James Conley, obispo de Lincoln: ‘Durante décadas he rezado ante las clínicas abortistas’

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El actual obispo de Lincoln habla de la importancia de defender la vida humana y pide a los cristianos que recen por quienes trabajan en la industria del aborto.

En un artículo en el portal First Things titulado «Rezad por los que os persiguen», el obispo de Lincoln, James Conley, analiza el drama del aborto y la actividad de organizaciones como Planned Parenthood:

Como la mayoría, he quedado horrorizado por las publicaciones sobre Planned Parenthood reveladas por el Centro para el Progreso Médico. Grabada en un vídeo, una directiva de Planned Parenthood discute insensiblemente la transacción con pequeños corazones, pulmones e hígados. Ella discute dónde y cómo «aplastar» cuerpos con fórceps con el fin de dejar intactos los órganos negociables, y se evalúa el valor monetario de esos órganos. Ella explica los mejores métodos para decapitar a un pequeño ser humano. El vídeo es repugnante; la transcripción es aún peor.

No soy abogado. No puedo juzgar si Planned Parenthood violó las leyes contra el tráfico de órganos, la negligencia médica, o el aborto por nacimiento parcial. En cierto modo, estas preguntas son absurdas: Cuando existen leyes para regular la matanza de seres humanos diminutos y la venta de sus restos, los problemas de cumplimiento parecen una farsa. Y, sin embargo, estas cuestiones legales son importantes. Podrían conducir a serias limitaciones del aborto y su financiación. Me alegro de que estas cuestiones sean investigadas a fondo por las autoridades competentes. Yo rezo para que sean investigadas de manera justa.

Estoy al tanto del debate en curso respecto a la moralidad de las «operaciones encubiertas» de los pro-vida. La gente de buena voluntad está haciendo preguntas razonables acerca de los límites de decir la verdad, el engaño, y la investigación. Está bien. Esta conversación debe continuar. Pero no debe distraer nuestra atención de las atrocidades que se han revelado.

Durante décadas, he rezado ante las clínicas abortistas. Durante los días de la Operación Rescate, fui a la cárcel con hermanos sacerdotes y fieles, hombres y mujeres. He visto a hombres y mujeres de rodillas -con nieve, lluvia, y calor abrasador-, rezando por los niños no nacidos que sufren la agonía y la muerte. He orado por sus madres, por sus padres, por sus abuelos. En las mejores circunstancias, he visto mujeres que daban la espalda al aborto -eligiendo la vida y eligiendo la libertad. 

Por supuesto, he rezado por los que realizan abortos, o los facilitan. He orado por sus conversiones.Y he celebrado cuando los hombres y las mujeres, como el Dr. Bernard Nathanson y Abby Johnson se han alejado de la práctica de la barbarie.

Pero hasta esta semana, nunca he entendido realmente el grado en que las personas de la industria del aborto han sido esclavizadas y corrompidas por la cultura de la muerte. En el debate sobre el cumplimiento legal de Planned Parenthood, y en la discusión acerca de los métodos de Centro para el Progreso Médico, las personas que realizan abortos no deben ser olvidadas.

Cualquier persona que pueda hablar despreocupadamente de cómo ha rasgado en pedazos a los niños mientras almuerza con un buen Cabernet es una víctima del padre de la mentira. Cualquiera que piense que repartir los cuerpos asesinados es «un buen extra» es cautivo de la dictadura del relativismo. Este vídeo me recuerda que cualquier persona que trafica con el aborto pierde una chispa vital y hermosa de la humanidad. 

Maximiliano Kolbe fue un sacerdote polaco preso en Auschwitz en 1941. Pasó cuatro meses allí antes de morir mártir. Durante esos cuatro meses, el padre Kolbe fue golpeado con regularidad. Sus compañeros de celda fueron golpeados también. Oró por sus captores. Recordó a sus compañeros de celda que el mismo mal que destruye los cuerpos de los prisioneros estaba destruyendo las almas de sus captores. Muchos de los guardias eran jóvenes. Muchos de ellos eran reclutas. Muchos de ellos eligieron actos profundamente malvados, con plena culpabilidad moral. Sin embargo, cada uno de los que torturaba al Padre Kolbe era un ser humano, un alma inmortal, que había sido seducida, atrapada, o poseída por las mentiras del Maligno.

El Padre Kolbe oró por sus verdugos. No eran sus enemigos. La salvación de ellos era el premio que esperaba ganar con el testimonio de amor santo y santo martirio.

Planned Parenthood comete malas acciones. Y en la comisión de actos malos, los hombres y las mujeres que trabajan para Planned Parenthood se endurecen contra la dignidad humana. Pierden su sentido ético. Ellos calculan el beneficio económico de la depravación. Sin embargo, estos hombres y mujeres se hicieron para la vida eterna, y para la unidad con Jesucristo. Detrás de cada depravación hay un alma, en peligro de perderse para siempre.

Una persona que cree que el mal es bueno no tendrá una conversión moral cuando le digan que ha infringido la ley. Una organización comprometida con la matanza no cierra sus puertas debido a un problema de relaciones públicas. Sin embargo, estos descubrimientos podrían ser el catalizador de nuestras oraciones. Sólo la gracia es capaz de liberar los corazones que han sido atrapados por el mal.

Francisco nos recuerda que hay que renunciar a las noventa y nueve, en la búsqueda de una sola oveja perdida. Nuestro Señor nos manda a orar por los que nos persiguen. El vídeo de esta semana pone un rostro humano al poder de la cultura de la muerte. Oremos por aquellos que promueven y apoyan la industria del aborto. Oremos para que puedan experimentar la conversión. Oremos para que puedan conocer la misericordia y la libertad. Oremos para que a través de Jesucristo, que vino al mundo como un niño no nacido, cada abortista pueda redescubrir la dignidad, la alegría y la belleza de la humanidad.

James Conley, obispo de la diócesis católica de Lincoln, Nebraska.

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