Estimado señor arzobispo de [].
Como sabe, esta tarde he llamado a su secretaría personal para tratar con usted un tema urgente. Desconozco lo que le ha trasladado su secretaria, pero yo le he dicho, más o menos, lo siguiente:
«Buenas tardes, necesito hablar con carácter de urgencia con el arzobispo, por un asunto que requiere de su atención urgente.»
Su secretaria me ha pedido más información, ya sabe cómo van estas cosas, pero he aprendido que sólo hay que tratar estos asuntos directamente con la persona que tiene capacidad de solucionarlos, y no con intermediarios que solo provocan dilaciones y filtraciones, así que le he ampliado información con palabras muy parecidas a estas:
«Dígale que se trata de un asunto de extrema gravedad relativo a homosexualidad en su clero, pero que insisto que requiere de su atención urgente».
Su Excelencia, creo que el resto lo conoce: Al cabo de un rato he recibido una llamada de su eficientísima secretaria en la que me pide que le envíe una carta. Le he preguntado a su secretaria si le había trasladado la urgencia del asunto, y mis palabras «homosexualidad en su clero», habida cuenta que se trata de un tema gravísimo que, de no ser gestionado con la debida diligencia, puede suponer su renuncia por la vía del 401.2 (Pregúntele sino al bueno de Don Manuel).
En cualquier caso, le tomo la palabra, le escribiré una carta, pero con un matiz:
La carta la leerá usted en este portal.
Un cordial saludo.
Gabriel Ariza Rossy
P.S.: Estoy seguro de que sabrá encontrar mi teléfono.