La batalla de la Madre Teresa que ‘tumbó’ a todo un reportero de guerra

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Vicente Talón, reportero en la India en guerra de 1970, quiso pasar un día con unas entonces poco conocidas monjas que ayudaban a los pobres. No estaba preparado para lo que iba a ver…

Rosa Cuervas-Mons / Gaceta.es

A su espalda tenía entonces varias guerras, la visión de muchos cadáveres y mucha sangre y las experiencias de una vida de treinta y tantos años. Vicente Talón, periodista y reportero de guerra, estaba en Calcuta en 1971. Su cometido, cubrir la llamada guerra de liberación de Bangladés, o guerra indo-pakistaní.

Un problema con su pasaporte le dificultaba llegar hasta su objetivo así que pidió ayuda al obispo auxiliar de Calcuta que, casualidades de la vida, resultó ser valenciano, como él. El obispó le ayudó a conseguir llegar a Bangladés y Vicente Talón, como agradecimiento, le preguntó si podía hacer algo por él, enviar un recado a su familia de vuelta a España, lo que fuera.

“Un reportaje a una monjita que hay por aquí”, le pidió el obispo. Una “monjita”, la madre Teresa de Calcuta, que destacaba por su trabajo para los más necesitados. “Necesita dinero”, le dijo el obispo sabiendo que Talón escribía para uno de los periódicos más leídos entonces en España, el diario Pueblo. Y Talón cumplió con el favor.

Contactó con las monjitas con la intención de pasar un día con ellas. Comenzaba a las cinco de la mañana.

Primero, la oración en casa de las hermanas. “Tan austeras que usaban como jarrones para las flores de la capilla viejas latas de comida”. Después, el trabajo. Recorrió las orillas del Ganges, donde las Misioneras de la Caridad hacían guardia todas las mañanas para  recoger “unos bultos, como unas bolsas” abandonadas en la orilla. Eran niños – “niñas, casi todas”- abandonados por sus madres que, justo después de dejarlos, se habían bañado en las aguas del río para purificarse.

Después, los soportales. “Una zona cubierta donde la gente se metía a dormir, para huir de la humedad. Todas las mañanas pasaba un camión con agua que obligaba a levantarse a quienes habían pasado allí la noche”. Pero siempre había varios que no se movían. Habían muerto o estaban tan enfermos que no podían levantarse. Eran los de la Madre Teresa. Las hermanas los recogían y los llevaban al hogar para moribundos construido en un antiguo templo hindú. Allí, en el Nirmal Hriday, la madre Teresa, la pequeñísima madre Teresa – “si se agachaba a acariciar a alguien desaparecía”, recuerda Talón- atendía con cariño a los más pobres entre los pobres.

Y allí Vicente Talón se rindió. “Literalmente, tiré la toalla. No podía seguir viendo aquello”. Eran las 8 de la mañana. Aquel hombre, reportero de guerra, curtido en varias aventuras periodísticas, sólo pudo pasar tres horas con las monjas del sari blanquiazul.

“Y ella, la Madre Teresa, cuidaba a esas personas como si fuera la cosa más natural del mundo. Tan pequeñita, era increíble la fuerza y el coraje que mostraba”.

“Si no eres santo haciendo eso, yo no sé con qué se puede ser santo”, recuerda hoy Vicente Talón, que cumplió con el favor de aquel obispo y publicó una página entera contando a España quién era esa monjita que estaba en Calcuta.  “Entonces no le di importancia, incluso tiré varias de las fotos que me hice con ella”. Así era la madre Teresa.

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Comentarios
1 comentarios en “La batalla de la Madre Teresa que ‘tumbó’ a todo un reportero de guerra
  1. Santa Madre Teresa, ruega por nosotros que en medio de un mundo de tantos bienes materiales, somos más pobres y miserables que nunca, pues nos hemos olvidado de nuestro Jesús. Madre Teresa mira a estas almas moribundas que apenas ya si vivimos y que andamos llenando las calles de todas las ciudades de casi el mundo entero, por favor te rogamos, ayúdanos a encontrar a Cristo, a quien amas con todo el corazón, y sea Él el tesoro y dueño de nuestro corazón.

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