desordenadas y muy seguidas.

    Los medios dominantes no admiten informaciones alternativas, como las de este medio, o RT (televisión pública rusa). Han sido muchos años imponiéndonos una ideología con la que además, muchos católicos no estamos de acuerdo.

    Efectivamente, ¿para cuándo Breitbart en español?.

  6. Casi me caí al suelo al leer el primer párrafo de su artículo: no es posible, Infocatólica no puede haber cambiado así su manera de ver; la vacuna contra la desinformación masiva ya no tiene eficacidad. ¡Qué horror! Por favor, a pensar en mis pobres nervios, ¡ja, ja, ja!

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