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La verdadera historia de los Reyes Magos

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Conoce con InfoVaticana la historia de los Reyes Magos de Oriente. ¿Realmente existieron? ¿Qué llevaron al hijo de Dios? ¿Venían de Andalucía como se ha llegado a rumorear? Descubre todos los secretos de la Iglesia y del Vaticano con nosotros.

Desde mucho antes del nacimiento de Cristo, varias generaciones de sabios escrutaron el horizonte para verificar la profecía: una estrella anunciaría el nacimiento de un rey. Vinieron unos magos de oriente, siguiendo el camino de una estrella, y adoraron al Niño Dios.

Esta es una de las tradiciones más sólidas, antiguas y arraigadas del imaginario cristiano. Todo el mundo sabe que la fuente evangélica de esta tradición es el texto de Mateo (2, 1-2). Todo el mundo sabe que Mateo habla de “magos”, sin precisar número ni otra condición.

¿Por qué se les decía Reyes Magos?

Todo el mundo sabe que la palabra “magos”, en el contexto evangélico, designa específicamente a la casta sacerdotal meda o persa, una de cuyas fuentes de conocimiento era la observación astronómica y cuyos miembros, por otro lado, solían salir de los linajes aristocráticos (de ahí que no sea incongruente llamarlos “reyes”).

Todo el mundo sabe, en fin, que la tradición que sigue viva en la Iglesia católica no bebe tanto en el escueto texto evangélico como en otras fuentes apócrifas (el Pseudo Tomás del siglo II, por ejemplo). Y sobre estas cosas que todo el mundo sabe, la tradición (tanto popular como erudita), las revelaciones místicas y el estudio historiográfico han permitido construir hipótesis de gran riqueza e interés.

Aquí resumiremos una de ellas basada en tres fuentes. Una, legendaria, es El libro de los reyes magos de Juan de Hildesheim, hacia 1370. Otra, mística, son las Visiones de Anna Katherina Emmerich, finales del siglo XVIII. La tercera, académica, es el imprescindible tratado de Franco Cardini Los Reyes Magos, publicado en el año 2000.

Sabios que escrutan el horizonte

Desde mucho antes del nacimiento de Cristo, varias generaciones de sabios escrutaron el horizonte para verificar la profecía: una estrella anunciaría el nacimiento de un rey. Tales observaciones se efectuaban desde una alta montaña que la tradición conoce como Vaus o Victoriales, en el confín occidental de la India. Probablemente se trata del monte Zard Küh, 4.548 m, en Irán, la cumbre más alta de los Montes Zagros.

¿Cuáles eran sus nombres?

Hay innumerables estudios sobre qué tipo de astro pudo haber sido el que diera el aviso: casi todos los investigadores coinciden en que no fue tanto un astro como una conjunción o, más precisamente, una serie inusual de conjunciones y fenómenos.

El hecho es que en esta cumbre habrían confluido tres reyes, o tres magos, o tres magos de estirpe real. Uno, Teokeno, luego llamado Melchor, vivía en Media, la tierra de los medos, a orillas del Caspio, quizás al sur del actual Turkmenistán. El segundo, Mensor, luego llamado Gaspar, de estirpe caldea, gobernaba las islas del Éufrates, tal vez en la actual frontera entre Irán e Irak.

No es cierto que vinieran de Andalucía

El tercero, Sair, luego llamado Baltasar, venía aún más del sur, quizá de lo que hoy es Kuwait, al sur del lago de Basora. A Melchor se le supone un origen indio; a Gaspar, persa; a Baltasar, árabe. Hay que decir que esos nombres no son los únicos que se ha atribuido a los magos en la literatura del cristianismo temprano: en griego se llamaron Apelikón, Amerín y Damascón, y en hebreo Magalath, Serakín y Galgalath.

Los magos vieron la Estrella –fuera lo que fuere- y se pusieron en camino. Gaspar y Baltasar estaban juntos en el momento de divisar la luz, así que emprendieron juntos la ruta. Hay que imaginar el largo y vistoso séquito de sirvientes y escoltas, la caravana de mulas y dromedarios.

¿Cuál es la verdadera historia?

Una antigua ruta caravanera bordea el desierto de Arabia y Siria, al sur del Éufrates, para descender a lo que hoy es Jordania. Este es el camino que toman Gaspar y Baltasar. En cuanto a Melchor, que viaja en solitario y desde el norte, cruza Babilonia para alcanzar a sus compañeros.

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Por otro camino –la ruta caravanera del norte, la que bajaba desde el curso alto del Éufrates hasta Damasco- hubiera podido llegar antes a Belén, pero Melchor prefiere viajar junto a Gaspar y Baltasar. De manera que cruza el Tigris y el Éufrates hacia el sur: Sippar, Babilonia, Borsippa, el viejo imperio de Nabucodonosor, ahora en manos de los partos, y se reúne con sus amigos en una ciudad enigmática, en ruinas, una urbe fantasma de la que ya entonces sólo quedaban largas filas de columnas y anchas puertas almenadas, con algunas estatuas de airosa compostura. ¿Cuál era esa ciudad? Es un misterio. Por la descripción, debió de tratarse de alguna vieja capital edificada en tiempos de Alejandro. Nada, en todo caso, quedaba entonces de ella; menos queda hoy.

Los tres reyes comparten camino durante meses hasta llegar a Judea. Entran en Judea, por el sur, por la tierra de los moabitas, que hoy es una dura meseta caliza y entonces era el reino de los nabateos. Un poco más al sur habrían llegado a la fascinante Petra, esa lujosa ciudad monumental excavada en la piedra del desierto.

Pero los Reyes tuercen a la derecha, hacia el norte. Atraviesan un arroyo que desemboca en el Mar Muerto –tal vez el curso alto del río Arnón, hoy el Guadalmauyib jordano- y se detienen en Metán. Una de las principales rutas caravaneras de oriente terminaba en Dibón, en la orilla este del Mar Muerto, cerca del río Arnón. Hoy allí no hay absolutamente nada. Estamos en una gran hoya, casi 400 metros por debajo del nivel del mar. Pero se cree que por aquí pasaron los Reyes repartiendo dádivas entre los paisanos.

La llegada a Jerusalén

Ahora se trata de bordear el Mar Muerto hasta Jerusalén. Los Reyes enfilan hacia el norte y pasan el río Jordán. Hoy aquí hay un puente que llevó el nombre del general Allenby y después se rebautizó con el del rey Hussein. Entonces no había puente, así que los reyes cruzaron en almadías, con todo su multitudinario séquito y sus camellos. Como era sábado, día santo de los judíos, tuvieron que arreglárselas solos: nadie les ayudó. Pasan el Jordán, dejan Jericó a la derecha y, a la izquierda, Qum Ram, donde muchos siglos después aparecerán los manuscritos esenios.

¿Llegaron desde Oriente?

Los Reyes no van directamente a Belén, sino que antes se detienen en Jerusalén. Allí se entrevistan con Herodes, un rey puesto por los romanos para controlar el territorio. Pero Herodes (no confundir con su hijo Herodes Antipas, que es el de la Pasión) dice no saber nada. Para colmo, la estrella que había guiado a los Reyes deja de verse. Desolados, los Reyes Magos entienden que nada tienen que hacer allí y acuden a Belén, algo más de cinco kilómetros al sur por el viejo camino de Hebrón. Pasan por el villorrio de Bayt Jala. ¿Por qué? Es un misterio. El caso es que llegan a Belén. Buscan la gruta en la que ha nacido Dios, como su estrella les dijo. Y lo encuentran.

¿Fue así? No lo sabemos. Pero pudo ser. Si esta fue la ruta, los Reyes pudieron cubrir unos 2.000 kilómetros, desde los Montes Zagros, Mesopotamia y el Golfo Pérsico, hasta Jerusalén y Belén. Un largo camino. Cierto que lo que hallaron en la meta merecía la pena.

Por: José Javier Esparza/La Gaceta

3 comentarios en “La verdadera historia de los Reyes Magos
  1. La búsqueda, el hacer el camino, seguir la profecía, buscar al Pastor, ese el el ejemplo, la actitud ejemplar, a copiar, a levar a cabo. Quiénes lo hacen, los que quieren conocer y adorar al Dios de la Creación. Lleva tiempo, no se desaniman, se dejan llevar por la Fe. Buscan la Luz y la encuentran. Y siendo hombres importantes y poderosos en la tierra se postran ante el Niño, reconocen que llegó la hora. No son de la Antigua Alianza, son gentiles. Son sabios, buscan la luz y la encuentran. Cuando encuentran la Luz se alegran. Son dóciles, reciben el mensaje de no poner en riesgo al Niño y lo cumplen. Son pecadores, seguramente. Cuántos de nosotros seremos capaces de caminar 2000 kilómetros o 1 kilómetro para encontar al Niño, y hoy dónde está……….

  2. Entre las comunidades cristianas orientales, en particular en Irán, la Persia antigua (en aquella época del nacimiento del Cristo, tenía una superficie mucho más importante), dicen que los Magos vienen de Persia (historia ya muy desarrollada entre los cristianos del Oriente desde el siglo IV; en Europa Siglo X, con un poco más tarde, el mago hecho negro en las pinturas de la tradición latina para tener en cuenta la evangelización en las tierras de África) y que eran 12 (quizás en referencia con los apóstoles) mientras que el Occidente hablamos de 3, número no mencionado en el Evangelio en cuanto a los magos, ¿ sino a causa de los tres tipos de regalos? Cuando el apóstol Tomás se trasladó a Persia, encontró gente muy abierta al Cristo Rey ya que había recibido el testimonio de los Magos cuando habían regresado La primera iglesia local de Persia ya se encontrabada formada acerca de los años 70. Tomás había seguido su camino (con la ruta de la seda) hacia China. Desgraciadamente los conquistadores del Islam al instalarse en particular al instalarse en particular en el futuro Irán, hicieron tantos genocidios por las tierras de las iglesias de Oriente (250 obispos en aquella época, y el mismo número de fieles que en el Occidente) que en el Irán de hay sólo han supervivido hasta hoy algunas comunidades de tradición muy antigua (de casi 20 siglos) pero minúsculas y aisladas.

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